Durante su historia, la industria tequilera se caracterizó por una fuerte presencia masculina. Hoy, las mujeres se han adentrado en el mundo del tequila y han logrado reconocimiento. Carlota Montoya es una de ellas.

México es muchas cosas. Albures. Dulces de chile. Tacos. Faldas de montañas como pocas. Lucha libre. Picante. Incluso, la muerte es mexicana. Pero, sobre todas estas cosas, México es, sabe, huele y se siente como un buen tequila.

El agave siempre ha sido mujer. En la época prehispánica, la planta representaba a Mayahuel, una hermosa joven que, cuenta la leyenda, al morir se convirtió en diosa y de su cuerpo brotó el maguey, un género de plantas de las que se extrae el tequila, el mezcal, el bacanora y el pulque.

Según Andrés Rodríguez Reynoso, fundador y presidente de la Academia Mexicana del Tequila, solo un porcentaje pequeño de mexicanos tiene conocimiento formal acerca de la clasificación, cata y creación del tequila. Él lleva en la industria desde 1975 y cree que el crecimiento de mujeres expertas durante la última década se debe al considerable número de ingenieras industriales y químicas que se han interesado en la bebida.

Carlota Montoya es maestra tequilera de la Academia Mexicana de Catadores de Tequila, Vino y Mezcal desde 2015, un título que a mayo de 2018 habían conseguido solo 12 mujeres. Ana María Mena, Bertha González y Melly Barajas son las más populares, pero Sandra Fernández Gaytán, Laura Santander, Carlota Montoya y Paola Bass se han encargado de seguir esparciendo el influjo del tequila en el mundo.

La familia de Carlota Montoya llegó a México en 1939, proveniente de España. En su hogar nunca faltó el alcohol como parte de la convivencia. A sus 35 años, ella sigue estudiando cada vez que puede sobre bebidas: ahora está en Nueva York, aprendiendo sobre whisky.

Montoya es dueña de una compañía de consultoría de comunicación y socia en un grupo editorial en Ciudad de México. Desde 2010, después de encargarse de una revista llamada Tequila apasionado, comenzó a expandir su conocimiento sobre este destilado.

Su primera acción fue organizar un panel especializado, que consistía en una cata a ciegas, donde los participantes, incluida ella, solo sabían que iban a calificar tequilas blancos, reposados y añejos. Después de hacer la cata, Montoya y el resto hicieron su evaluación con base en la Norma Oficial Mexicana para el tequila —que está presente dentro de la legislación azteca—  y calificaron la elaboración de los tragos.

Así entró a la industria. Su perfil: evaluación de bebidas; es decir, Montoya es una sommelier de destilados. Ya fue jurado del Concurso Mundial de Bruselas, reconocido desde 1994 como uno de los eventos más importantes de la industria de bebidas alcohólicas.

Para hacerse acreedora al título de maestra tequilera, una persona debe llevar mínimo dos años dentro de la industria. Y no todos se dedican a evaluar, como ella. Existen otros perfiles, como el de la preparación.

Para Sandra Fernández, quien se acreditó como maestra tequilera junto a Carlota Montoya, ser maestra significa dos cosas: “Dignificar a México y respaldar la bebida nacional más importante que tenemos y una de las categorías de destilados más importantes del mundo”.

En 2015, año en el que Montoya obtuvo el título de maestra tequilera, de las 17 personas que se certificaron, cuatro eran mujeres, lo que para ella demuestra que “la tasa era favorecedora para la equidad de género y empoderamiento”.

Asegura que el Consejo Regulador del Tequila, una de las instituciones más importantes en México, tiene un número considerable de mujeres trabajando en los laboratorios y haciendo investigaciones específicas sobre el terroir y el desarrollo de la planta. “El único lugar en donde no he visto mujeres es en los campos, trabajando como jimadoras”, afirma.

Para Lala Noguera, curadora en la cultura del agave mexicano, “sin duda, la industria del tequila era una actividad meramente de hombres; actualmente, son pocas las maestras tequileras. Se necesitan más, a comparación del mezcal, en donde son más de 50”.

El tequila está cambiando. No solo lo hace su industria al diversificarse, también lo hace, en palabras de Montoya, cuando se sofistican los productos. “Más allá de crear bebidas, el desarrollo de las marcas premium tiene que ver con conceptos, con crear experiencias relacionadas con herencia, cultura, conocimiento de un lugar; eso ha cambiado desde que soy maestra tequilera”.

Noguera añade que ser maestra tequilera “significa que las mujeres también hoy son responsables de desempeñar grandes proyectos. La mujer es la visión de un futuro con más sensibilidad y en el tequila esa emoción se demuestra en cada nota aromática y sensación en el gusto”.

Se estima, según la Cámara Nacional de la Industria Tequilera, que el sector crecerá un 5 por ciento tanto en la producción como en la exportación del destilado para 2019, así como lo ha logrado en años anteriores.

El tequila sigue creciendo y expandiendo sus fronteras, al punto de que ya es producido en Letonia, Singapur y Alemania. Siendo la representación de México en el mundo y un emblema nacional, es necesario que no solo rompa con las fronteras, sino con los estereotipos.

Según Sandra Fernández, el tequila significa “arraigo, tradición.  El tequila siempre ha existido en las mesas mexicanas. En brindis, bodas, bautizos y también en ceremonias luctuosas. Se bebe como aperitivo, como digestivo, pero también durante toda una comida o en las fiestas. No hay un solo protocolo”.

A criterio de Montoya, hay que valorar a las bebidas alcohólicas. “Todas crean cultura, no por la embriaguez, sino por el conocimiento que genera descubrir una civilización por el tipo de tragos que consume. Cada región tiene un desarrollo de una específica y eso es fascinante. Antes de entender la pasteurización, las bebidas eran regalos de los dioses y eso es algo hermoso”.

Desde Mayahuel hasta Carlota, el agave siempre ha sido mujer. Para Lala Noguera, “Mayahuel es parte de la mitología náhuatl propia de los aztecas. Hoy, la mujer es la historia resumida en sus saberes y habilidades. La mujer mexicana se personifica a sí misma en esta agavería en donde el hombre era el dios. Hoy caminamos a la par, conquistando al mundo en dualidad, no en protagonismo ni en una lucha de sexos”.