"El picado de músero, muere picado de músero", es la sentencia de los campesinos del Chocó para referirse a los picados de murciélago. Yo soy un picado de vampiro, no morí de rabia, babeando y alucinando, pero moriré picado de vampiro. Fue en el Chocó. Al amanecer, sentí un pequeño escozor en el dedo meñique. Al observarme, tenía una pequeña incisión lateral, pequeña y circular, como de cirujano. La hamaca estaba manchada de sangre. Durante el sueño había dejado mi mano descubierta y me había mordido un vampiro de esos que tienen dientes como cuchillas, el aparato digestivo adaptado para procesar sangre y unas extremidades que le permiten aterrizar cerca de la víctima con sigilo y morderlo sin generar ruidos que los delaten y anestesiando la zona con su saliva para evitar que la víctima se despierte al sentir la chupada. Para que no ande por la calle, como yo, "picado de músero", puede comprar por Internet un espantador electrónico de murciélagos que consume unos 8 watts de energía y le cubre unos quinientos metros a la redonda. Si no le funciona siga estas instrucciones:

1. Lávese la herida con abundante agua y jabón.

2. Cubra el área afectada con tela o gasa limpia.

3. Los estudios dicen que solo el tres por ciento de los murciélagos tienen rabia, pero mientras censan y expiden certificados de vacunación antirrábica a los murciélagos de su municipio, vaya al centro de salud más cercano y hágase aplicar la vacuna antirrábica y no sueñe que se muere de rabia.

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