4 de julio de 2026
Columnistas SoHo
¿Cómo sobrevivir a un narcogol?
México abre sus puertas para el Mundial entre promesas oficiales, estadios maquillados y una certeza amarga: no se puede ocultar al mundo narco.
Por: Redacción Soho
Por Nacho Lozano
Rumores. Por primera vez un mundial, que también se juega en México, está amenazado por el narco. Temores. ¡Qué horror! ¡Corran! ¡Se cancela todo! ¡Qué miedo! Burlas. Risas. Luego el mundo se acuerda de que el narco ha estado entre nosotros por décadas. ¿Cancelar? No es para tanto. El mundo y la impoluta FIFA (no se rían) ruegan: relájense todos que no vamos a arriesgar el negocio por sus miedos. El narco amenaza todos los días la democracia, la educación de los niños, a los migrantes, la salud y la vida, la paz. ¿Queremos terminar con eso? ¡No! Además, si erradicamos la narcocorrupción, la narcopolítica en nuestros países latinoamericanos, ¿qué vamos a prometer en las próximas elecciones?, ¿quién nos va a financiar las campañas?
¿Qué nos puede meter un gol el narco? Bueno, pues sí, es una posibilidad.
El Gobierno mexicano dice que no hay riesgo y todo se jugará en paz en las sedes aztecas, como se espera que ocurra en las otras dentro de EE. UU. y Canadá, donde también hay narco, ¡eh! ¿O cómo creemos que se distribuyen las drogas que esnifa la nariz más grande del mundo llamada Norteamérica? ¿A poco no hay narco en California, Nueva York, Florida, Ontario o en la Columbia Británica donde rodará el balón? ¿La euforia nos cegará? La diferencia es que cuando el Gobierno de México dice tener bajo control al crimen, hay que dudar, revolcarnos en el escepticismo y ahogarnos en la paranoia. No creo que debamos llegar a pensar que la mafia haría explotar una bomba. ¿Y si un narco se mete a la cancha y les dispara a todos porque no le gustó la tarjeta roja que sacó el árbitro?, ¿y si un cartel secuestra a las selecciones de Brasil, Argentina y Francia? ¿Y se las lleva a las montañas de Sinaloa para obligarlas a jugar todo el día, todos los días, como unos extraterrestres querían hacer con Michael Jordan y los Looney Tunes en Space Jam?
Espero, en serio, que nada de eso suceda. Pero la ilusión mundialista no debería hacernos olvidar que el narco es un poder real; gobierna y cobra impuestos en la región, desde Alaska hasta la Patagonia. Es muy probable que, junto al turista millonario que sí pudo pagar lo que costaban las entradas, estén sentados un narco, sus amigos y familia. Al final son los que tienen dinero para comprar esos boletos estúpidamente caros que nunca alcanzarían a pagar los que sufren violencia en México, desde antes y seguramente después de que el Mundial se acabe.

Consejito: tal vez se imaginan que los narcos van de sombrero, lentes Ray-Ban de aviador, botas picudas hechas con piel de serpiente, pantalón de mezclilla ajustado a la barriga y una riñonera Louis Vuitton atravesada al pecho y en la que guardan la droga. Carcajadas. Los mundiales han demostrado ser para la élite de los pudientes políticos, empresarios, herederos, jeques… Y narcos que se visten como todos y como ninguno. En las sedes veremos a muchos otros delincuentes. Si de verdad nos interesara acabar con ellos, ¿los gobiernos los arrestarían antes de entrar al estadio, durante el medio tiempo o los sorprenderían hospedados en sus hoteles de lujo o departamentos rentados a precios de cielo? Eso estaría bien… Pero no para un Mundial. ¿Quién quiere molestarlos en Canadá, EE. UU. o México? Mejor llevemos la FIFA-fiesta en paz.
Mejor maquillemos México e intentemos poner nuestra mejor cara. En Nuevo León no acabarán las obras de infraestructura que prometieron hace meses, porque no lo hicieron en décadas; en Jalisco intentarán esconder las cifras de impunidad, desaparecidos y violencia bajo la alfombra; en la Ciudad de México pintaron muros, puentes y cruces viales con unos pinches ajolotes color morado. Sinvergüenzas.
Se acabarán los partidos y las lluvias despintarán a los pinches ajolotes, la pintura se escurrirá por las calles. Jalisco no podrá esconder más a sus desaparecidos. Nuevo León verá a su clase política ahogarse en su propia corrupción. Volveremos a llamar al Estadio Azteca, Estadio Azteca, y no como un banco quiso renombrarlo creyendo que el que paga manda. México seguirá aquí. El mundo seguirá aquí. Y parece que al narco le permitiremos seguir entre nosotros.
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