Las carreras Ascot, en Inglaterra, quizá las de mayor prestigio en su género, echaron de menos este año a dos asiduos asistentes: el soberano de Dubái, Mohammed bin Rashid Al Maktoum, quien solo en caballos tiene 1000 millones de dólares, y la princesa Haya, una de sus seis esposas y la única que él exhibe ante el mundo. La pasión por los equinos hizo a la pareja muy amiga de la reina Isabel II, quien los ha invitado a entrar al hipódromo con ella en su carruaje y a sentarse en el palco real.

También se cree que Haya se escapó para esquivar el castigo que le esperaba por engañar a Mohammed con su guardaespaldas, Russell Flowers (en el círculo). Zayed y Jalila son sus hijos con el príncipe.

De la elegante Haya, quien como activista es muy mediática, no se sabía desde febrero pasado y su reaparición, en julio, causó estruendo tanto en Oriente Medio como en Europa. Tras meses de silenciosa preparación, escapó a Inglaterra, país que le es muy familiar, pues allí recibió la educación digna de la hija del fallecido rey Hussein de Jordania. La exalumna de Oxford hizo titulares de primera plana, al solicitarle a un juez una orden de non-molestation, recurso legal para resguardarse del abuso intrafamiliar, así como una orden de protección contra un matrimonio arreglado en favor de su hija Jalila, de 12 años, cuyo padre quiere prometerla en matrimonio a un novio impuesto por él. Por su parte, el emir pidió a los tribunales británicos el divorcio y la devolución inmediata a Dubái, de Jalila y su hermano Zayed, de 7, a quienes Haya se llevó en su fuga. “Habrá guerra”, se rumora en la barra de abogados de Londres, pues si la lucha por la tutela de los menores promete sacar a la luz algo muy podrido, el divorcio se perfila como el más caro en la historia del Reino Unido, dado que están en juego los 4500 millones de la fortuna del emir.

¿Qué pasó, si Haya decía que todos los días le agradecía a Dios por su esposo? ¿Cómo es que él se muestra tan machista con su hija, cuando ha promovido los derechos de las mujeres y el 85 por ciento de su equipo es femenino?

La princesa Latifa, otra de sus hijas, quizo escapar dos veces y por eso fue encarcelada, golpeada y amenazada de muerte. Hoy, su padre la mantiene cautiva.

El escándalo insinúa una cara muy distinta del hombre que transformó a Dubái de paraje perdido en el golfo Pérsico a ciudad-estado ultramoderna. Desde antes de subir al trono, en 2006, él se propuso preparar a su tierra para cuando se agotaran las reservas de petróleo. Así, hizo de Dubái un paraíso fiscal y con los millones de dólares que llegaron por eso desarrolló los puertos, la inversión extranjera, la banca, las zonas económicas libres, el turismo y la aviación comercial. El sheik, quien también es primer ministro y vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos, creó hitos como el hotel Burj Al Arab, el proyecto urbanístico Palm Islands y la torre Burj Khalifa, la más alta del planeta.

Mohammed es dueño y accionista mayoritario de las grandes empresas de su patria. A cada una de sus esposas, con las cuales tiene más de 20 hijos, les tiene un palacio. Posee seis aviones privados y además de caballista de renombre internacional, escribe poesía.

La intriga mayor es por qué se escabulló Haya, con la friolera de casi 38 millones de dólares en el bolsillo. Una versión asegura que lo hizo antes de que su marido le castigara su infidelidad con el guardaespaldas Russell Flowers, destinatario de regalos carísimos de ella, como un rifle de 70.000 dólares, ropa de Savile Row y un Range Rover, además de que lo instaló en una costosa casa en Inglaterra. Son tan inseparables, que ello desató el divorcio de Flowers de su esposa.

Otra truculenta hipótesis remite a Shamsa y Latifa, hijas del sheik. En 2000, la primera tenía 18 años y estaba de vacaciones en el palacete de su padre en Londres, cuando él le comunicó que no la dejaría ingresar a la universidad. Harta de tantas restricciones, se fugó. Los hombres del emir la encontraron y pusieron de vuelta en Dubái. Tras ocho años de prisión y maltratos físicos y psicológicos, siguió cautiva, pero en casa de su madre, la princesa Houria, sedada todo el tiempo. Shamsa no ha aparecido en público en veinte años y una de las pocas personas que la ha visto, la entrenadora Tiina Jauhiainen, describe a una mujer casi anoréxica y tan deprimida, que ha intentado suicidarse tres veces. Hoy no se sabe a ciencia cierta si vive.

El sheik, con algunos de sus hijos y nietos. Tiene un palacio para cada uno de sus seis hogares.

La historia fue corroborada por su hermana Latifa, cuya suerte también es motivo de alarma. En su segundo intento de escapar del constreñimiento de su padre, viajó en auto, jetski y bote a India, en cuyas costas de Goa abordó un yate que horas más tarde fue asaltado por policías locales y del emirato que la retornaron a Dubái. También pagó su audacia con cárcel y abusos comandados por el emir. “Un hombre me sujetaba, mientras que otro me golpeaba. Ellos me decían: ‘Tu padre nos ordenó que te golpeáramos hasta matarte’”, declara Latifa en un video que apareció a comienzos de este año, promocionado por organizaciones que denuncian las múltiples violaciones de derechos humanos en el emirato.

A Haya, Mohammed le dijo que Latifa fue víctima de una extorsión, asegura Marcus Essabri, un pariente transgénero que la familia real desterró cuando manifestó su preocupación por Shamsa. Pero ella investigó, agregó Essabri, y cuando se convenció de que su marido es capaz de secuestrar y someter al suplicio a sus hijas, se voló, temerosa de que ella corriera la misma suerte y no volviera a ver jamás a Jalila y Zayed, según contaron también medios ingleses como el Daily Mail. En noviembre, tendrá lugar un nuevo round en las cortes, donde se espera que la jordana diga lo que sabe de los abusos a sus hijastras para justificar sus peticiones. Como sea, el príncipe que fuera visto como el modernizador estrella de Medio Oriente, ahora está bajo sospecha de ser un cavernario que atropella sin piedad a las mujeres de su dinastía.