Editorial '¡Volver!', Revista SoHo | Foto: Cortesía

Editorial

¡Volver!

Por: Redacción Soho

Por Ronald Mayorga

En 1996 a Pedro Almodóvar se le ocurrió hacer una película en la que el fantasma de una mujer regresaba a su casa para resolver varios temas que le quedaron pendientes con sus dos hijas y toda su familia. Usando una frase con la que se saborean y facturan los expertos en wellness de hoy, lo hizo «para sanar lo que quedó pendiente». Y la tituló Volver. Igual que el tango de Gardel. Incluso, hizo una versión aflamencada de ese himno y la puso de banda sonora:

«…Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada. Qué febril la mirada, errante la sombra, te busca y te nombra…. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez…».

Y así es como suena este regreso, como ese tango delicioso del argentino: nostálgico, bohemio, pero preciso en sus palabras. Sin embargo, volvemos no para sanar, sino para abrir heridas, para ponerles un poco de sal, para ver lo que está debajo del tapete por el que todos pasan, para meternos al cuarto oscuro con una linterna de luz neón, para hablar de lo que todavía tenemos pendiente. Ese es el espíritu de esta nueva SoHo y queremos —como lo hizo Raimunda después de la muerte en la película de Almodóvar— volver para incomodar.

Y lo reconocemos, los que crecimos leyendo SoHo ya estamos sobre los 40 o un poco más allá y a estas alturas transitamos por los padecimientos de la gente del cuarto piso: los dolores de rodilla, el colesterol alto, el miedo a los guayabos que ahora se extienden por más de dos días, las ganas de seguir conservándonos con dignidad —aunque ya vemos los cincuenta respirándonos en las sienes—, la necesidad de una vasectomía, los retiros de Emaus, la meditación que no termina de convertirse en hábito, y la obligación de dejar el vino, sin poderlo dejar; pero además buscando en el running, el crossfit, el hyrox o el pádel la pureza y organización física —también mental— que en cuatro décadas no logramos consolidar.

Quienes crecieron —crecimos— con SoHo ya estamos en una madurez que no se puede disimular y para ellos y para ellas es esta revista. Este regreso es un homenaje a esos millones que se formaron con esta publicación (en todo sentido) y con todas sus polémicas: desde las demandas por empelotar gente simulando una versión de La última cena, pero con mucha piel; hasta el destape de Yidis Medina, la señora que ayudó alguna vez con una reelección presidencial. Esta edición en papel regresa madura, futbolera y para gente que tenga tiempo para leer —hoy leer en papel es un privilegio—, porque sabemos que nuestros lectores ya están en otro momento de la vida. O la vida ya los puso en otro momento.

Por eso también, como decisión editorial, elegimos no volver a los desnudos explícitos en un mundo que ha aprendido que las mujeres son mucho más poderosas por lo que tienen para decir, por sus historias.

Regresamos pensando en que en el mercado hace falta una plataforma para el humor ácido, para las crónicas profundas, para la conversación inteligente y provocadora, pero también para la simpleza de la vida y para hablar de lo que nos gusta ponernos, de relojes, de viajes, de carros, de motos, de juguetes, de buena comida y buenas bebidas. Esta SoHo aspira a ser eso, un espacio de encuentro que vaya de un extremo al otro sin sonrojarse. Que en medio del buen periodismo, también nos demos la licencia de la frivolidad, para tener, como en esta edición, capítulos enteros de algún buen libro, crónicas policiacas y hasta editoriales de fotos bien hechas para darle un respiro al violento amanecer. Y disfrutar de la belleza. Ya lo dijo Pacho Escobar, el editor de esta revista: «somos profundos y superficiales, como todos los seres humanos. Somos contradicciones».

A toda la gente que nos dijo sí, sin pensarlo, a todo el equipo editorial, de producción, a las y los protagonistas que aparecen en estas páginas, a los colegas que emocionados escribieron para esta edición, nuestro afecto por montarse en este bus.

«Y aunque no quise el regreso

Siempre se vuelve al primer amor…».