Para muchos, es lo más normal del mundo. Para otros, no es relevante y hasta lo encuentran innecesario. Así lo reveló un estudio publicado en el Journal of Sex & Marital Therapy, que examinó las particularidades de la experiencia sexual más reciente de 1500 personas, enfocándose en aquellas expresiones que no involucraban los órganos genitales, es decir besar, acariciar y masajear.

El 87 por ciento reportó haber hecho lo primero; 70 por ciento, lo segundo, y 23 por ciento, lo tercero. De los encuestados menores de 30 años, 40 por ciento aseguraron no haberse besado la última vez que tuvieron sexo, porque es una expresión demasiado íntima y no buscaban nada serio. Contrariamente, los que sí se besaron también se consintieron un buen rato antes, durante y después del coito, algo vital para una relación afectiva, de acuerdo con los especialistas.

Entre las principales causas para no besarse, figura la falta de gusto por ello. Por su parte, 11 por ciento le echó la culpa a la inseguridad por su aliento o porque no le gustaba el de la otra persona.

Así mismo, un dato que ha sido calificado de “interesante a la vez que depresivo” fue que los encuestados en una relación monógama fueron los que menos besaron a sus parejas y tampoco se mostraban muy aficionados a mimarlas y acariciarlas. Una lástima, porque se pierden de los increíbles beneficios de la intimidad.

“Todos hemos experimentado la sensación de bienestar que da el abrazo de la persona que amamos”, declaró el psicólogo inglés William Cole, dado que estas manifestaciones ayudan a que el cuerpo libere oxitocina, la llamada hormona del amor, que aporta al fortalecimiento del vínculo afectivo entre la pareja.