13 de febrero de 2026
Tendencias
Día del Amante: cuando el deseo desafía las reglas y enciende la pasión
El 13 de febrero, un día antes de San Valentín, se reabre el debate sobre la libertad y el deseo en la infidelidad.
Por: Redacción Soho
Cada 13 de febrero, la conversación gira en torno a una fecha no oficial que, sin embargo, ha ganado terreno en la cultura popular: el Día del Amante. Más allá del tono provocador que suele rodearlo, la fecha sirve como punto de partida para revisar una figura histórica compleja: la de la mujer que, desde vínculos no legitimados públicamente, influyó en decisiones políticas, movimientos sociales y dinámicas de poder.
En Colombia —un país atravesado por una tradición católica conservadora y una moral pública exigente con el deseo femenino— el tema sigue generando debate. Pero la historia demuestra que el poder no solo se ejerció desde cargos formales; también se negoció en espacios íntimos donde muchas mujeres tuvieron un rol decisivo.
De la historia oficial a la influencia privada
La figura de Manuelita Sáenz es quizá el ejemplo más contundente en América Latina. Conocida como “La Libertadora del Libertador”, fue estratega, activista política y pieza clave del proceso independentista. Participó en redes de inteligencia y salvó la vida de Simón Bolívar durante el atentado de 1828. Durante décadas, su papel se redujo a lo sentimental, invisibilizando su capacidad política.

En la historia universal, Cleopatra entendió el vínculo entre deseo y diplomacia. Su relación con Julio César y Marco Antonio fue también una estrategia geopolítica para preservar el poder de Egipto. De manera similar, Madame de Pompadour, amante oficial de Luis XV, influyó en decisiones culturales y políticas en la Francia del siglo XVIII, convirtiéndose en mecenas y consejera en una corte dominada por hombres.
Estos casos demuestran que el rol de “amante” fue muchas veces una categoría reduccionista aplicada a mujeres que ejercieron influencia real en contextos donde no podían acceder formalmente al poder.
El lenguaje popular y la doble moral
En Colombia, la figura del amante no solo existe: tiene nombre propio en el lenguaje cotidiano. “La moza”, “el tinieblo”, “poner cachos” o “el arroz en bajo” son expresiones que forman parte del imaginario colectivo.
La música popular también ha permitido que estas historias se conviertan en relatos recurrentes. Personajes como “la otra” o “el plan B” aparecen una y otra vez en letras que narran celos, traiciones y pasiones clandestinas.
La cultura consume estas narrativas con naturalidad, mientras que en la vida real el juicio social suele recaer con mayor dureza sobre las mujeres. Esta tensión entre consumo cultural y condena moral refleja un debate que aún no se resuelve.
Deseo femenino y nuevas conversaciones
Según datos compartidos por la plataforma Gleeden, 7 de cada 10 mujeres usuarias afirman que la infidelidad no responde necesariamente a la falta de amor, sino a la búsqueda de deseo, validación y conexión emocional. Estudios internacionales sobre comportamiento relacional coinciden en que factores como insatisfacción íntima, rutina o carencia de comunicación influyen en este tipo de decisiones, tanto en hombres como en mujeres.
En los últimos años, además, el debate sobre monogamia, acuerdos abiertos y autonomía emocional ha ganado visibilidad. El 13 de febrero funciona como disparador cultural de una conversación más amplia: cómo se redefinen hoy las reglas afectivas y quién tiene derecho a decidir sobre su vida emocional.
No se trata de romantizar la infidelidad, sino de reconocer que el deseo femenino ha existido siempre, aunque durante siglos haya sido silenciado o castigado. Revisar la figura de la amante y el amante desde una perspectiva histórica y cultural permite entender que el poder, el deseo y las relaciones nunca han sido lineales.
Y quizá la verdadera pregunta no sea si esta figura existe —porque ha existido en todas las épocas— sino cómo estamos dispuestos a hablar de ella en el presente.


