Durante mucho tiempo, en uno de los periodos más significativos en la historia de la música moderna, la revista Rolling Stone fue la encargada de dictar las tendencias y de recoger en sus páginas el espíritu de la época. Uno podría decir que, durante la década de los setenta e inicios de los ochenta, la publicación partió en dos la cultura musical del planeta. Pero no solamente les dio visibilidad a la música y a la cultura, sino que se convirtió en uno de los motores de eso que dieron en llamar “nuevo periodismo”. Catapultó la carrera de grandes artistas y les dio espacio a firmas de la talla de Hunter Thompson y Tom Wolfe.

Jann Wenner

Jann Wenner, en su juventud, posando junto a las portadas más icónicas de su revista.

Esta portada de enero de 1981 es, sin duda, la más emblemática de la revista. La foto fue tomada por Annie Leibovitz el mismo día en que Lennon fue asesinado.

El hombre detrás de este movimiento se llama Jann Wenner y la historia se remonta a cuando tenía apenas 21 años. Acababa de abandonar la universidad y, cansado de no encontrar un espacio literario digno para la música, le propuso a su amigo y mentor, Ralph Gleason, la creación de una revista que le diera vitalidad a la cultura popular. Gleason, reconocido crítico de jazz y un gurú de la música, en principio dudó de una empresa que le resultó tan ambiciosa como descabellada. Pero al notar la convicción con la que hablaba el joven neoyorquino, decidió apoyarlo. Así, en noviembre de 1967, en San Francisco, nació Rolling Stone, nombre inspirado en la banda de rock homónima y en las canciones Rollin’ Stone, de Muddy Waters, y Like a Rolling Stone, de Bob Dylan.

Wenner dijo sentirse traicionado con el libro
y cortó su vínculo con el autor.

La creación de listados —mejores canciones, álbumes, guitarristas—, al igual que las crónicas periodísticas, le dieron prestigio. Sus portadas se convirtieron en íconos de la cultura global. La marca pasó de la marginalidad a tener más de 20 ediciones internacionales. El año pasado celebró su aniversario número 50 de la mano del propio Wenner, quien gracias a su gran capacidad empresarial fundó Wenner Media, una enorme compañía de medios.

El magnate llevaba varios intentos fallidos de encontrar a alguien que contara su historia y el éxito de su negocio. Finalmente, el biógrafo y periodista Joe Hagan, quien conoció a Wenner en un almuerzo en Nueva York hace unos años, aceptó el pedido del fundador y se le midió a escribir su biografía autorizada. Hagan —quien ha escrito para medios de la talla de The Wall Street Journal y The New Yorker— solo tuvo una solicitud: que Wenner la leyera únicamente cuando estuviera finalizada.

Jann Wenner y Mick Jagger

Wenner junto a su amigo Mick Jagger en la entrega de los Premios MTV de 1994.

Durante cuatro años el periodista realizó más de 240 entrevistas a personajes como Mick Jagger, Yoko Ono, Bob Dylan, Paul McCartney y hasta Jane Schindelheim, la reticente exesposa de Wenner. Además pasó días enteros al lado del editor y tuvo acceso directo a documentos privados. En este punto termina el cuento de hadas del visionario y su emporio.

La investigación resultó ser un arma de doble filo, ya que Hagan, con su habilidad de reportero, descubrió secretos que, sin duda, Wenner quería mantener ocultos. En Sticky Fingers se revelan momentos íntimos que van desde su problemática infancia encerrado en un internado, hasta el tiempo en que estuvo casado escondiéndoles a su esposa y al mundo su homosexualidad —en 1993 finalmente salió del clóset y desde 1995 mantiene una relación con el diseñador Matt Nye, con quien adoptó tres hijos—.

Hagan también narra lo que ocurría tras bambalinas en la revista. Las relaciones sexuales de Wenner con sus empleados —orgulloso, él mismo decía que se había follado a toda la redacción—, su irrefrenable adicción a la cocaína —cuenta que los bonos de fin de año de los empleados en ocasiones fueron pagados con droga— y los contratos ocultos con artistas para controlar lo que se escribía de ellos. El biógrafo, además, le dedica varios capítulos a la decadencia de la revista que, para muchos, cayó en la irrelevancia. Describe, por ejemplo, la polémica que causaron reportajes amarillistas, como aquel sobre una violación en una fraternidad universitaria en 2014, algo que nunca pudo probarse y que obligó a la revista a retractarse.

Wenner siempre se ha rodeado de estrellas. La infuencia de su revista le sirvió para acceder al mundo de las celebridades. En la foto, con su amigo Bono, líder de U2.

Después de leer el libro, Wenner, hoy de 72 años, dijo sentirse traicionado, cortó su vínculo con el autor y prohibió ponerle al texto el rótulo de autorizado. Expresó su decepción en un comunicado, asegurando que esperaba darles a futuras generaciones un recuerdo de los tiempos extraordinarios de la revista y que, en vez de eso, el autor escribió algo “defectuoso, cursi e inexacto”.

El libro coincidió además con la compra en diciembre de Rolling Stone, llevada a cabo por el grupo estadounidense Penske Media. Wenner, que varias veces pudo venderla en cifras que rondaban los 500 millones de dólares, recibió 100 millones en septiembre. Y aunque se mantendrá como jefe editorial, queda claro que tanto para él como para su revista los tiempos más felices ya pasaron.

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