De las canchas de barro de Quibdó a la Selección Colombia, Jhon Arias construyó su carrera sin olvidar de dónde salió. Tras el terremoto, convirtió esa memoria en ayuda: aviones, médicos, toneladas de insumos y unos «goles» mucho más grandes que el propio fútbol.
Por Pacho Escobar
La desgracia también se encuentra con jugadas inesperadas. Eso lo sabe Jhon Adolfo Arias Andrade. Como el resto de colombianos en el exterior, el futbolista se fue enterando a cuenta gotas (algunas de sangre) del terremoto que acababa de sepultar a cientos de colombianos en el Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y, por supuesto, que el epicentro del sismo había ocurrido en el Chocó, el departamento donde nació. Jhon se hubiera podido quedar en su casa en São Paulo (Brasil), sentado viendo en la pantalla de su teléfono las imágenes fragmentadas que los algoritmos de Instagram, TikTok o Facebook le estaban mostrando al mundo, pero prefirió hacer lo que hacen los jugadores diferentes cuando su equipo va perdiendo el partido por goleada. Sin que nadie se lo pidiera, sin que nadie se lo exigiera, se puso la cinta de capitán y no pasaron más de diez horas para empezar a ejecutar una maniobra digna de ser catalogada como el mejor gol en cualquier Mundial de Fútbol.
Por lo que se puede corroborar, de inmediato, Jhon se apoyó en su mejor dupla, en este caso, en Alejandra Aguilar, su esposa. Juntos empezaron a armar el equipo necesario para una primera compra (con sus propios recursos) de insumos, la logística de recolección y transporte, y hasta el alquiler de un avión privado con el propósito de que sí o sí llegaran sus donaciones a las manos adecuadas. Esa misma noche, publicaron un video anunciando el envío del primer vuelo, el cual transportaba siete profesionales de la salud y una carga de insumos médicos hacia Quibdó. Muchos colombianos aún no lo saben, pero hubo otro par de jugadas durante ese mismo día que fueron como meter dos goles desde la mitad de la cancha. Una de ellas se puede evidenciar en el post de ese video en Instagram: allí invitaban a donar a una cuenta de Pix.
Pix en Brasil es como Nequi en Colombia. Aunque echar mano de esta herramienta de transferencia de dinero es, de por sí, un acto transgresor. Y no porque Jhon y Alejandra estuviesen cometiendo un delito, no. Sino porque la historia de este sistema de pagos ha sido desafiante, insubordinada. Contrario a otras entidades, Pix fue creada bajo el aparato estatal de ese país y las transacciones no dependen de intermediarios privados ni de gigantes como Visa o Mastercard. Al ser una infraestructura pública operada directamente por el Banco Central de Brasil, el dinero se liquida de forma soberana, eliminando la necesidad de pasar por los sistemas de los megabancos internacionales y sus altas comisiones, lo que permite que el sistema sea gratuito para los ciudadanos y mucho más económico para los comercios. El segundo tanto ocurrió un día después. Los datos dan cuenta de que el Palmeiras (el club donde juega el colombiano) tiene la tercera hinchada más grande de Brasil. Pues bien, el equipo publicó en todas sus redes sociales —que suman más de diez millones de seguidores— el llamado de Jhon a ayudar a las víctimas del terremoto en Colombia a través de su usuario de Pix. Golazo.
Pero sus goles empezaron mucho antes. Según sus propios recuerdos, a los cuatro años ya jugaba al fútbol en las calles del barrio Samper en Quibdó. Y lo hizo porque le venía en la sangre; dos de sus tíos —Darío y Alberto— eran reconocidos futbolistas en la capital del Chocó. Las canchas de tierra y barro fueron su primer lugar seguro. Era tímido —lo sigue siendo— aunque intrépido. Nació sin miedo. Lo atestiguan sus cicatrices, una en la rodilla provocada por un accidente en bicicleta tras querer llegar de primero a un entreno y otra en el pie después de partir con un balón la repisa más grande de su casa. Mientras los hombres eran sus modelos a seguir, las mujeres fueron sus verdaderas hacedoras. Tres de ellas siempre aparecen en su historia: su abuela, su mamá y su tía Mencho.
Hay una imagen que se repite en sus recuerdos con la tía Mencho. Jhon tomado de la mano de ella, entrando los domingos a la cancha de Chipi Chipi para ver los partidos de los equipos de mayores. Mientras ella alentaba, Jhon tomaba inspiración de las jugadas que veía. «Sin importar si llovía, relampagueaba o hacía un sol de treinta y cinco grados», allí estaba la tía Mencho para cuidar a sus sobrinos mientras su hermana cumplía con extensos horarios de trabajo. La mamá de Jhon fue su mejor consejera y también el amuleto de la buena suerte, lo prueba un hecho: el 16 de febrero de 2018, el día en que ella cumplía años, el técnico de Llaneros Fútbol Club le avisó a Jhon que debutaría como jugador profesional en Colombia, así ocurrió y el sábado 17 el sueño se hizo realidad. Aunque su fan número uno era su abuela. Para los chocoanos no hay figura más importante que la de una abuela. Su palabra es la última y lo que ellas aconsejan se convierte en mandato. En el caso de Jhon, lo demuestra una anécdota: su abuela era hincha fiel —casi devota— del América de Cali, así su escudo tuviera un diablo. Fue por ella y no por la historia del club (ni por sus estrellas ni envergadura, incluso ni siquiera por la oferta económica) que en 2020 Jhon aceptó unirse a «la mechita». La decisión se convirtió en acierto; ese año se coronaron campeones y tal vez fue el día en que la matriarca de la familia supo que era la felicidad.
Ellas tres también influyeron en su educación. Quizás no haya un jugador de fútbol nacido en Colombia (y activo) que tenga un léxico tan amplio como el de Jhon Arias. Ese es el resultado de crecer al lado de profesoras. Sus seguidores lo atestiguan en los comentarios de YouTube. Por ejemplo, es fácil encontrar en sus respuestas palabras bien utilizadas como bastión, júbilo, incertidumbre, latente, retribuir, catalogar, perfeccionar, etc. Recuerda la profesora Soraya Rentería que a Jhon nunca hubo que hacerle un seguimiento cuerpo a cuerpo (como se diría en el fútbol) respecto a su rendimiento académico. Era el primero en llegar, el último en salir, siempre con su uniforme impecable; no fallaba en las tareas; le costaba exponer, pero cuando lo hacía no había preguntas de vuelta porque explicaba como un experto. Su gusto por estudiar nunca fue una pose. Hace poco le contó al periodista Albertico Cuesta que desde muy pequeño supo que el estudio era un complemento «ineludible». Un defensor al que no se le puede amagar ni gambetear. Una opción que lo defenderá cuando deje el fútbol.
Si alguien tuviera que presentar sus hitos en LinkedIn, es probable que dijera lo siguiente: su vuelo internacional despegó el 5 de junio de 2022, cuando debutó como titular con la Selección Colombia de mayores en la victoria ante Arabia Saudita. Desde entonces ha disputado cerca de 43 partidos y ha marcado siete goles con la tricolor. Fue subcampeón de la Copa América de 2024, participó en la clasificación al Mundial de 2026 y jugó como titular los cinco encuentros de Colombia en el torneo. Allí encontró su consagración internacional al convertir ante Ghana el gol que llevó al país hasta los octavos de final. En Brasil ya había alcanzado la eternidad con Fluminense al conquistar la Copa Libertadores de 2023 ante Boca Juniors y la Recopa Sudamericana de 2024, cuya final se decidió con dos goles suyos. También obtuvo el Balón de Bronce en el Mundial de Clubes de 2023 vistiendo la casaca del «Flu». Su paso posterior por la Premier League y su presente en Palmeiras ampliaron el recorrido de este futbolista que convirtió la inteligencia táctica en una de sus mayores virtudes.
Pero su mayor poder está en la generosidad. Después de financiar junto a su esposa un primer avión cargado con insumos médicos y siete profesionales de la salud para ayudar a los damnificados por el terremoto en el Chocó, al día siguiente coordinaron el envío de un segundo vuelo hacia Quibdó. El martes habían conocido el caso de una fundación de médicos que tenía seiscientos kilos de ayudas en Bogotá, pero que no contaba con ningún medio para llevarlas. De nuevo Jhon se inventó otra jugada, una suerte de pase gol como el que le hizo a Mauricio ocho días antes contra el Vitória, y consiguió que les prestaran otra aeronave. El miércoles, a pesar de estar concentrado con el Palmeiras por un partido de Copa Libertadores, dejó programado un tercer vuelo desde Medellín. Ese mismo día también se conoció que les había pedido a los directivos del club la posibilidad de destinar a la emergencia parte de la taquilla del encuentro ante Cerro Porteño y estos aceptaron la idea. El jueves Jhon y su esposa lograron reunir en tierra treinta toneladas de suministros que fueron entregados a una organización local con el objeto de garantizar una entrega transparente. En cuatro días, fiel a su elocuencia, Jhon Arias marcó los mejores goles de su vida sin esperar nada a cambio.