Soccer Football - FIFA World Cup Qatar 2022 - Fans in Buenos Aires watch Argentina v Croatia - Buenos Aires, Argentina - December 13, 2022 Argentina fans celebrate after the match as Argentina progress to the final REUTERS/Agustin Marcarian
Soccer Football - FIFA World Cup Qatar 2022 - Fans in Buenos Aires watch Argentina v Croatia - Buenos Aires, Argentina - December 13, 2022 Argentina fans celebrate after the match as Argentina progress to the final REUTERS/Agustin Marcarian | Foto: Reuters

Mundial Qatar

16 de diciembre de 2022

Este domingo, con la “Scaloneta” elijo confiar

Desde Buenos Aires, epicentro del derroche de pasión que despierta la finalista Argentina, la periodista Karina Labraña cuenta cómo se vive en un país agobiado por la crisis económica y los malos gobiernos, pero concentrado en cada esquina en un solo propósito: alentar al equipo de Messi para que sea campeón.

Por: Karina Labraña // Periodista Radio Mitre, desde Buenos Aires

Los argentinos somos futboleros. Muy futboleros, no cabe duda. El fútbol está en nuestro ADN marcado a fuego. Pocas cosas son tan sagradas como nuestra mamá, “la viejita”, y los partidos del campeonato del domingo. Es común escuchar: “Dicen que se puede cambiar de pareja, de amigos, de banda favorita y hasta religión… Pero nunca de camiseta”. Es el fútbol nuestro de cada día, el de los domingos entre amigos y los cantos de la hinchada, el que nos representa, nos viste, nos exhibe, nos motiva y nos deja de cara frente a nuestras miserias y nuestras virtudes. Es una pasión tan argentina que conmueve, contagia y llama la atención del mundo entero.

Para tomar dimensión, actualmente en la Ciudad de Buenos Aires hay 18 estadios de fútbol, realidad que probablemente la ubique como la metrópoli con más estadios en todo el mundo. Cuando el fútbol apareció en la escena nacional, nuestro Estado-Nación todavía no se había terminado de conformar. Funcionó, entonces, como una matriz de nacionalidad y eje de identidades locales.

Argentina está a un partido de alcanzar su tercera copa mundial. La primera se logró siendo sede, en el año 1978, en medio de una dictadura militar atroz. Este evento deportivo fue un oasis en medio de un proceso tristísimo de nuestra historia. La segunda llegó en México ´86, coronando ese “gol del siglo” inolvidable de Maradona a los ingleses, en cuartos de final, un grito de desahogo a la guerra de Malvinas que, cuatro años antes, destrozó el alma de los argentinos.

Este mundial llegó en un momento justo para devolvernos la sonrisa que perdimos tras el manejo sanitario desvergonzado del gobierno nacional en los dos primeros años de pandemia. Más de 130 mil muertos, la cuarentena más larga del mundo, el escándalo conocido como “los vacunatorios Vip”, relacionado con la aplicación de las vacunas para el Covid sin respetar protocolo, las fiestas que se realizaban en la residencia presidencial mientras nos tenían encerrados por decreto, sin poder circular, con familias enteras destruidas por no poder despedir a sus seres queridos, fueron algunas de las cosas que provocaron una estrepitosa caída de la imagen presidencial, que hoy tiene el peor indicador de los últimos 20 años, todo un antirécord si se considera que, en cuestión de meses, esta gestión pasó de tener los mayores niveles de imagen positiva a los peores.

Todo esto sumado a un índice de inflación mensual que ronda el 6%, y cierra, este 2022, con la segunda más alta de América latina, detrás de Venezuela. Creció el número de pobres, cuya cifra asciende a más de 20 millones de personas. Se multiplicó la cantidad de personas en situación de calle. Aumentó el delito y la inseguridad. En este marco, llega Qatar 2022, como una bocanada de aire, como la luz al final del túnel que nos deja ver que hay una esperanza, al menos, de pasarla un poco mejor, de conectarnos con el fútbol que tanto nos gusta.

Y en este camino, en este recorrido por las distintas fases, comenzamos a conocer miles de historias insólitas. Como la de Lucas, Silvio y Leandro, tres amigos que decidieron renunciar a sus trabajos para iniciar la aventura más importante de sus vidas: recorrieron 10.000 kilómetros y atravesaron 15 países durante aproximadamente 200 días, para llegar a Doha, capital de Qatar, ilusionados por ver a la Argentina de Messi. Pasaron momentos complicados, pero todo valió la pena. O la de Victorio, un médico tucumano que se iba a casar en diciembre, pero su novia lo alentó a que viajara a ver a la selección argentina. O la de Leandro y Vanesa que decidieron gastar todo el dinero que tenían ahorrado y vendieron su auto para comprar los pasajes y reservar la estadía en Doha.

Con el correr de los días, el furor por viajar a Qatar fue acrecentando. En esta última semana, la “fiebre por la “Scaloneta” provocó una demanda de vuelos para ver la final, con un aumento del 400% en menos de 24 horas, lo que hace que el costo de los pasajes también subiera indiscriminadamente. Y se agotaron. Los que nos quedamos en Argentina, nos concentramos en no romper las cábalas.

Cada partido ganado, se repite la logística: se mira en el mismo lugar, con las mismas personas. Si bien el primer partido con Arabia Saudita nos desacomodó, las palabras que Lionel Messi dedicó a todos los hinchas nos puso nuevamente de pie: “A la gente le digo que confíe. Este grupo no les va a dejar tirado y vamos a ir a por los dos partidos”. Y su convicción nos ayudó a creer. Luego pasaron México, Polonia, Australia, Holanda y así llegamos a la semifinal. El partido con Croacia nos ubicó de cara al sueño mundialista. El martes pasado, pasadas las 18 hs., cuando el árbitro italiano Daniele Orsato dio la pitada final, sentenciando en 3-0 en favor de Argentina, las calles se vistieron de celeste y blanco, como nunca.

Abrazos, llantos de emoción, cánticos, bocinazos, banderas en los autos, en los balcones, generaciones festejando unidas, de una manera que sólo el fútbol puede lograrlo. Por primera vez, después de tanto tiempo, la alegría inundó las casas de los argentinos. De norte a sur. Sin grietas. Celebrando el juego de un equipo que supo vencer los obstáculos e ir por un objetivo en común, focalizando en las fortalezas de cada uno, abriendo el juego, alentándose, conteniéndose. Hermoso ejemplo, ¡qué gran lección nos ha dado este equipo!.

En medio de tanta alegría, luego de la transmisión del partido, la periodista argentina Sofía Martínez, supo transmitir a Lionel Messi, con tanta claridad, desde el corazón, lo que cada argentino sentía en ese momento: “Se viene una final del mundo y si bien todos queremos ganar la Copa, quiero decirte que, más allá del resultado, hay algo que no te va a sacar nadie: atravesaste a cada uno de los argentinos. No hay niño que no tenga tu remera, sea la original, “la trucha”, la inventada o la imaginaria. Y es verdad: marcaste la vida de todos. Y eso para mí es más grande que cualquier copa del mundo. Eso no te lo va a sacar nadie. Es un agradecimiento tan grande por ese momento de felicidad que le hiciste vivir a tanta gente. Ojalá te lo lleves en el corazón porque creo que es más importante que una copa del mundo. Así que gracias, capitán”, concluía frente a un Messi que escuchaba emocionado.

¿Cómo esperamos el partido frente a Francia en Argentina? Ansiosos, por supuesto, pero felices. La Selección Argentina nos sacudió, nos despertó de un largo letargo y nos devolvió la alegría, esa emoción que también está en el ADN argentino. Nos mostró que con esfuerzo, trabajo, compañerismo, el objetivo es posible o, al menos, alcanzable, y que en los momentos difíciles hay que estar más unidos que nunca para salir a flote. Maravilloso mensaje han dejado a una Argentina castigada. Por eso, este domingo, con la “Scaloneta” elijo confiar.

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