Joaquín Guzmán Loera, el sanguinario y cara dura más astuto del planeta, y Emma Coronel Aispuro, su esposa y exreina de la Feria del Café y de la Guayaba, en Durango, llevaban encima unas suaves y sofisticadas chaquetas de terciopelo carmesí. Se veían como dos siameses enamorados en una cita romántica, durante el juicio por narcotráfico que se adelantaba en contra del líder del cartel de Sinaloa, en la Corte Federal del Distrito de Brooklyn, en Nueva York. Se soplaban besos cómplices desde sus asientos, de aquellos que transmiten el mensaje claro de que con el "resto" seguirán más tarde, pero no habría tal.

La esposa. Emma Coronel Aispuro, esposa del mafioso desde 2008, se rió cuando la amante de su marido, Lucero Guadalupe Sánchez López, rompió a llorar en la corte.Emma Coronel Aispuro, esposa del mafioso desde 2008, se rió cuando la amante de su marido, Lucero Guadalupe Sánchez López, rompió a llorar en la corte.

El carameleo duró hasta que apareció en escena Lucero Guadalupe Sánchez López, exdiputada de Sinaloa, con uniforme azul de presidiaria, delgada y con el pelo largo y desaliñado. Como testigo de la fiscalía, debía comparecer contra Guzmán, su amante, tras ser arrestada hace más de un año y medio mientras intentaba cruzar la frontera desde México a San Diego, California, acusada de conspiración para traficar cocaína.

La amante. Mientras su rival se burlaba, la exdiputada Lucero Guadalupe Sánchez López decía ahogada en lágrimas: “Estoy confundida porque pensé que estábamos involucrados de manera romántica”.

Mientras su rival se burlaba, la exdiputada Lucero Guadalupe Sánchez López decía ahogada en lágrimas: “Estoy confundida porque pensé que estábamos involucrados de manera romántica”.

El ambiente se tensionó cuando Lucero abrió la boca para contar que conoció al Chapo a los 21 años, cuando él la envió al Triángulo Dorado, como se conoce a la triple frontera de los estados mexicanos de Durango, Sinaloa y Chihuahua, para comprar marihuana "buena, bonita y barata" y cargar aviones con hasta 400 kilos de droga.

Emma jugueteaba con su pelo mientras que su rival luchaba por controlar un tic nervioso que la obligaba a apretar el rostro, a cerrar y abrir los ojos. Joaquín, por su parte, evitaba cruzar la mirada con sus dos mujeres. "Todavía estoy confundida”, le dijo Lucero al jurado, "porque pensé que, en nuestra relación, estábamos involucrados de manera romántica, como socios".

A pesar de que declaraba en su contra, todavía parecía estar enamorada del mafioso. Llegó un momento en que empezó a llorar y hubo que parar la sesión hasta que se calmó. Todo ello le provocó una sonrisa de satisfación a Emma, de 29 años, no más de 1,64 metros de altura, madre de las mellizas Guzmán Loera y con más de 81.000 seguidores en Instagram.

Durante el proceso, que duró cerca de tres meses, los fiscales expusieron una montaña de pruebas. En una de ellas ventilaron la estrecha relación entre él y su querida. Habían interceptado el celular de Lucero y sus mensajes de texto privados dejaban ver el grado de intimidad con que se trataban. En uno, la exdiputada le decía que acababa de marcar docenas de kilos de su marihuana con un sello que incluía un corazón y el número cuatro, una referencia al cumpleaños de Guzmán Loera, el 4 de abril. "El corazón significa que te amo y el cuatro, que bendigo el día que viniste a este mundo", escribió.

Las autoridades no eran las únicas que tenían chuzado el teléfono de Lucero Guadalupe. El Chapo también la tenía vigilada, tal como acostumbraba a hacerlo con su esposa, familiares y socios, cuyos mensajes también espiaba. Lo mismo hacía con sus otras amantes, entre ellas Agustina Cabanillas Acosta, alias “la Fiera”, con quien hablaba de crear empresas en Alemania y en Ecuador, o de exportar droga a Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia. Las escuchas revelan que Guzmán pagó su liposucción y en uno de los textos le decía que era la persona más importante de su vida.

Las pruebas fueron recopiladas con la ayuda de 56 testigos y requirió del trabajo investigativo del FBI, la DEA, la Guardia Costera estadounidense, el área especial de investigaciones del Departamento de Seguridad Nacional y de fiscales federales en Miami, San Diego, El Paso, Nueva York y Washington. Además, de decenas de oficiales de policía estadounidenses y de las autoridades de Ecuador, Colombia y República Dominicana.

Los reportes incluían fotografías inéditas de personas cercanas al mexicano, entre ellas, sus cuatro esposas. La primera fue Alejandrina María Salazar Hernández, con quien tuvo cuatro hijos. Con Griselda López Pérez, la segunda, tuvo otros cuatro retoños. A Estela Peña, una empleada bancaria de Nayarit, la asedió siendo muy joven hasta seducirla (otra versión dice que la raptó), antes de conocer a Emma Coronel Aispuro.

Se casó en 1977 con Alejandrina María Salazar Hernández, con quien tuvo cuatro hijos.

Se casó en 1977 con Alejandrina María Salazar Hernández, con quien tuvo cuatro hijos.

Guzmán Loera también sostuvo noviazgos que no imponían reglas de fidelidad. Reo en la cárcel de Puente Grande, en Jalisco, conquistó a Zulema Hernández, una presa de origen muy humilde, cuyo cuerpo y belleza arrebataron al criminal. Ni la cocinera de la prisión se salvó, pues la cautivó con el propósito de que le preparara enchiladas potosinas iguales a las de su mamá, María Consuelo Loera López.

A Zulema Hernández la conoció cuando ambos estaban presos en la cárcel de Puente Grande. Fue hallada muerta en 2008.

A pesar de ser un tipo bajito y poco atractivo, tuvo aventuras dignas de un donjuán. Amó con la misma intensidad que después le ponía al olvido. Es un depredador que siente la necesidad de enamorarse y galantear: "Como hombre, es un infame y un cobarde. Primero llega por la buena a cortejar y si la ‘chava‘ lo rechaza es violentada", contó Anabel Hernández, en la biografía más leída del Chapo, Los señores del narco.

El juicio tuvo momentos tragicómicos, pero quizá el más truculento de todos se dio el día en que Lucero Guadalupe contó cómo ella y el Chapo huyeron desnudos por un túnel en Culiacán. La conmoción que le produjo evocar aquel momento fue tal, que la audiencia se detuvo unos cuantos minutos mientras paraba de llorar.

En la madrugada del 17 de febrero de 2014, contó, los dos estaban en la cama cuando el escolta personal de Guzmán entró alarmado: las tropas acababan de llegar por él. Como pudieron, llegaron al baño. Automáticamente se abrió la tapa de la escotilla de escape que había debajo de una tina y empezaron a bajar por las escaleras de madera que conducían a un túnel.

Cuando el equipo táctico de infantes de marina mexicanos tumbó la puerta de la casa, el capo se abría paso en medio de la oscuridad húmeda y putrefacta del pasadizo hasta que, finalmente, salieron cerca de un río. Los agentes no lo atraparon esa noche, pero encontraron algunas de sus pertenencias: un lanzador de granadas propulsado por cohetes y una pistola con su monograma e incrustaciones de diamantes.

Joaquín Guzmán Loera fue acusado de ser el principal líder de una operación criminal para comprar drogas de varios proveedores en Colombia, Ecuador, Panamá y el Triángulo Dorado de México. También se le acusó de obtener 14.000 millones de dólares, a lo largo de su carrera, por transportar hasta 200 toneladas de narcóticos a través de la frontera con Estados Unidos, mediante yates, lanchas, botes de pesca, aviones, trenes de carga, submarinos semisumergibles, tractocamiones llenos de carne congelada y latas de jalapeños. Los túneles no solo le servían para escapar sin ropa, sino también para traficar.

Después de la lectura de los cargos, el Chapo volteó a mirar a Emma Coronel Aispuro por última vez. Ella levantó sus pulgares en un intento de consuelo en tanto que lloraba por enésima vez. Ahora, el hombre más buscado del globo y uno de los más acaudalados, pasará el resto de su vida en el Alcatraz de las Rocallosas, una fortaleza a 64 kilómetros al sur de Colorado Springs, Colorado, en una planicie desértica e inhóspita, donde su rastro se borrará de la faz de la Tierra, a menos que logre la hazaña de escaparse, como ya lo hizo otras veces.