Este artículo hace parte de la última edición de la revista SoHo

El auge de internet ha traído una subida dramática del consumo de pornografía y las cifras más recientes lo dejan al desnudo: en 2018, PornHub, la web más popular de este segmento, tuvo 33.500 millones de visitas, un promedio de 92 millones de entradas diarias, que equivalen a la suma de las poblaciones de Canadá, Polonia y Australia.

Durante un estudio realizado por el profesor Jason S. Carroll, de la Brigham Young University, en Estados Unidos, el 50 por ciento de los hombres reportaron que ven este tipo de videos semanalmente, mientras que solo el 1,2 por ciento de las mujeres lo hicieron. Así mismo, el 44,6 por ciento de los varones lo disfrutan solos, mientras que es 3 o 4 veces más probable que ellas lo hagan con sus parejas.

Sexólogos, terapistas de parejas y otros expertos reportan que se les ha vuelto frecuente recibir en sus consultorios a mujeres preocupadas o molestas, porque sus esposos o compañeros de cama les piden ver este tipo de contenidos mientras están en acción. ¿Hay algo de malo en ello?

Para la psicóloga Suzi Godson, columnista de sexo del diario The Times, de Londres, las investigaciones revelan que el impacto de la pornografía en las relaciones es más positivo para las parejas que la usan juntos que para aquellas en que cada cual o uno de ellos lo hace por su lado. En el primer caso, apunta, “las parejas son generalmente más abiertas a nuevas experiencias sexuales, tienen relaciones más a menudo y se les facilita hablar de sus deseos y fantasías”.

En cambio, cuando nada más uno de los integrantes ve pornografía, se afecta el sentido del compromiso, hay menos satisfacción y aumentan las posibilidades de rompimiento. Ello debido a que estos materiales crean expectativas irrealizables y ello acarrea frustración. Así mismo, la persona que no es aficionada a esta práctica puede sentirse excluida de la relación, y ello puede ser motivo de conflicto. Carroll, no obstante, reporta que hay casos en que a la mujer no le molesta que su hombre tenga una vida sexual en solitario.

Aun así, dice Godson, siempre es conveniente preguntarse las causas profundas cuando este gusto se vuelve exagerado. Estudios señalan que ver mucha pornografía puede estar asociado con altos niveles de depresión. También suele merodear el fantasma de la disfunción eréctil, que últimamente afecta a tantos jóvenes que no pueden parar de ver porno en la web. Los hombres se sienten tan condicionados por esta costumbre, que sienten miedo de no sostener una erección cuando están con sus parejas sin el estímulo de un video caliente, explica la psicóloga.