Hay personas que construyen una carrera, pero Juan Carlos López parece haber construido una manera de mirar el mundo.
Los carros son apenas una parte de su historia. Puede empezar explicando la tecnología detrás de un vehículo híbrido y terminar hablando de una plaza de mercado en Nicaragua, de una negociación en Japón o de la primera vez que llegó a India y descubrió una cultura que lo marcaría para siempre. Tiene esa capacidad poco común de conectar temas que, en apariencia, no tienen nada que ver entre sí, pero que en su cabeza terminan siendo parte de un mismo libro.
Quizá todo empezó mucho antes de su primer cargo directivo. En su casa convivían dos universos distintos. Su padre era ingeniero mecánico y muchas veces prefería abrir el capó de un carro en el garaje antes que llevarlo a un taller. Su madre era artista plástica, una mujer que observaba el mundo desde la sensibilidad, las formas y la creatividad. Sin proponérselo, ambos terminaron esculpiendo el carácter de quien hoy lidera Deepal y Changan en Colombia.
Aunque estudió ingeniería, pronto descubrió que los números por sí solos no le alcanzaban. Mientras trabajaba en la banca, algunos de sus jefes identificaron algo que él todavía no veía con claridad: su habilidad para combinar el análisis técnico con el pensamiento creativo. Justo en ese instante comenzó un camino que terminaría llevándolo al marketing, el tablero en el que encontró la posibilidad de unir ambos mundos.
No obstante, los viajes fueron los que transformaron su manera de pensar. A los 18 años decidió subirse a una flota rumbo a Perú. Desde entonces, viajar dejó de ser un descanso para convertirse en una forma de aprendizaje. Lo conquistaron Europa, Centroamérica, Japón, India y buena parte de Asia. Le gustaba caminar sin rumbo, entrar a mercados populares, observar cómo negociaban las personas, cómo se relacionaban, qué valoraban y cómo entendían el tiempo, y fue precisamente Asia la región que más lo transformó.
Habla de Japón con admiración y de China con respeto. De India con una emoción que no se esfuerza por ocultar, pues allí encontró formas distintas de entender el trabajo, la disciplina, la innovación y la vida.
Después de su paso por el sector financiero, llegaron empresas de consumo masivo, responsabilidades regionales y, posteriormente, Nissan. Allí participó en el lanzamiento de modelos que acercaron la marca a nuevas generaciones de consumidores colombianos y supo que detrás de cada producto existe una historia capaz de conectar emocionalmente con las personas.
Sin embargo, el mayor desafío de su carrera llegaría años después. Ocurrió el día en que asumió el liderazgo de Deepal y Changan en Colombia. El reto iba mucho más allá de vender vehículos. Se trataba de cambiar percepciones, convencer a un mercado tradicional de que la innovación automotriz estaba tomando nuevos caminos y, también, demostrar que la tecnología desarrollada en China podía competir de tú a tú con marcas históricas.
Hoy Deepal se ha convertido en una de las marcas más destacadas dentro del segmento de nuevas energías en Colombia, mientras Changan continúa fortaleciendo su presencia en el país con una propuesta cada vez más sólida. Detrás de esos resultados hay estrategia, tecnología y visión empresarial, pero también la capacidad de generar confianza en medio del cambio.
Quizá por eso resulta tan fácil quedarse conversando con él.