Si el Tour de Francia fuera una novela, la edición de 2017 debería escribirse como una novela negra que empieza con la escena del crimen. Arranca en un pasillo, largo y oscuro, de un castillo de piedra erigido en la bajada del Mont du Chat, decorado con tres paredes de un gris húmedo y otra de fondo amarillo en el fondo. El detective es un cronista que camina allí y, cada 20 metros, encuentra el cuerpo de un ciclista tendido en el piso, llorando, gritando, gimiendo, a causa de las fracturas. (Muchas razones para admirar a Rigoberto Urán)

Uno de los caídos es Valverde, otro es Gesink, luego está Majka, después aparece Porte. Más adelante está el francés Arnaud Demare, llorando en un rincón, porque todos sus compañeros se fueron pedaleando tan rápido que nunca pudo alcanzarlos.

El ciclismo de las grandes vueltas es, de hecho, como una novela. La primera parte se narra en la semana uno y contiene la presentación de los personajes, la descripción del escenario y el contexto de competencia, y suele terminar con el planteamiento del conflicto inicial. El conflicto evoluciona durante la segunda semana y llega al clímax en los últimos viernes y sábado, antes del epílogo que tiene lugar en los Campos Elíseos. (Mario Sabato, el loco del ciclismo)

A veces, del mismo modo que muere algún personaje importante de las novelas, para crear un punto de giro, alguno de los mejores ciclistas queda fuera de opciones y, en el peor de los casos, fuera del Tour a causa de las lesiones.

Froome sigue siendo el protagonista de la historia en 2017, como si las últimas tres versiones contaran su épica saga. Este año, sin embargo, cambia de antagonistas. Aru, ‘El Sardo’ ha jurado atacarlo en los finales en alto. Ya le ganó el primero y quedan dos para lo que resta del Tour. Esperaremos verlo los jueves, en el horario y canal acostumbrados.

Bardet, el francés, es como el asesino desquiciado, el que justifica el fin y no piensa en las consecuencias: ataca en las bajadas mortales, donde los descuidos se pagan con fracturas en los huesos y abandonos de carrera. Así que volverá a la escena viernes, sábado, domingo y el siguiente miércoles, porque el Tour del 17 se trazó pensando en él. (Carolina Franco, una ciclista modelo)

Luego está el testigo silencioso, el que nunca fue entrevistado por el espía, aunque tenía todas las pistas claves para resolver el caso, pues –recuerden– este año es una novela negra. Ese es Rigoberto Urán, el hombre que camina feliz por la calle riendo y chistando, sabiendo o sin saber que lo sabe todo, que tiene los hombres claves para dar un golpe de astucia, aunque debe jugar primero a la política porque su equipo se armó, por lo menos, con cinco hombres que cada año asisten para anotarse en el egoísmo de las fugas y, difícilmente, se convertirán en gregarios de un líder. Pero si Talansky, Rolland, Phiney, Brown y Van Baarle trabajan para él, las montañas verán una escena que nadie ensayó porque su guion jamás se escribió.

Pero las sagas, buenas o malas, tienen también esos antagonistas de siempre, que algunas veces aparecen para dar un golpe, para protagonizar una escena que ayuda a mantener al personaje ahí, esperando que llegue el tomo que cuenta el enfrentamiento final donde se decide la historia para siempre. En ese grupo están Nairo y Contador, que le apostarán a una victoria de etapa o a terminar en una posición decente dentro del grupo de los 10, pues el tomo final no se narrará en 2017. (10 Cosas que usted no sabía del Tour de Francia)

Y del mismo modo que las sagas tienen esos personajes de relleno, que están ahí para hacer el chiste de siempre o cumplir con los clichés de los best-sellers, aparece otra vez Kittel para rellenar los escenarios de transición y ganar una etapa más, esta vez en Bergerac. Y con esta iguala las cuatro que sumó Fernando Gaviria, su compañero de equipo, en el Giro de Italia, de modo que silencia cualquier voz maliciosa que pretenda cuestionar las decisiones de su equipo en el calendario del World Tour.

Mañana vendrá una transición más, de 203 kilómetros, que nos permitirá divagar otra vez o pasar de hablar sobre cómo se escribe la novela del Tour a cómo puede leerse.

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