El doctor Andrew G. Marshall es terapeuta de parejas hace tres décadas y sabe bien que la devastación emocional que deja la infidelidad puede ser irreparable, y por eso es una de las principales causas de divorcio. Sin embargo, “en medio de toda esa vorágine de emociones espantosas, quedan trazas deshilachadas de amor”, asegura el autor de una veintena de libros sobre relaciones, traducidos a igual cantidad de idiomas.

En el más reciente, Why did I cheat?, algo así como ¿Por qué fui infiel?, asegura que la unión se puede revitalizar luego de una “corneada”, si se identifican y se tratan convenientemente sus razones profundas, y ambas partes se comprometen con el cambio. Incluso, el trance puede acercar mucho más a la pareja. “Lo maravilloso del adulterio es que se interna en las cañerías de la relación y genera una limpieza lacerante pero, en últimas, de gran beneficio”.

Marshall, columnista también de The Telegraph, de Londres, anota que, ante todo, es esencial saber por qué los esposos juegan sucio. Las respuestas conscientes son conocidas: “Hace rato que no tenemos sexo” o “no soy feliz”. No obstante, más dañinos aún son esos sentimientos incómodos que la gente enmascara muy bien, pero que terminan por ser destructivos con el tiempo. Habla además del efecto letal de las motivaciones inconscientes y aporta este ejemplo para las mujeres: “Si de niña tu hermana era la bonita de la casa y te sientes ignorada por tu esposo, serás susceptible de enredarte con ese compañero de trabajo que te encuentra sexi”.

El adulterio no sucede porque sí, sino que su raíz está en la siguiente ecuación: problemas maritales + falta de comunicación + tentación = infidelidad. Los primeros son inherentes a toda relación, señala el psicólogo, “lo grave es que no sabemos entendernos apropiadamente”. Puede ser que lo que se le quiera manifestar a la pareja resulte hiriéndola y no se halle la manera de hacerlo, para lo cual Marshall aconseja acudir a un terapeuta. Si al hombre, su esposa ya no le parece atractiva, el profesional lo ayudará a encontrar el porqué. “A veces, esto no pasa debido a que la pareja haya subido de peso o se vea vieja, sino que el marido está molesto con ella por otras causas”. En fin, callar suscita desdicha y la sensación de que nada va a cambiar y ese es el origen de muchas aventuras extraconyugales.

Al infiel le toca decir la verdad en aras de volverse a ganar la confianza de su pareja.

Para blindar el matrimonio de los cuernos, el especialista les recomienda a sus consultantes conversar mucho sobre su experiencia juntos; y lo mejor para comenzar es enfocarse en los aspectos positivos, para pasar luego a los espinosos y aquellos que nunca se ventilan. Igualmente, se pueden discutir las aspiraciones en los próximos cinco años y cómo apoyarse mutuamente.

También hay que abordar la vida sexual, pero en ello sí está vedado lo negativo. El especialista exhorta a tocar solo lo bueno, a proponer las prácticas que les gustaría disfrutar más, y añade: “En general, lo tentador de los amoríos por fuera del matrimonio no es la cama por la cama, sino que quien cae en ellos se siente deseado y desarrolla un buen grado de intimidad con su amante. No olvidemos que el sexo es una manera de alcanzar esas emociones”.

Marshall afirma que cuando se descubre el engaño, primero hay que tratar la rabia. Muchas veces, el traidor avergonzado y el traicionado furioso adoptan una actitud fría y eso no ayuda. Hay que verbalizarlo textualmente: “Siento mucho lo que pasó” o “estoy muy bravo(a) por lo que me hiciste”.

El siguiente paso es encontrar qué llevó al desliz, lo que contribuye a que quien fue corneado comprenda un poco más. Eso sí, advierte el doctor, este último no tiene por qué sentirse nunca como el causante del affaire, y el que montó “sucursal” debe entender que la culpa es solo suya.

Al infiel, así mismo, le toca decir toda la verdad, por más engorroso que le parezca, en aras de volverse a ganar la confianza de su pareja. Esta última, de su lado, tendrá que pensar muy bien si quiere pedirle los pormenores más íntimos porque será echarle más sal a la herida. “Lo que realmente interesa es el porqué y no el cómo”, sintetiza Marshall.

Además, es preciso que quien fue desleal no minimice lo que pasó, porque eso le puede dar a entender a su cónyuge que sus sentimientos no le importan. Su tarea, más bien, será indagar cómo se siente y qué es lo más difícil de lidiar con el drama. El doctor asegura que ello tiene efectos reconfortantes a largo plazo.

La gran incertidumbre de las parejas en este lío es si podrán retomar su vida sexual. Marshall asegura que sí y que puede ser muy gratificante. Pero, de nuevo, subraya la pertinencia de enfocarse en lo positivo, recordar lo más arrebatador y picante de sus primeros días de relación y reavivarlo. Pero, ¡ojo!, esto puede ser una catástrofe si la parte ofendida insiste en imaginarse a la pareja con su amante. El remedio para ello será también expresarlo y, si es del caso, posponer un poco la actividad en la alcoba. También es propicio descubrir nuevas formas de prodigarse placer mutuamente y que estas pasen a ser parte de lo más íntimo de su relación.