Niños insoportables

#MamásYMás

No quiero parir y tener un hijo es una eterna paridera

Por: Johanna Prieto

Que no las feliciten ni les den regalo por el día de las madres es una decisión que toman las que no se creyeron el cuento de las niñas que juegan a las muñecas. Por calidad de vida y porque son “bullosos e insoportables”, la periodista Johanna Prieto explicó por qué no tuvo hijos.

8/5/2022

Por: Johanna Prieto, periodista de SoHo

Cuando me preguntan cuál es la receta para tener un matrimonio feliz y duradero la gente espera que mi respuesta sea romántica, pero en el momento en el que les digo que el secreto es no tener hijos, la expresión en sus rostros cambia; quizás no es el consejo que esperan recibir, pero es el mejor que puedo darles desde mi experiencia.

La verdad me atrevo a darlo porque tengo espejos de varias amigas que me han demostrado que cuando los hijos entran por la puerta, el amor sale corriendo por la ventana. Sin embargo, esa no es la razón principal para no haber querido ser madre, sólo es lo primero que se me viene a la mente cuando me preguntan por el secreto de mi matrimonio de 15 años.

Debo dejar claro que la razón que me llevó a tomar la decisión no fue la idea de tener un matrimonio feliz. La verdad, el hecho de pensar en que la existencia de una persona dependería de mí para toda la vida me hizo salir corriendo a comprar unas pastillas anticonceptivas.

Además, ver esos pequeños cuerpos haciendo pataletas en los centros comerciales y observar a sus madres resignadas, tratando de calmarlos, me hizo percatarme de que yo no nací para eso. Hay que dejar de romantizar la idea de que todas las mujeres vinimos a este mundo a ser madres. Conozco a muchas personas que se atrevieron a tener hijos y lo que hicieron fue lastimar a esa personita y convertirla en un ser nocivo para la sociedad.

Cuando digo que no quiero ser madre muchos me miran de arriba abajo y dicen “sí, la verdad no te imagino de mamá”. Deducen que sería una pésima madre, pero están tan equivocados: en realidad sería la mejor, es por eso además que decidí no traer vida a este podrido mundo.

Y es que, como lo dijo una amiga, tener hijos es una eterna paridera, no es sólo el día del parto, es el resto de tu vida sufriendo por una gripa, por las notas del colegio, por los amores que le rompen el corazón, porque se va de viaje, porque llora, porque existe… Todo eso, de por sí, es un repetitivo y constante parto.

Recuerdo que cuando tenía 17 años soñaba con una familia cliché, con esposo y dos hijos; sin embargo, me enfoqué en terminar mis estudios y me enamoré del hombre con el que he vivido la mitad de mi vida y con el que me siento plena.

Cuando llevábamos 3 años de novios decidimos casarnos, yo tenía 23 y el 28, lo primero que dijeron los familiares chismosos fue “se casa porque está embarazada’'. Ya vieron que no. En nuestra sociedad, esperar un hijo es la razón principal para dar ese paso, como si tenerlos te obligara a amar al otro para siempre y, pues no, no es así.

Dejando a un lado el romanticismo, mi esposo y yo nos fuimos a vivir a Miami, en ese entonces compartimos apartamento con una pareja de cubanos que tenían dos criaturitas de 7 y 9 años. Ellos influyeron aún más para que mi esposo y yo esquiváramos la paternidad. Hablaban como tarados, gritaban de manera desesperante, se la pasaban pegados al televisor o a la computadora, la verdad eran insoportables.

Como dijo una amiga, que tampoco quiso ser mamá: “me encantan los niños, jugar con ellos y demás, pero lo que más me gusta es que haya una persona a la que se los puedo regresar cuando se ponen pesados”. Comparto cada una de sus palabras.

Durante mi estadía en Estados Unidos pasaron varios meses en los que no se tocó el tema de los hijos. Sin embargo, un día me levanté decidida a hablar sobre esto con mi pareja. Simplemente no me entraron ganas de verme embarazada, de desvelarme para el resto de mi vida por otra persona y mucho menos de traer a alguien a vivir en este mundo. Para sorpresa mía, mi pareja sentía lo mismo que yo, así que decidimos que hijos no, aunque por un momento temimos que en el futuro podríamos cambiar de opinión.

Cuando tomamos esa decisión teníamos 28 y 33 años. Recuerdo que mi mamá se puso muy triste por esto y me repetía las frases que muchos en mi posición habrán oído: “¿quién la va a cuidar en la vejez?”, “un hijo es lo más hermoso que le puede pasar a uno” y otras tantas. En cambio, mi papá nunca opinó sobre el tema, jamás pidió un nieto, creo que hasta el día de hoy me sigue viendo como su bebé y no me ve teniendo retoñitos.

Años después, mi esposo decidió hacerse la vasectomía. Cuando mi suegra se enteró, casi le da un patatus. Lo primero que preguntó fue si se podía revertir, luego respiró y dijo: “¿cómo se les ocurre hacer eso? Los hijos son muy importantes, ¿qué están pensando?” Pero la verdad creo que lo que más le disgustó fue que su hijo se hubiera operado y no yo.

Ahora tengo 38 años y no me arrepiento de esta decisión. Cuando me preguntan por qué no tengo hijos, la verdad no sé ni qué responder, ¿por qué tengo que responder eso? Es como si yo le preguntara a los que tienen ¿por qué lo hicieron?, de seguro dirán que es lo más lindo que le puede pasar a una persona, entonces a ellos les digo que no tenerlos también lo es, o por lo menos para mí es así.

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