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No le tenga miedo a salir con una separada

Por: Por Liliana Ritter / Editora de libros y profesora de preescolar

Descubra en este texto las ventajas de salir con una mujer que ya estuvo casada.

Las mujeres separadas no sueñan con el príncipe azul. Ellas saben que no existe, así es que a la hora de conquistarlas son más fáciles de impresionar. Aceptan sus defectos, mientras sean menos que los del ex. Por eso, oiga mi consejo: cuando un amigo le diga que le va a sacar una vieja separada, no huya, porque ellas, a pesar de traer mucho equipaje, tienen grandes ventajas.

No toca recogerlas en la casa de los papás, no hay que entrar a saludar y no tienen hora de llegada. Cuando lo invitan a ver una película, no es en la sala, con el hermanito saltando encima y el papá mirando el reloj para ver a qué hora se va.

Y puede estar seguro de que no están con usted por la plata, por la comodidad ni por el qué dirán. Si ya pasó por un divorcio —que es peor plan que jugar al amigo secreto en la oficina— y se lanzó a quedarse con usted, tenga la seguridad de que la vaina va en serio.

Ahora, si su amigo le dice que la vieja además tiene hijos, mejor aún. Ella nunca lo va a llamar a la oficina para ver a qué hora sale. Mientras más se demore, mejor. Cuando usted trabaja o va al turco, ella corre para darles comida a los niños, hacer tareas, acostarlos y bañarse, para que cuando usted llegue piense que lleva todo el día arregladita, perfumada, y no con la cara untada de sopa. 

Una separada nunca le va a reclamar que pase tiempo con sus amigos. Después de una separación, las amigas de ella quedan al mismo nivel que Dios y la mamá. Además, si tiene hijos, le toca un fin de semana sí y otro no. Y en ese que no tiene a los críos, parece recién salida de La Picota: no hay plan al que no se le mida. 

Pero quizá lo más atractivo de una separada con hijos es que tiene el reloj biológico en snooze. No le va a dar la lora de las solteras: casémonos, tengamos hijos, preséntame a tu familia, compremos una casa (ella seguramente ya tiene una propia, sin deudas hipotecarias). Y si deciden casarse, usted se evita todo lo jarto del primer matrimonio: no tiene que pedir la mano ni invitar a los amigos de los papás a la fiesta. No tiene que bailar San, san, san Fernando, ni el vals.

Y lo mejor: una separada ha vivido tantos dramas que no querrá nunca inventar unos nuevos con usted. 

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