Valeria Morales señorita Colombia 2018

Mujeres

Valeria, la reina que no duró nada

Por: Melissa Cartagena

Esta hermosa caleña, que fue Señorita Colombia solo 43 días y levantó ampolla con sus declaraciones sobre las mujeres trans, le confiesa al experto en moda Juan Carlos Giraldo que la experiencia de ser reina de belleza fue amarga. Posar en el esplendor de su sex appeal para SoHo es su grito de rebeldía.

9/5/2019
Miss Colombia 2018, Valeria Morales Delgado

Valeria Morales tiene 21 años y desde los 14 vive en Miami, donde estudia Mass Media en Broward College y ejerce una notoria carrera como modelo. En 2018 fue invitada por la organización de Señorita Valle a que representara a su departamento en Rumbo a Miss Universo, un concurso exprés que elegiría en Medellín a la candidata colombiana al certamen más importante de su género en el planeta. Fue algo jamás visto en los 85 años del Concurso Nacional de Belleza y que obedeció a la pésima situación por la que atraviesan las fiestas novembrinas de La Heroica y a sus quebrantadas relaciones con el Canal RCN, propietario de la franquicia del torneo internacional.

Como todo lo que se hace a la carrera, aquello fue un desastre en términos de organización y rating. Así mismo, la imagen de un evento tan querido por el país por años, se vio lesionada, pues casi nadie se percató de esta inusual edición del concurso. Peor aún, ante tanta prisa, Valeria no se preparó con la antelación que le ha valido los primeros lugares a sus antecesoras, ni figuró entre las semifinalistas. En otro escenario, este mujerón habría avasallado en Tailandia.

Seis meses después y con cabeza fría, la modelo analiza lo escasamente positiva que fue esta experiencia. Asegura que la ilusión que le causaba ser reina desde niña terminó muy temprano, cuando supo que a partir del triunfo su vida sería manejada las 24 horas por la chaperona y un equipo que también decidiría sobre sus opiniones. Le sorprendió enterarse de que este grupo había trazado un plan que nada tenía que ver con su deseo de trabajar por Colombia desde su rol de reina.

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Valeria posó para estas fotografías que revelan el explosivo poder seductor de su belleza. Es, asegura, su grito de libertad, porque no le ve misterio a la desnudez y le encantaría conocer la reacción de quienes le hicieron la vida imposible y quisieron cortarle las alas. Eso sí, le queda un lugar en la historia como la titular del reinado más efímero de la menguada monarquía nacional.

¿No le pareció desventajoso competir en un concurso exprés?

–¡Bastante! Por eso mi primera respuesta cuando me invitaron a participar en Señorita Valle fue: “¡No!”. Me daba miedo porque no iba a ser en Cartagena, no me sentía lo suficientemente preparada y sabía el riesgo que esto conllevaba. Pero también pensé que las oportunidades solo se presentan una vez, y acepté.

Ahora que los reinados de belleza están desprestigiados, ¿por qué suspender sus estudios y su carrera en Estados Unidos para participar?

–Fue muy difícil tomar la decisión. Estaba de vacaciones en Colombia, mi mamá no tenía idea de que me estaban ofreciendo ser reina y mi mayor susto radicaba en que para ella los estudios son siempre la prioridad.

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Entonces, ¿por qué aceptó?

–Pensé que sería positivo tanto para mi oficio de modelo, como el de comunicadora. Por ese lado me le mentí a mi mamá para conseguir su apoyo.

¿Le sirvió ser candidata?

–Algo. La gente me conoció más por el reinado, pude tener contacto con directores de empresas y marcas, hacer un poco de labor social, conocer más de Colombia y, sobre todo, foguearme con la prensa, lo cual resultó favorable para mi faceta de periodista.

El reinado tiene normas obsoletas para las aspirantes, como no haber posado en ropa interior. ¿Eso no la hizo dudar?

–Desde niña quería ser reina y por eso nunca quise tomarme fotos en ropa interior. Pero, claro, considero que esa y muchas otras reglas del concurso están atrasadas y de ahí que haya dejado de ser el superevento que era, que su rating sea tan bajito y que muy pocas mujeres quieran participar. Y otra cosa: la vulgaridad de alguien en ropa interior está en la mente de quien la mira.

Echando una mirada a la estructura del Concurso Nacional de Belleza, a su presidente, Raimundo Angulo, y a su junta directiva, ¿le parece que el reinado necesita nuevos aires y un relevo generacional que se ajusten al mundo de hoy?

–Totalmente. Por eso el reinado no fue una buena experiencia para mí. Sería importante que la organización hablara el lenguaje de las mujeres de hoy, entendiera lo que queremos hacer, cómo pensamos, que somos inquietas y podemos trabajar por la sociedad pero de una forma efectiva y contemporánea. Una reina no puede ser solo una mujer que debe sentarse bien, saludar, sonreír y no dejarse abrazar de nadie.

Y eso que usted solo fue Señorita Colombia por 43 días. ¿Habría aguantado un año entero?

–No, no y no. Ni yo, ni mi familia, ni las personas que están a mi lado.

¿Por qué?

–Me sentí irrespetada, presionada y asfixiada. Siempre tuve una persona al lado (la chaperona) que no me dejaba hablar e impedía que me expresara libremente, que desconocía mi opinión, mi pensamiento, mis posiciones. La libertad de expresión para ella no existe. Yo llegaba a mi casa y quería gritar.

¿Pensó que ser Señorita Colombia era eso?

–Siempre creí que como reina podría aportar, pero la reina solo obedece y ejecuta lo que la organización le tiene previsto.

¿Fue una mala experiencia?

–En general, lo fue. Por ejemplo, el de la ropa fue un aspecto difícil. Yo me quería vestir como la mujer que soy. Estoy en el mundo del modelaje y algo sé de moda. Pero no podía. Tenía que apegarme a la estética de reina establecida, sin opinar. Ni siquiera tuve una vestuarista.

Entonces, ¿cómo hizo para armar el vestuario y representar al país en Tailandia de forma decorosa?

–Debía tener un traje de coronación, uno artesanal y veinte atuendos para diferentes actividades, pero no me especificaron cuántos de calle, cuántos de coctel, nada. Esa información la recibí sobre el tiempo, con la pregunta: “¿Qué diseñadores quiere que la vistan?”. Hice mi lista y la respuesta fue: “Contáctelos y pídales prestado”. Menos mal, tengo amigos modistos y pude recurrir a ellos.

Pero ¿para el vestido de gala había presupuesto?

–Ese lo negociaba directamente Raimundo Angulo y se supone que para ese sí había presupuesto, pero me advirtieron que era muy bajito. De manera que como me quería vestir de Alfredo Barraza, me tocó conseguirme la tela con la importadora Telka, quienes me la regalaron por la amistad que tengo con ellos.

¿Habló de todo esto con Raimundo Angulo o la chaperona?

–Lo intenté y no lo logré. Con él era muy difícil charlar porque generalmente está ocupado, viajando y lo que le llega a sus oídos es a través de terceros; por un teléfono roto, como se dice.

¿Este tipo de situaciones la hicieron ir a Miss Universo desanimada?

–Solo puedo decir que en el aeropuerto, antes de irme, lloré mis ojos. Le pedí a Dios mucha fuerza y a mi mamá que no me dejara subir a ese avión.

Ya en Miss Universo, ¿cómo fue la experiencia?

–Allá tampoco la pasé bien. Lo único que me hizo feliz fue la convivencia con las compañeras y que pude hacer amigas. Además, me cambió el concepto de la chaperona: allá sí me trataron con respeto y cariño, como a una reina.

Sus opiniones sobre Ángela Ponce, la trans que representó a España en Miss Universo, causaron una gran polémica. Hoy, una de las mujeres más famosas en Colombia es Mara Cifuentes. Después de ver todo eso, ¿se sostiene en sus palabras?

–Completamente. En estos concursos solo deben participar quienes hayan venido al mundo siendo mujeres. Pero le devuelvo la pregunta: ¿A una mujer de nacimiento la dejarían participar en un concurso de belleza trans?

¿Volvería a participar en un concurso de belleza?

–¡Jamás!

***

Está visto que Valeria hace honor a su nombre por la entereza de carácter con que expresa pareceres que seguro no dejarán contentos a muchos. Pero también es dueña de un lado cautivador y travieso, patente en las respuestas, que insinúan de lo que se perdieron los colombianos al no tenerla como su reina por más tiempo.

***

¿Cuál es punto más fuerte de su sex appeal?

–Mi mirada. Expresó mucho con mis ojos.

¿La parte de su cuerpo que más le gusta?

–Mis piernas. ¡Indudablemente!

¿Su parte más sensible?

–El cuello.

¿Cómo es una noche perfecta con su pareja?

–Viendo películas en una noche lluviosa, tomando vino rosado.

¿Ropa interior negra, blanca o roja?

–Negra.

¿Qué es lo primero que le mira a un hombre?

–La boca.

¿Olores o sabores?

–¡Ambas! Pero me voy por los olores primero. Me enloquecen los hombres que usan una buena loción.

¿Le gustan los piropos o le parecen una forma de acoso?

–Si vienen de la persona que me gusta, me encantan. Pero si voy por la calle y me dicen una barbaridad, sí me siento acosada. Eso debería cambiar.

¿Le gustan los hombres arriesgados o prefiere tomar la iniciativa?

–Ambas, pero nada más retador que un hombre arriesgado.

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