Algunos cocinan sobre rieles y otros sirven la cena en completa oscuridad. Existen lugares donde la música le rinde tributo a la comida y otros donde el plato obliga a bajar la voz, pero todos tienen algo en común y es que entienden que salir a comer nunca ha sido únicamente un asunto de hambre.
Donde el DJ comparte protagonismo con el chef
Un restaurante que combina cocina nikkei, coctelería y música en vivo bajo la sospecha de que una buena noche necesita varios cómplices.
Antes de mirar la carta, Mambo ya está contando una historia. Cuatro árboles atraviesan el espacio, las lámparas tejidas por artesanos colombianos cuelgan sobre las mesas y un suave aroma a cacao permanece flotando en el ambiente. Arriban al poco tiempo los tiraditos, los sushis, las robatas y esos cruces entre Perú, Japón y Colombia que terminan teniendo más sentido del esperado. En medio de todo, el DJ ocupa el centro de la escena sin pedir permiso. Hay quienes siguen el ritmo con el pie mientras esperan el siguiente plato, otros llegan por la comida y terminan preguntando por la canción que está sonando.
CL. 93A #13A-06, Bogotá
El Caribe cabe en una mesa
Una casa donde los sabores del Caribe llegan acompañados de música, color y esa sensación de que la noche todavía tiene planes.
Hay un listado gigante de restaurantes que intentan recrear una región, pero Chan Chan prefirió traerla completa a Bogotá. Apenas uno entra aparecen los colores, la música en vivo y el movimiento constante de un lugar donde siempre parece estar pasando algo. El ceviche abre el camino, el arroz Chan Chan termina de convencer y los mojitos hacen el resto del trabajo. De una mesa llega una carcajada, en otra alguien golpea el vaso siguiendo la música sin darse cuenta. Todo ocurre con naturalidad, sin necesidad de fingir algo. Como esas fiestas que nadie organizó demasiado y, precisamente por eso, salen bien.
CRA. 14 #93-14, Bogotá
El sushi también se honra con el alma
Un chef español encontró en Japón mucho más que una técnica: encontró una forma de vivir la cocina. Hoy, después de más de veinte años perfeccionando el arte del sushi, Félix Jiménez reinterpretó esa tradición y la adaptó a Colombia.
Detrás de Viva La Vida está Félix Jiménez, un chef español que entiende el sushi desde la filosofía japonesa del Shokunin: disciplina, respeto, precisión y mejora continua. En Viva La Vida, esa visión se transforma en una cocina japonesa reinterpretada desde Colombia, donde la técnica mantiene su raíz, pero dialoga con ingredientes locales, acentos tropicales y una manera más cálida y emocional de vivir la mesa, El resultado no busca copiar Japón, sino rendirle homenaje desde nuestra propia identidad. Esa mezcla de excelencia, sensibilidad y carácter ha convertido a Viva La Vida en uno de los destinos preferidos por quienes buscan una experiencia inolvidable. Tanto en Bogotá como en Cartagena, sus restaurantes elevan esa propuesta a un nivel excepcional: espacios vibrantes, servicio impecable y una cocina que hace que cada visita se sienta especial.
Bogotá, autopista norte 114-44 piso 2
Cartagena, Centro de Convenciones Julio Cesar Turbay, Piso 3, Cartagena
Un viaje por Asia sin salir de Bogotá
Sabores de Japón, Corea, Vietnam y Tailandia conviven en una cocina pensada para compartir, descubrir y quedarse conversando un poco más.
En Rokko los platos jamás se quedan quietos. Apenas llegan a la mesa empiezan a cambiar de dueño. Alguien pide probar el Har Gow del vecino, otro estira los palillos hacia el Ebi Butter Crab Roll y siempre hay una discusión amistosa sobre cuál debería repetirse. El espacio acompaña esa dinámica. Madera, vegetación y luces tenues crean una atmósfera relajada donde nadie parece demasiado preocupado por seguir protocolos. Entre un Bibimbap Crispy Duck lleno de carácter y un Buddha Bowl fresco y colorido, el recorrido atraviesa distintos rincones de Asia sin perder el hilo de la conversación.
CRA. 13 #83-24, Bogotá
Volver al pasado ahora si es mas cool
El primer restaurante en movimiento de Colombia viene del siglo XIX, pero para conquistar los paladares del XXI
1921 Express nació de una idea que parecía imposible: poner sobre rieles una experiencia gastronómica única y convertir cada kilómetro en una historia por contar. Después de casi cuatro años de trabajo, restauración, diseño y pasión, el primer restaurante en movimiento de Colombia abre sus puertas para recorrer la Sabana de Bogotá desde una perspectiva completamente distinta. A bordo, la mejor gastronomía, música cuidadosamente seleccionada y un ambiente que transporta a otra época se unen para crear una experiencia irrepetible. Mientras el paisaje desfila por las ventanas, el tiempo parece desacelerarse. 1921 Express es un viaje sensorial, un homenaje a nuestra historia y una invitación a redescubrir la belleza de la Sabana, pero sobre rieles.
Parte desde la estación de Usaquén, cra 9 #110-08, Bogotá.
Wagyu made in Colombia
Así sabe la perfección japonesa local
Mucho antes de abrir sus puntos de venta, La Boxtecca ya estaba cuestionando algunas ideas que parecían inamovibles en el mundo de la carne. Mientras gran parte del mercado seguía mirando hacia los productos importados, detrás de la marca comenzó una búsqueda por entender hasta dónde podía llegar un producto colombiano cuando se trabajaba con el mismo rigor que los referentes internacionales. Llegaron años de aprendizaje sobre genética, procesos de crianza, maduración y selección de cortes. Después apareció el wagyu, una raza japonesa que ocupa un lugar privilegiado en la élite mundial de la carne por su marmoleo, suavidad y complejidad de sabor. Lo que parecía una apuesta imposible terminó convirtiéndose en el eje de un proyecto que decidió criar y desarrollar este producto en Colombia.
Esa filosofía hoy se refleja en cada rincón de La Boxtecca. La marca controla todo el proceso, desde la genética y la crianza de sus animales hasta la experiencia final de quien cruza la puerta de sus puntos de venta. En Le Mont, con capacidad para cerca de 50 personas, y en San Lucas, un formato más íntimo que pronto tendrá compañía con la apertura de Ámsterdam, la carne ocupa el lugar principal. Las vitrinas, la arquitectura y los detalles parecen construidos alrededor de una misma idea: demostrar que un producto colombiano puede jugar en las grandes ligas. Más que un restaurante o una carnicería, La Boxtecca terminó construyendo una categoría propia.
CL. 20S #27-55, El Poblado, Medellín
Cartagena después del primer brindis
Entre cocina mediterránea, copas largas y conversaciones que se extienden sin permiso, Apogeo ha encontrado una forma bastante elegante de quedarse en la memoria.
Hay comensales que llegan hablando de negocios y terminan hablando de, viajes o viejos amores, en Apogeo eso ocurre con frecuencia. En la mesa aparecen pedazos de los viajes de Eduardo Ghisays, de sus obsesiones y de los lugares donde ha comido bien. El asado de tira pasa un día entero cocinándose antes de llegar a la mesa, mientras la baklava aparece después como una recompensa dulce y ligeramente crujiente. Afuera sigue estando Cartagena, en su interior, después de la segunda copa, el tiempo parece correr con mucha más calma.
CRA. 6 #35-69, Cartagena.
La noche que devuelve la mirada
Una cena a oscuras donde los sentidos cambian de lugar y donde, por unas horas, la vista deja de ser la dueña absoluta de todo.
La primera reacción suele ser una risa nerviosa, después llega el silencio. En Sombras nadie ve el plato, la copa ni la expresión de quien tiene enfrente. Los únicos que parecen moverse con absoluta naturalidad son los anfitriones con discapacidad visual que guían la experiencia, entonces ocurre algo inusual, la comida empieza a sentirse distinta, también las conversaciones. Uno escucha más, interrumpe menos y descubre lo dependiente que es de una mirada para entender el mundo. Cuando la experiencia termina, los platos siguen siendo importantes, pero también, Sombras deja algo más profundo: una nueva forma de percibir el mundo, de valorar lo esencial y de entender que algunas experiencias no solo se recuerdan, sino que se llevan en el alma
Cra. 7 #120-20 piso 2, Bogotá | Restaurante número 1 de Tripadvisor en Bogotá
Centro de Convenciones Julio César Turbay, piso 3, Cartagena.
Cl. 6a #29 126, Medellín
Un laboratorio gastronómico en Cali
Platos que dialogan con el cuerpo
En el corazón del icónico barrio San Antonio-el de casas pequeñas y calles elevadas-, está el enorme patio de Domingo. Uri proyecto en el que la filosofía gastronómica se expresa a través de experiencias culinarias contemporáneas. Pero que, además, tiene como ejes el uso de artículos locales, productos de cosecha, investigación culinaria y, por supuesto, la creatividad. Domingo funciona como un laboratorio gastronómico que explora ingredientes, técnicas y narrativas culinarias que están vinculadas a los entornos de bienestar y a la bioquímica del organismo. Es decir, los platos también dialogan con la función del alimento en el cuerpo. Domingo está muy enfocado en una frase: paisajes comestibles. Porque propone entender los territorios no sólo como lugares de producción, sino como sistemas vivos donde la biodiversidad, la cultura y la alimentación hacen una trenza de valor. Y, a través de su cocina, promueven una relación mucho más consciente entre las personas y los alimentos.
CRA. 5 #2-97 San Antonio, Cali
El restaurante que se puso la 10 para celebrar el mundial
Entre pizzas napolitanas, spritz italianos y papayeras, Campo Dei Fiori convierte cada partido de Colombia en una fiesta donde el fútbol es apenas la excusa para celebrar.
En Bogotá habrá cientos de lugares transmitiendo el Mundial. Pantallas gigantes, cerveza fría y mesas llenas. Pero pocos entendieron que el fútbol no solo se mira, se vive. Y Campo Dei Fiori decidió convertir cada partido de Colombia en una celebración italiana donde el gol se acompaña con prosecco, pizza napolitana y música que suena hasta entrada la noche.
Apenas uno entra, el ambiente cambia, huele a masa madre recién salida del homo, a romero fresco y salsa pomodoro. Afuera Bogotá sigue igual, pero adentro parece una plaza italiana donde la gente vino a ver fútbol, a comer delicioso y a celebrar la vida.
«Nosotros no queríamos simplemente poner una pantalla y transmitir partidos. Queríamos que la gente sintiera que estaba entrando a una celebración», explica Jairo Palacios, fundador y CEO del Grupo Seratta. Campo Dei Fiori es un espacio donde se sienten el verano, la playa y las risas. Aquí todo está pensado para generar felicidad. Y sí, habrá una pantalla gigante transmitiendo todos los partidos de la Selección Colombia, pero el verdadero espectáculo ocurre alrededor. Meseros bailando entre mesas, parejas brindando con spritzes helados, grupos de amigos intercambiando monas del álbum del Mundial y una papayera atravesando el restaurante como si cada partido fuera una final en Nápoles y no a miles de kilómetros de distancia.
La estrella del menú son sus auténticas pizzas napolitanas de masa madre. Desde la clásica Margarita hasta la exageradamente provocadora pizza de langosta con base blanca, langosta thermidor y tocineta crocante. También aparecen platos como el fetuccini al pistacho y un tiramisú que Jairo describe como «la auténtica reencarnación del postre veneciano». Pero si algo define el espíritu del lugar son sus spritz. Hay más de siete versiones distintas y el favorito de la casa es el Hugo, flor de sauco, romero y prosecco. «Ese cóctel representa perfectamente lo que somos. Fresco, elegante y relajado. Nosotros creemos que el Mundial también debería vivirse así», asegura Jairo
Para esta temporada mundialista, Campo Dei Fiori se vistió completamente de fútbol. Habrá intercambio de monas, shows de medio tiempo, invitados especiales, balones autografiados y fiestas después de cada transmisión. Porque aquí el objetivo nunca fue solamente llenar mesas. «Nuestra obsesión siempre ha sido que la gente salga feliz. Nos interesa crear recuerdos», concluye Jairo.
Y honestamente, pocas cosas se sienten tan mundialistas como celebrar un gol con pizza napolitana en la mano y un Hugo Spritz brillando bajo las luces de una falsa plaza italiana en medio de Bogotá
Carrera 7 no. 120-20 piso 2, Bogotá.