29 de enero de 2026
Música
Arthur Hanlon llega a Bogotá: cómo es la vida del pianista que ha colaborado con Carlos Vives y Goyo
Se presentará en el teatro Jorge Eliecer Gaitán el próximo 5 de marzo con su álbum 2 Manos 1 Mundo, evento que promete ser un espectáculo inolvidable.
Por: Redacción Soho
Era la Florencia de 1700 cuando Bartolomeo Cristofori descubrió el piano sin esa intención, pues buscaba solucionar un problema técnico del clavecín, instrumento que no permitía controlar la intensidad del sonido. Su nombre original era “Gravicembalo col piano e forte” o “clavecín con suave y fuerte”, en español, dado que permitía variar la intensidad del sonido. Aunque fue ignorado por 4 décadas, hoy es un instrumento que ha llevado a que artistas como Elton John, Alicia Keys lo popularicen en la cultura global ligado al pop y a su rol como intérpretes; y en otros casos, como Arthur Hanlon se hayan creado colaboraciones con artistas latinoamericanos para establecer diálogos íntimos que permiten que los espectadores se acerquen a canciones populares desde otro ángulo.
Hanlon nació en Detroit y desde muy pequeño descubrió su pasión por la música. Su paso por Nueva York lo llevó a asociar el instrumento con la música latina, explorando nuevas emociones, territorios y memorias. Sus logros no son menores, pues ha impulsado a que la música instrumental ocupe un lugar protagónico en un mercado dominado por la voz. De colaborar con Carlos Vives, Goyo, Marc Anthony, Laura Pausini, Fonseca, entre otros, a tener proyectos como Piano y Mujer para HBO, Hanlon ha logrado desnudar canciones para conseguir acercamientos interpretativos únicos.
Se formó bajo el rigor del Manhattan School of Music y tuvo gran influencia de la cultura urbana de Detroit, así como de los ritmos en el Spanish Harlem. Salsa, bachata, tango, huapango han alimentado creativamente su carrera en la construcción de una identidad híbrida y sofisticada que está presente en su álbum 2 Manos y Mundo. Hanlon habló con Fucsia de su recorrido musical y de su presentación en el Jorge Eliecer Gaitán.
Empezaste a tocar piano a los seis años, en una casa llena de hermanos. ¿Qué recuerdos tienes de esa época?
Tú sabes, a esa edad, cuando eres chiquito y encuentras algo nuevo que te gusta, es como si tu mundo se abriera. Para mí eso fue el piano. Cuando lo descubrí fue como: “Oh my God, what is this?” Y realmente cambió mi vida.
¿Cómo fue el proceso de dejar la estructura del aprendizaje musical y empezar a improvisar, entendiendo que la música también nace de la intuición?
Fue muy interesante porque el mejor amigo de mi papá tocaba profesionalmente, pero no sabía leer música. Él fue mi mentor cuando yo era muy joven. Me decía: “Arthur, las notas son importantes, pero no lo son todo. Hay que tocar desde aquí”, señalándose el alma. Él me enseñó a usar los oídos, a escuchar de verdad. Hasta hoy sigo aplicando eso: tocar lo que está escrito, sí, pero siempre escuchando, conectando. Para mí eso sigue siendo fundamental.

Si miras a ese Arthur adolescente, ¿qué pensaba entonces sobre la idea de éxito?
Desde muy pequeño yo sabía que iba a tocar piano. Era lo único que iba a hacer. No había plan B. Se lo dije a mi papá: “Voy a ser pianista”. No sabía si iba a tocar en clubes toda la vida o no, pero lo que sí sabía era que iba a tocar piano. Esa certeza nunca cambió.
¿Cómo se fue construyendo tu relación con América Latina y cómo influye hoy en tu identidad como artista?
Los ritmos latinos son muy importantes para mí. Yo crecí en Detroit tocando profesionalmente desde los 15 años, pero cuando llegué a Nueva York y descubrí la bachata, la salsa, el merengue… eso cambió completamente la dirección de mi carrera. Hoy me resulta muy natural. Intercambiar ideas entre culturas, mezclar sonidos, para mí es lo máximo. Es ahí donde encuentro la magia de la música.
¿Qué aporta Colombia dentro de esa diversidad latinoamericana? ¿Qué encuentras aquí que sea distinto?
Lo que me encanta de Colombia son los contrastes. Bogotá es completamente diferente a Cali, Medellín, Cartagena o Barranquilla. Por eso quise arrancar mi gira aquí, en Bogotá. 2 Manos 1 Mundo tiene una conexión muy fuerte con Colombia: hay colaboraciones con Carlos Vives, Goyo y Manuel Medrano. Vamos a visitar varios países, pero para mí era importante empezar aquí.
¿Qué te reveló la salsa colombiana dentro de este álbum?
La primera vez que escuché la música del Grupo Niche fue en Nueva York y pensé: “Wow, ¿qué es esto?” Era completamente diferente. Luego viajé a Cali para visitar a Jairo Varela en su estudio, en La Quinta. Fue una experiencia inolvidable.
Como pianista, no siempre tienes el protagonismo en las colaboraciones. ¿Qué has aprendido de ti en ese proceso?
Para mí colaborar no es “tú cantas y yo toco” o al revés. Es crear algo juntos, algo más grande que la suma de las dos partes. Es un matrimonio musical. El piano y la voz están completamente conectados, no se pueden separar.

¿Cómo decides cuándo el piano debe tomar el protagonismo?
Es una conversación. Por ejemplo, en mi colaboración con Carlos Vives, yo empiezo musicalmente como diciendo: “Hola, ¿cómo estás?”. Él responde, y a partir de ahí seguimos conversando con la música.
¿Qué aprendiste de Goyo y de Carlos Vives en ese proceso colaborativo?
Goyo estuvo en mi casa con su mamá, que también es cantante, explicándome los ritmos de la costa pacífica y la influencia africana en esa música. Para mí eso fue increíble.
Explorar esos sonidos y mezclarlos con mi lenguaje musical es algo que me apasiona profundamente.
¿Alguna vez sentiste que la industria dejaba al piano a un lado?
Sí, es algo natural. Los sellos necesitan vender, y el piano no es fácil porque es instrumental. Nunca lo sentí como un trabajo, porque es la pasión de mi vida, pero no fue sencillo al comienzo. Hoy, afortunadamente, todo está en un buen lugar.

Tuviste un proyecto centrado en colaboraciones femeninas. ¿Qué te llevó a explorarlo?
Hice dos especiales para HBO llamados Piano y Mujer. Durante la pandemia todo era muy raro, y sentí que no había nada más puro y honesto que un piano acústico y una voz femenina. Sin artificios, sin estudio, solo dos personas. Esa fue la atracción del proyecto.
¿Qué aprendiste sobre la escucha en esas colaboraciones?
Aprendí que cuando tienes voces tan potentes como las de Kany García, Goyo, Natalia Jiménez o Evaluna Montaner, no hacen falta más elementos. Solo la voz y el piano. Dos elementos que se convierten en uno.
Con la distancia del tiempo, ¿fue un proyecto artístico o algo más personal?
Empezó como algo artístico, pero cuando HBO compró los derechos y pidió una segunda parte, se transformó en algo mucho más grande. Hice doce sesiones más de Piano y Mujer y fue una experiencia increíble.
Volviendo a Detroit: siendo tan joven, tocabas en bares con adultos. ¿Qué aprendiste y qué sientes que sacrificaste?
Aprendí muchísimo. Era un mundo adulto: gente bebiendo, conversaciones, emociones fuertes. Para un chico de 15 años era impactante. Eso me formó mucho. Sigo volviendo a Detroit tres o cuatro veces al año. Me gusta regresar con mi gente, ver fútbol, hacer cosas normales. Eso me da equilibrio en medio de tantos viajes.
¿Qué podemos esperar de tu presentación el 5 de marzo en Bogotá?
Muchísima emoción. Es una celebración de 2 Manos 1 Mundo en un teatro icónico como el Jorge Eliécer Gaitán. El sonido es impecable y habrá artistas invitados, algunos del álbum y otros que admiro profundamente. No puedo esperar, va a ser increíble.








