La nostalgia también se puede guardar en una vitrina, especialmente cuando ahora sí hay dinero para comprarla. | Foto: Cortesía

Historias

Tengo 40 años, pago impuestos y todavía quiero ser Gokú

Por: Redacción Soho

La generación que creció viendo anime, jugando videojuegos y coleccionando cartas hoy tiene algo que no tuvo en su niñez: plata para comprar aquello que antes solo podía mirar.

Por Isabel Guerrero

Hay una edad en la que uno deja de pedir juguetes y empieza a comprárselos con la tarjeta de crédito.

Eso le pasa a la generación que creció esperando el siguiente capítulo de Dragon Ball, Naruto, jugando Atari, Nintendo o PlayStation, viendo Sailor Moon o Los Caballeros del Zodiaco, intercambiando cartas y guardando como tesoros revistas, figuras de Star Wars y cualquier objeto relacionado con sus personajes favoritos.

Hoy son médicos, odontólogos, abogados, ingenieros, diseñadores, empresarios, chefs y ganaderos. Tienen profesiones, familias, empresas y, algunos, habitaciones exclusivas que ya no alcanzan para guardar sus colecciones.

Un objeto de colección puede costar entre 100 y 1.000 dólares. Hay adictos que tienen ediciones limitadas, Hot Toys, cartas de TCG, cómics sin abrir y objetos que aparecen en subastas internacionales. Lo que para un niño era inalcanzable en los 80, hoy para un adulto con ingresos propios puede convertirse en una compra impulsiva perfectamente posible.

Para algunos coleccionistas, encontrar una pieza difícil de conseguir tiene algo de cacería y algo de recompensa. | Foto: Cortesía

La profesión no determina el fandom. Durante años, la palabra “geek” parecía describir a un tipo muy específico de persona (lentes de aumento, camisa a cuadros, jeans y tenis). Pero ahora resulta más difícil encontrarle un uniforme: puede estar en un consultorio, en una oficina, en una universidad o dirigiendo una empresa. Puede llevar una camiseta de anime o vestir de traje y no dar ninguna pista de que en su casa guarda una colección que tardó años en construir.

Alrededor de estas aficiones creció una economía de ilustradores, diseñadores, escultores, fabricantes de figuras, artistas digitales, cosplayers, vendedores de cartas, couriers, diseñadores de juegos de mesa, desarrolladores de videojuegos, creadores de merchandising y contenido.

Hay quienes comenzaron dibujando personajes y terminaron vendiendo sus ilustraciones, hay quienes transformaron una habilidad artesanal en un negocio, hay quienes encontraron en el cosplay una profesión y hay quienes producen objetos para un público que conoce perfectamente la diferencia entre una pieza común y una edición limitada.

Un cosplay puede requerir confección, maquillaje, actuación, diseño, fotografía, construcción de props y muchas horas de trabajo. Para algunos, este hobby puede ser una competencia y, para otros, apenas la creación de contenido o simplemente la oportunidad de pasar un día interpretando a alguien que admiran fuera de su zona de confort.

Entre figuras, cartas y cómics, las colecciones de hoy cuentan historias que empezaron mucho antes de que sus dueños tuvieran tarjeta de crédito. | Foto: Cortesía

Colombia ha producido nombres que han llevado esta práctica a escenarios internacionales. Uno de ellos es el caleño Fito Rey, ganador de la Yamato Cosplay Cup Internacional en Brasil por su interpretación de Rita Repulsa, del universo de Power Rangers.

Quizás por eso las convenciones dejaron de ser exclusivamente espacios para adolescentes y se convirtieron en punto de encuentro multigeneracional. El adulto que colecciona puede llegar con sus hijos y la persona que comenzó jugando videojuegos puede terminar enseñándole a jugar a la siguiente generación. La cultura pop funciona, en ese sentido, como una especie de idioma familiar.

No importa si se llegó por el anime, los videojuegos, el cómic, el cine, el coleccionismo o el cosplay, hay referencias que permiten que personas de edades diferentes se reconozcan rápidamente.

Cali, por ejemplo, no quiso quedarse atrás de esta conversación y por eso tiene un punto de convergencia llamado Cali Pop Festival, que este año llega a su edición número 6 y se realizará el 3 y 4 de octubre en el Auditorio Lumen, en la Calle 5 con Carrera 94, la antigua Tienda de Pedro.

Quizás lo más interesante no ocurra en el escenario; puede estar en una vitrina, en una mesa de juegos o en una persona que encontró un cómic que llevaba años buscando.

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