El Padre Chucho

Por: Nicolás Samper

Su pose al oír los testimonios de sus panelistas invita a la grima: ni Giovanni Hernández hace tanta cara de angustia.


Todo es culpa de su nombre y de eso usted no tiene la culpa. Qué paradoja, ¿no le parece, padre Chucho? La consecuencia de llamarse Jesús Hernán Orjuela no puede pasarse por alto. Cargar con el hijo de Dios y con el presentador de Hoy es viernes en la cédula debe ser una tula muy pesada que definitivamente influye en sus actos televisivos. Pero piense que pudo ser peor: ¿qué sería de usted si fuera Job Christian Vega o Noé Jáider Villa?

Cuando el coordinador de piso hace el conteo regresivo, empieza la función: su cara brilla por el fulgor que ofrece la televisión y porque el astringente no funciona. Neko quiere patrocinarlo para la próxima temporada. Jáleles las orejas a las maquilladoras, padre. Le juro que si anda bien en rating, un pañito con alcohol para esos brillos faciales le sentaría divinamente en su objetivo de alcanzar la estratosfera de la fama, tanto que ya estoy empezando gestiones con los administradores del edificio Jorge Barón para que le hagan un espacio en el hall de la fama de Unicentro y que, al lado de Emeterio y Felipe, queden sus huellas plasmadas en el cemento, al mejor estilo de Hollywood. Pero recuerde que este trámite solamente lo haré si se pasa un pañito con astringente en la cara.

Aunque seguro, no necesita de mis flacos favores, Chucho, para ensalzar y ensalzarse. Basta verlo a las 5:30 a.m. rozagante, de saco remangado con esa tierna sonrisa que envidiaría Diomedes Díaz, diciendo que su cuarto disco está que arde mientras que la gente lo llama a contar sus propias miserias. Quiero detenerme un tanto en su risa, porque lo suyo no es un diamante baladí en un colmillo, como el ‘Cacique de la Junta‘, sino un rosario de ñoños brackets que, curiosamente, le han dado una identidad juvenil y cool ante las señoras que hasta, libidinosas, dicen que usted tan churro. Y justo una de esas mujeres que lo admiran lo llamó a decir que una amiga sufría crisis depresivas. Usted le dio un placebo débil: su nuevo disco, uno de los cuatro que hacen parte de su discografía, hoy más amplia que la de Fine Young Cannibals y Stone Roses, y que no contiene más que una serie de Desideratas que al oírlas, provoca volverse taoísta.

Y Jesús Hernán, gracias a Dios, la miseria abunda, porque ese el es leitmotiv de sus programas: la frágil condición humana mezclada con esa insufrible vanidad de creer ser un padre chévere y metrosexual, que dice en forma charrísima que Dios es un bacán y que busca hacer una chiva rumbera que vaya destino al cielo. Es que tanta exposición en los medios solamente demuestra que lo suyo es un caso irremediable de vanidad o de "Jotamarismo" avanzado. A las 5:30 a.m., a las 6:40 a.m. y para cerrar con broche de hojalata, a las 10:00 a.m., el precario talk show en el que las voces de los invitados están modificadas para que suenen como la médium enana de Poltergeist y donde, al mejor estilo ridículo de Adriana Tono, usted se golpea el pecho mientras, emulando a Hernán Castrillón, dice con voz impostada "Abre tu corazón".

Su pose al oír los testimonios de sus panelistas invita a la grima: ni Giovanni Hernández hace tanta cara de angustia. Así pasó el otro día que el programa se trataba de los celos enfermizos. Con las cejas levantadas como Archibaldo y de nuevo esa enervante tez brillante vaciaba a un Otelo de ocasión ante una Lady Desdémona que no hacía sino quejarse del maltrato de su marido. En ese momento salió la sobrina de la mujer desde el público y dijo: "Padre Chucho, pero el problema no es solo de él. Ella también es muy celosa". Usted quedó pálido y tuvo que echar reversa ante tantas lapidaciones vertidas sobre el hombre celoso. Con su sabiduría concluyó que lo mejor era que ambos "lucharan por la relación". ¡NO! Si ese par de esposos están todo el día dándose tiestazos, ¿para qué invoca más lucha? Dígales que no más, que son incompatibles, que sus vidas son asquerosas hasta que ellos se separen, pero no… usted y sus ganas de arreglar el mundo.

Veo que su sueño no es ser el cardenal Luis Concha o monseñor José Vicente Caro, sino Don Francisco. Imagino que prefiere EWTN a la Catedral Primada. Creo que optaría hacer dupla con Carlos Calero en un comercial de Ricostilla antes que salir en el Minuto de Dios y que ser imagen oficial de duchas Boccherini le cae mejor que estar al lado de la pila bautismal. Pienso que le gusta más firmar autógrafos en las portadas de sus CD antes que actas matrimoniales. Y eso es lo que no me gusta. Que usted ya dejó de ser Jesús Hernán Orjuela Pardo porque el personaje de ‘Padre Chucho‘ se lo devoró por completo. Por eso, con temor de ser excomulgado, le agradezco a Dios que salga en TV. Leo y duermo más.