perlas en el pene

Sexo

En busca del placer: hombres que se ponen perlas en el pene

Por: Karen García

“Si hubiese sabido que esto era así, nunca me hubiera puesto esta mierda”

9/3/2022
Las perlas en el pene de un hombre.

Vamos a llamarle María a la protagonista de esta historia. Ella conoció en Medellín a un hombre de 30 años que se le acercó en una rumba. En medio de la conversación, él le dijo que hacia pocos meses se había sometido a una cirugía muy delicada en el pene. “¿Alguna vez te lo han hecho con perlas?”, le preguntó con picardía.

Era la primera vez que ella escuchaba sobre el tema. De inmediato, su imaginación voló y sintió excitación. Esa noche terminaron en su apartamento. Estaban muy calientes y tenía muchas ansias por ver aquel accesorio, así que le bajó su ropa interior. Justo debajo de la piel, el hombre tenía 4 bolas pequeñas insertadas en fila, ubicadas en la mitad de su pene.

Lo primero que pensó fue: “¿cómo carajos me va a meter eso, si tan solo mido 1.60 y él 1.83?”. Era raro. A pesar de estar lubricada lo suficiente, cuando le subió las piernas, no logró ingresar su pene con perlas. Las perlas se le atascaban porque el hueso pélvico de María interrumpía la entrada completa del miembro.

Como esa pose no les funcionó, ella tomó el mando y se hizo arriba como buena ‘vaquera’. Era su postura favorita y sabía que era la única forma de meterlo, aún así no logró sentir nada diferente. Incluso se ubicó boca abajo y seguía sin lograr algo distinto. Se cuestionaba sobre cómo un hombre se podía someter a tanto solo por darle placer a una mujer.

Las veces siguientes ya sabía que tenía que ubicarse arriba. Descubrió que al rozarlas con el clítoris, de una manera específica, lograba sentir más placer, pero solo le funcionaba en esa posición y debía hacerlo con mucho cuidado porque él se quejaba.

“Si hubiese sabido que esto era así, nunca me hubiera puesto esta mierda”, le decía angustiado. El problema con los implantes era que cualquier roce le causaba dolor. Cada vez que tenía relaciones, debía lavarlo, aplicarle crema y ser muy cuidadoso con este tema, porque un mal movimiento podría causarle un derrame interno y las consecuencias serían amputarle su miembro.

Entonces para él tener sexo con esta técnica era limitante. Sentía inseguridad y no podía ser agresivo, no lograba ser él mismo y temía moverse de muchas formas. Era muy arriesgado hacer lo que hacía antes, por lo que su principal miedo era que las perlas se le desacomodaran.

Origen del curioso implante

Expertos aseguran que el pearling se originó en Japón en una mafia organizada llamada Yakuza, quienes tenían la práctica de realizarse perforaciones en el pene con la intención de generarle más placer a la mujer. Esta curiosa tendencia se extendió hacia Latinoamérica y, de hecho, es muy popular en Norte América, Cuba y Brasil, donde algunos hombres corren este riesgo para asemejar su miembro a los juguetes sexuales que más placer generan.

Para María, los hombres que se someten a esta técnica piensan más en complacer a los demás que a ellos mismos. Así que con implantes o sin, lo que le encantaba del tipo —en cuanto al sexo— era, sobre todo, la previa.

“Uno necesita dedos, lengua, besos, tocar aquí y allá. Un conjunto de cosas, en realidad. No porque tenga implantes voy a decir que es el polvo de mi vida. Más bien, las veces que logró hacerme venir fue por el ‘pre’ tan bacano que hacía”, contó María.

Recomendaciones del procedimiento

SoHo habló con Juan Peña de implantes JP-COLOMBIA y le preguntó sobre el curioso procedimiento; al respecto dijo que “la cirugía puede ser ambulatoria y, de hecho, es lo más conveniente, ya que después del implante se debe guardar quietud. En cuanto al material de la perla, usualmente son de silicona, silicón, goma, teflón y acrílico para implantes subdérmicos, eso ya depende de la persona, porque todos funcionan”.

Además, agregó que existen varios riesgos, sin embargo, son circunstanciales. “Lo primordial que debería tener en cuenta el paciente es que verifique que el implantador tenga la suficiente experiencia y que lo investigue muy bien antes de, y cuando se sienta 100 % seguro, debe sí o sí, seguir al pie de la letra los cuidados posimplante”, dijo Peña.

También le preguntamos si había tenido casos de “arrepentimientos”, a lo que respondió: “llevó siete años realizando implantes y ninguno se ha retractado, aunque recordando... Si hubo uno que me escribió para hacerse un retiro porque se iba a presentar a la policía y temía que no lo admitieran por tener las perlas”.

Agregó que maneja un lazo de amistad profesional con muchos de sus clientes y que más o menos el 80 % de los que se han realizado este implante han quedado satisfechos.

Luego de someterse a un procedimiento quirúrgico que le costó 3 meses de incapacidad, tres millones de pesos, y un año y medio de espera para lograr la cita con el cirujano, el hombre le aseguró a María que no se iba a volver a someter a otra cirugía, pues hasta ahora se estaba acostumbrando y, por el momento, no había tenido ninguna reacción extraña.

Para concluir, María considera que los hombres no deberían implantarse ningún tipo de elemento en su miembro, aunque no descarta la posibilidad de que en un futuro se le aparezca un nuevo personaje con este tipo de sorpresas.

En cuanto a mí, si llega el día en que me toque esta situación, no lo lograría, sobrepasa lo exótico, no es atractivo, me resulta todo lo contrario a sugestivo.

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