Mientras medio país sigue fingiendo que el negocio webcam no existe, hay casas en Colombia donde una cámara, una buena conexión y ocho horas de conversación pueden convertirse en millones. Pero la pregunta incómoda es: ¿cuánto factura realmente quien está detrás de ella?
Hace años Colombia exportaba café, flores y petróleo. Hoy también exporta compañía en dólares por minuto. La frase suena coqueta, casi exagerada, hasta que Juan Carlos Orama, fundador de TiagoXtudios, empieza a revelar las cifras de un negocio que vende morbo y, también, compañía virtual.
«Hace cinco o diez años esta era la época dorada de la industria. En ese momento un solo modelo podía ganarse hasta cien millones de pesos mensuales y un estudio mediano podía facturar entre quinientos y seiscientos millones de pesos al mes. Hoy ya no pasa eso porque la industria cambió muchísimo. Llegaron plataformas como OnlyFans, el contenido pregrabado y ahora, incluso, la inteligencia artificial. Todo eso hizo que el modelo tradicional del webcam bajara muchísimo en rentabilidad», explica.
El negocio sigue siendo rentable, pero ya no imprime billetes con la misma obscenidad. Orama calcula que una sede como la suya puede facturar actualmente entre cien y ciento cincuenta millones de pesos mensuales. La cifra sigue siendo alta, aunque está lejos de aquellos tiempos en los que una casa webcam podía moverse como una pequeña mina de oro con luces LED.
El dato clave está en el punto de equilibrio. Para operar su sede de Cali, TiagoXtudios necesita alrededor de cincuenta millones de pesos al mes. Ahí entran la nómina administrativa, el arriendo, el internet, la energía y los demás gastos operativos. Es decir, antes de hablar de ganancia, la casa debe producir lo suficiente para pagar la fantasía, porque incluso el deseo viene con recibos públicos.
«Solo mantener la operación mensual ya es costoso. Antes de pensar en utilidad, primero hay que cubrir toda esa estructura. Mucha gente cree que esto es simplemente prender una cámara y ya, pero detrás hay una empresa completa funcionando», dice Orama.
Si una sede factura cien millones, el negocio deja una utilidad bruta aproximada de cincuenta millones antes de otros ajustes, impuestos o repartos internos. Si llega a ciento cincuenta millones, el margen puede subir a unos cien millones. En palabras menos contables, un empresario webcam podría quedarse, en un buen mes, con una cifra de dos dígitos largos. La regla puede variar, aunque sí es posible mantener ese margen, especialmente cuando la casa mantiene sus salas ocupadas, reduce la rotación y logra que cada turno produzca más que gemidos.
La estructura funciona como cualquier empresa. Hay administradores, monitores, personal de aseo, logística, turnos y modelos independientes. En Cali, la operación puede involucrar entre cuarenta y cincuenta personas al mes; en Bogotá, cerca de treinta. Los empleados administrativos tienen contrato laboral. Los modelos, en cambio, trabajan como independientes y reciben según lo que produzcan.
«Hay personas que entran pensando que es dinero fácil y se van rápido porque descubren que requiere disciplina, constancia y muchísima resistencia emocional», asegura.
Ahí aparece la seducción oculta del negocio, se cobra por minutos. Sesenta segundos pueden generar cerca de diez mil pesos. Parece dinero fácil, hasta que la gente entiende que ese minuto necesita presencia, personajes, logística, disciplina y una resistencia emocional que solo se aprende cuando se está dentro del negocio..
«Lo que pasa es que la gente cree que durante ocho horas todo el tiempo hay contenido sexual y no necesariamente es así. Hay modelos que bailan, otros simplemente conversan, otros hablan inglés con usuarios extranjeros. Muchas veces el cliente paga por sentirse acompañado. La gente está muy sola y termina pagando por atención. Ahí es donde realmente está el negocio», explica Orama.
Cuenta el CEO que antes una o un modelo —no todas son mujeres— podían ganar hasta diez millones de pesos al mes, pero la competencia se amplió, al sector han llegado otros empresarios y, además, el pregrabado le está ganando el partido al en vivo porque la gente prefiere comprar fotos o videos «on demand».
La legalidad también tiene su propio disfraz. En Colombia la actividad económica «estudio webcam» no existe en el RUT. Por eso muchos se registran como desarrolladores de portales web, call centers o empresas digitales. Una industria que mueve millones debe entrar por una puerta lateral del lenguaje burocrático, como si el país aceptara la plata, pero no quisiera pronunciar la palabra.
Y aunque el imaginario popular insiste en reducirlo todo al sexo, Orama asegura que el producto real muchas veces es otro: «Compañía». Hay usuarios que pagan por hablar, por sentirse escuchados, por compartir una soledad que en dólares cuesta menos..
Entonces, ¿cuánto factura un empresario webcam en Colombia? Según la experiencia de TiagoXtudios, hoy una sede puede moverse entre cien y ciento cincuenta millones de pesos mensuales, con un costo operativo cercano a los cincuenta millones. En sus años orgásmicos, esa misma estructura podía alcanzar entre quinientos y seiscientos millones al mes.
La industria cayó, sí, bastante, pero sigue viva, rentable y terca. Y mientras algunas personas se sonrojan al hablar del tema, alguien sigue encendiendo las cámaras, pagando la nómina y convirtiendo la soledad masculina en una línea de ingresos, porque en este negocio el deseo se mira y también se factura.