31 de marzo de 2026
Entrevista
Conducta Delictiva lleva el periodismo de crimen a una experiencia teatral
En el Teatro Astor Plaza de Bogotá, Conducta Delictiva presentó por primera vez un formato en vivo de su popular podcast.
Por: Redacción Soho
Por: Luisa Sánchez
En un ecosistema mediático donde el crimen suele reducirse a cifras, Michell Rodríguez y Kevin Pinzón decidieron detenerse en un factor poco convencional, la voz del victimario y el análisis del comportamiento humano. Así nació Conducta Delictiva, un proyecto periodístico que se ha propuesto entender antes que señalar y analizar, desde otro punto de vista, los distintos casos y testimonios abordados.
El podcast documenta historias y las contextualiza. Cada caso abre una conversación sobre ética, responsabilidad y las líneas delgadas que separan a una persona común de una decisión irreversible. Para sus creadores, el periodismo criminal también cumple una función pedagógica para las diferentes ramas involucradas, al exponer información sobre perfilamiento, comportamiento psicológico y hacer visibles las consecuencias reales de los actos, además de reflexionar sobre la fragilidad de la libertad.
Con el paso del tiempo, el proyecto también ha implicado el impacto emocional de contar historias desde la cárcel. Escuchar de cerca estos relatos no solo transforma la manera de narrarlos, sino también la forma en que se entienden las decisiones humanas y sus efectos. Esa misma búsqueda los lleva ahora a asumir un nuevo desafío narrativo, trasladar su trabajo del entorno digital a una experiencia teatral que invita al público a enfrentarse, desde otro lugar, a la realidad penitenciaria del país.
¿Cómo nace Conducta Delictiva y en qué momento deciden que este es el formato adecuado para contar estas historias?
Michell Rodríguez: Conducta Delictiva nace de la necesidad de pasarnos de los medios de comunicación a un espacio digital y también de una necesidad personal, porque decidimos renunciar a nuestros trabajos y apostarle a algo nuevo. Empezamos a ver referencias en otros países, a construir la marca y los colores. Nos demoramos todo un año haciendo la planeación de lo que hoy es un podcast. Al principio pensábamos que iba a ser un espacio para entrevistar personas, pero después le dimos un objetivo más claro y así fue naciendo lo que hoy conocen como Conducta Delictiva.
¿Qué vacío periodístico creen que existía en ese momento sobre el crimen para que este espacio fuera necesario?
Kevin Pinzón: Creo que el vacío más grande es que hay muy pocos formatos y, a la hora de cubrir un hecho, lo más obvio siempre era entrevistar a la víctima o a la familia de la víctima. Había un vacío enorme en entrevistar a los victimarios. No lo decimos nosotros, lo dice la ciencia, los perfiladores y las personas que se dedican a esta rama: es importante analizar qué dicen, cómo actúan, cómo piensan y cómo manejan sus emociones las personas que cometen delitos. Ese era el vacío más grande que tenía el periodismo y que poco a poco hemos tratado de cubrir.
¿Cómo es el proceso de selección de los casos y qué criterios utilizan para incluirlos en el programa?
Michell Rodríguez: En este espacio le damos voz no solo a los victimarios. No nos hemos especializado únicamente en cárcel, también seguimos escuchando a las víctimas. Perfilamos las historias de acuerdo con las versiones: casos donde tenemos dos, tres, cuatro o hasta cinco versiones del mismo hecho. Buscamos situaciones que nos pueden pasar a cualquiera, decisiones y circunstancias que todos, en algún momento de la vida, podemos atravesar, porque después de escuchar estos relatos la reflexión que queda es aprender a tomar mejores decisiones.
Kevin Pinzón: Uno de los pilares más grandes es que todas las historias sean hechos que a cualquier persona le pueden pasar. Uno de los propósitos del podcast es mostrarle a la gente que no está tan lejos de ser víctima o victimario. Queremos historias con las que la gente se sienta identificada y de las que pueda tomar elementos para su vida personal.
Ustedes vienen de programas de televisión reconocidos. ¿Qué dilemas éticos se han encontrado y han tenido que resolver como pareja?
Michell Rodríguez: Es un reto todos los días, porque cada decisión trae una consecuencia, como nos lo han enseñado las mismas historias. La experiencia en esos medios de comunicación, con grandes directores a nuestro lado, nos dio ese olfato para saber en dónde sí nos podemos meter y en dónde no.
Kevin Pinzón: Ha sido una línea muy delgada. Entrevistar a un victimario en un hecho de connotación nacional ha sido valorado por muchas personas; incluso víctimas directas nos han dicho que gracias a la entrevista pudieron entender o conocer otra versión. Pero también está el dilema de quienes no entienden que es un espacio de análisis y reflexión y lo ven como si se exaltara a alguien que cometió un delito. Ha sido una línea muy delgada y hemos tratado de cruzarla de la mejor manera.
Cuando entrevistan víctimas o personas privadas de la libertad, ¿Qué tipo de preparación realizan para saber cómo hablarles y cómo hacer las preguntas?
Michell Rodríguez: Lo más importante es quitarse un poco los prejuicios. Nuestro trabajo es escuchar y no juzgar. No somos jueces de la República; nuestro trabajo es mostrarle a la audiencia que todavía hay humanidad, y que muchos privados de la libertad muestran arrepentimiento. Esa es la primera preparación. Al empezar, teníamos un psiquiatra muy cercano que nos asesoraba sobre cómo preguntar, cómo mirar y cómo saludar. Yo venía de un programa judicial de confrontación y aquí es todo lo contrario. Aprendí mucho de Kevin, él me dio pautas y lineamientos. Hoy sigue siendo un reto, pero ya hace parte de nuestro diario vivir.
¿Qué aprendizaje ha marcado su trayectoria en el podcast, que consideren valioso y desean compartir con otros periodistas?
Kevin Pinzón: Lo que más atesoramos Michell y yo es ser reales delante y detrás de la cámara. Muchas veces a los periodistas nos enseñan a hablar o a actuar de cierta manera, aunque siempre se hable de objetividad. Respetar completamente al entrevistado ha sido clave. Eso ha hecho que la relación no solo sea sólida durante la entrevista, sino después. El público y los propios entrevistados nos han dicho que muchas veces sienten que otros medios llegan, los usan y se van. Con nosotros ha sido diferente y eso ha sido algo muy positivo del podcast.
¿Consideran que el periodismo de crimen tiene una labor pedagógica para disciplinas como la psicología, el periodismo o el derecho?
Kevin Pinzón: Ese fue uno de los objetivos: hablar del comportamiento humano. Siempre se hablaba de asesinos seriales de otros países y acá muy poco. Nos han invitado a espacios universitarios para analizar las entrevistas que hacemos. Nos siguen psiquiatras, psicólogos y abogados. Esto ha permitido que se unan varias ramas del conocimiento y aportar a la ciencia con los testimonios que recopilamos en las cárceles de Colombia. No pretendemos ser psicólogos, abogados o criminólogos; somos un canal de comunicación. Un espacio donde muchos profesionales tienen acceso a material inédito y digno de estudio. Incluso nos han dicho que ha servido para mostrar qué sí se hace y qué no se hace.
¿Como cuidan su salud mental para mantener la postura profesional y enfrentarse a las historias más difíciles?
Michell Rodríguez: Al principio sí afecta, pero con la experiencia uno aprende a blindarse y a tomar distancia, aunque hay temas que todavía no te dejan dormir tranquilo. Ser pareja es un plus muy grande: nos apoyamos cuando a uno le afecta la historia. A los colegas, agradecerles a quienes nos ven y a los medios que replican nuestras entrevistas. En Conducta Delictiva siempre encontrarán una mano amiga y colega. Hacemos una labor igual a la de ustedes, con esfuerzo y rigor, para darle lo mejor al público.
Kevin Pinzón: Otra ventaja es que contamos con un gran equipo joven. Tratamos de tener un ambiente cercano y ameno. Al salir de las cárceles buscamos espacios tranquilos para que el cerebro se resetee. Al principio hacíamos más actividades con amigos; hoy ya hace parte de nuestro trabajo. A los colegas, admiración. Nos alegra inspirar a otros formatos. Empezamos con dos celulares, una lámpara y un bombillo, y hoy somos una empresa que genera oportunidades. El periodismo joven también es riguroso, serio y ético.

