Dany Alejandro Hoyos convirtió sus recuerdos de la Medellín de los años 90 en una novela donde el fútbol, la salsa y la amistad conviven con las pérdidas que dejó la violencia.
Durante años, Dany Alejandro Hoyos estuvo acostumbrado a hacer reír. Ese era su propósito o, más bien, su fuente de ingresos. Como Suso, el Paspi recorrió escenarios, televisión y más de veinte países, construyendo un personaje que terminó siendo inseparable de su nombre. Pero antes de Suso, estaba el barrio. Estaban las tardes de fútbol, la tienda de la esquina, la salsa, los amigos y una Medellín de los años noventa que, como él, pronto aprendió a convivir con la violencia. De ese lugar nace Primavera, su nueva novela, publicada por Random House.
La novela es una autoficción, una mezcla deliberada entre memoria, imaginación y literatura. El barrio Primavera no existe exactamente como aparece en el libro: es una especie de territorio construido con recuerdos de lugares donde Hoyos creció, entre Santa Cruz La Rosa, Buenos Aires y La Milagrosa. Allí, el mundo podía caber en unas pocas cuadras. La calle era cancha, la tienda era centro de noticias y un balón alcanzaba para otorgar la diversión y distracción de una tarde entera.
Pero esa infancia no ocurre en una Medellín ingenua. Mientras los amigos crecían, las balaceras fueron ocupando el lugar de los juegos y las fronteras invisibles empezaron a dividir territorios. Primavera cuenta también ese momento en el que los nombres de los amigos comenzaron a aparecer en los entierros. El fútbol y la salsa funcionan entonces como algo más que ambientación: son la banda sonora de una generación que intentaba seguir siendo joven mientras la violencia le iba cobrando factura.
Hoyos comenzó a escribir esta historia hace dos décadas. El primer texto que produjo fue un cuento sobre Benny, uno de sus amigos fallecidos. Después vendrían otros recuerdos y otras pérdidas, hasta convertir aquella memoria personal en una novela de 264 páginas. El propio autor ha contado que terminarla le tomó veinte años. Quizá por eso Primavera no parece tanto una reconstrucción de la adolescencia sino una conversación pendiente con quienes no llegaron a conocer la vida que vendría después.
Existe también una Medellín que cambia y avanza conforme lo hacen las páginas. El teléfono público, el inalámbrico, el fiado de la tienda, los juegos de calle y las maneras antiguas de enamorar pertenecen a un mundo que la tecnología fue reemplazando. Hoyos ha comentado que muchas dinámicas del barrio permanecen hoy en día, pero que la forma de relacionarse cambió radicalmente. Antes se mandaban saludos o carticas, ahora se mandan emojis o reels. La frase parece pequeña en significado y hasta cliché, pero sirve para medir una transformación enorme.
Primavera llega a la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín en una edición especial, la número 20, que reúne más de 3.600 actividades entre el 11 y el 20 de septiembre. El libro encuentra allí un escenario particularmente apropiado: una ciudad que durante dos décadas ha convertido la lectura en una forma de encontrarse consigo misma por encima de las connotaciones y prejuicios de su pasado.
Esta novela se fundamenta en regresar a un lugar para descubrir que ya no se puede volver del todo. El barrio permanece, pero los amigos crecieron, murieron o se fueron; las canciones cambiaron y la pelota dejó de rodar por las mismas calles. Lo que queda es la memoria. A veces escribir, como lo retrata su autor, consiste precisamente en eso: intentar que alguien que ya no está pueda volver a jugar un partido, aunque sea durante unas páginas.