En el libro Apegos feroces, la periodista y escritora estadounidense Vivian Gornick dedica un capítulo a una charla sobre la infidelidad. Joe, el amante, le dice a la protagonista: “Esto pasa a todas horas, todos los días de la semana. Así es como funciona el mundo, es el instinto más básico que hay”.

En estos tiempos, en que nos casamos por amor, los cuernos son vistos como una amenaza a esa ambición; es común que tengamos ideas en contra, pero también es cierto que –más que sucumbir a los encantos de un tercero–, lo que buscamos es volver a sentirnos deseados y hacerle una trampa a nuestra mortalidad. ¿Por qué engañamos? El misterio está servido.

Según diferentes encuestas, Colombia ocupa el primer puesto entre los países más adúlteros de América Latina, seguido por Ecuador y México. El 29 por ciento de los colombianos reconoce que ha sido infiel al menos una vez en su vida. De otro lado, algunos estudios sugieren que esta conducta es más alta en países con profundos arraigos religiosos y conservadores. De sexo se habla poco pero se piensa y se busca todo el tiempo. Bien sea a través del porno, el sexting, los bares swingers y las aplicaciones de citas, el 75 por ciento de los hombres y el 68 por ciento de las mujeres admite haber engañado alguna vez, y el número de mujeres adúlteras crece cada día. Esther Perel lo explica muy bien: “Las aventuras extramatrimoniales tienen dos perspectivas: la primera es el daño y la traición, y la segunda viene con el crecimiento y el autodescubrimiento”.

Además, en las aventuras de adulterio, la mujer es quien ha tenido que pagar el precio más alto, bien sea por ser engañada o por engañar. Sobre ella “hay una nube de culpa”, agrega la especialista. Al hombre se le perdona, incluso se le aplaude porque es síntoma de virilidad y hombría; a ella se le estigmatiza. Así las cosas, no solamente hablamos de un tema moral sino de género, en el que los creadores de Gleeden quisieron poner su mirada.

Hace diez años nació en Francia este sitio Web que hoy es el primero en Europa dedicado exclusivamente a personas casadas o en pareja que desean vivir encuentros extramatrimoniales. La motivación surgió como respuesta a un indicador interesante: cerca del 30 por ciento de quienes se inscriben en páginas de encuentros sexuales mienten acerca de su estatus. Gleeden se propuso entonces abrir un espacio para que puedan acceder a relaciones con total transparencia. “La infidelidad ha estado siempre ahí. Es parte del ser humano”, le dijo a SoHo, Ravy Truchot, fundador de Gleeden. Esto dice una usuaria activa: “Como sitio que solamente genera contactos extramatrimoniales es genial. Cuando sabes que eres infiel con otros infieles, te relajas”.

La marca, que nace de un juego de palabras en inglés: glee (alegría) y Eden, o edén (en referencia al paraíso), propone crear en la imaginación la idea del jardín como un lugar para explorar y descubrir: “Es parte de una experiencia en la que el tiempo es clave a la hora de encontrar una pareja apropiada. Más que un edén, se trata de un espacio que se cultiva para cosechar encuentros provechosos y placenteros”, agrega Ravy.

Desde hace unos años, la página funciona en este lado del mundo. Personas de Argentina, Brasil, México y Colombia (que cuenta con cerca de 85.000 usuarios), disfrutan sin pudores de las ventajas que presta la tecnología para este fin.

Tras una década desde su creación, Gleeden se ha consolidado como pionera en el mercado de citas online para casados, con más de seis millones de participantes en el mundo. ¿Pero qué la hace distinta de otras redes dedicadas a la seducción?

Uno de sus puntos a favor es el manejo de la información y la verificación exhaustiva de los datos suministrados: “Tenemos un control que funciona 24 horas, los siete días de la semana, a través del cual revisamos y validamos los registros antes de subirlos. Mantener esta comunidad lo más pulcra posible, en términos de transparencia, es nuestra prioridad”, afirma Truchot.

La plataforma cuenta además con un número de control automático que escanea y rastrea perfiles que tengan antecedentes o comportamientos hipersexualizados en las redes, o que quieran buscar acercamientos con otras intenciones. “Estamos atentos a eliminar a posibles extorsionistas y acosadores”.

En cuanto a códigos y al manejo de la imagen, Gleeden tiene unos lineamientos muy claros. No hay desnudos, ni material explícito, vulgar o agresivo: “Entendemos que quienes quieren conocer personas por fuera de sus relaciones no están dispuestos a exponerse a un ambiente de circulación libre”.

Los esfuerzos de la plataforma van encaminados a brindar un servicio elegante, que transmita comodidad y cree una atmósfera propicia para el acercamiento. Esta es una de las diferencias con respecto a una red como Tinder, por ejemplo, que tiene dinámicas más crudas: “Allí se establece una lógica muy consumista de las citas online”, afirma el fundador. Desde la perspectiva –sensible a las necesidades femeninas– de la plataforma, los acercamientos están planteados de manera más tradicional, así dos interesados pueden romper el hielo de forma escalada. En el sitio web no es obligatorio incluir una fotografía, este intercambio es a discreción de cada uno.

El target de Gleeden son mayores de 35 años que además tienen un perfil de alto nivel social y económico. Pero quizás lo más innovador de la propuesta tiene que ver con su perspectiva de género. Desde sus inicios, fue desarrollado y pensado por un equipo de mujeres, para satisfacer las necesidades del público femenino ávido de expandir sus relaciones en una forma liberadora y segura. “Queremos alcanzar estándares igualitarios, que puedan liberarse de tantos tópicos, de ser estigmatizadas. Queremos que ellas se sientan bien sobre sí mismas, aun eligiendo la infidelidad”, asegura Truchot.

Pareciera que Gleeden tomó la frase “el hombre propone y la mujer dispone”, y quiso darle la vuelta: teniendo en cuenta que todo lo relacionado con el consumo del sexo se ha pensado históricamente desde una perspectiva masculina, poniendo en primer lugar sus deseos y sus lógicas de conquista.

Entonces ¿qué lugar ocupan los hombres en este lío? “Los necesitamos, son bienvenidos, más allá de que nuestra propuesta le da el protagonismo a ellas”, asegura Silvia Rubíes, vocera de la plataforma para España y América Latina. Esto dice Vividor75, de 46 años (nickname): “Hace algún tiempo que estoy en Gleeden y no me ha decepcionado. Los encuentros extraconyugales me han dejado plenamente satisfecho. Pues sí, soy un infiel, una persona que engaña a su mujer, pero, ¡qué bien sienta! Cada encuentro, más picante, o menos, me llena de alegría. Y por la noche vuelvo a casa como un niño pequeño, con una sonrisa boba y la cabeza llena de recuerdos del día que acabo de pasar. Encuentros tiernos, con buen humor y simplicidad, que a veces me gustaría tener en mi relación de pareja. En resumen, gracias a Gleeden me siento más feliz y no dudo en disfrutar de la vida al máximo”.

Dating4fun, de 44 años, lo explica así: “Estoy casado hace quince años y uso Gleeden hace dos. Viví primero una bonita historia que terminó al cabo de unos meses y ahora tengo una deliciosa aventura que ya lleva ocho meses. Es un auténtico estimulante. La vida me parece ahora más alegre: estoy más relajado y sonriente, o al menos eso me parece. Esto se ha convertido en parte de mi equilibrio”.

Además de servir como intermediario en el matching, Gleeden cuenta con un blog en el que expertos de diferentes vertientes, psicología, sexología y sociología, escriben sobre la infidelidad y sus significados, con el fin de dar herramientas que les permitan a los infieles entender sus sentimientos y emociones: “Nos interesa que nuestros clientes no se sientan solos a causa de sus deseos. Les mostramos que no son los únicos en su situación y que hay un abanico de posibilidades para explorarlo”.

La comunidad, que sigue creciendo de forma exponencial, confirma la pertinencia de un proyecto que le apuesta a romper con la hipocresía. “Uso la web desde hace más de un año y mi experiencia ha sido fantástica. He tenido encuentros con hombres y mujeres y he encontrado grandes amigos y amigas para compartir sexo y aventuras. Ahora mismo, el 90 por ciento de mis citas sexuales las establezco allí. Suelo salir dos o tres veces a la semana con gente diferente para nutrir mi vida sexual”, asegura una usuaria de Gleeden.

Su fundador dice que algunos hasta se animan a escribir sobre sus experiencias en el blog, o a charlar con otros para compartir su punto de vista. La propuesta para vivir experiencias por fuera del matrimonio tiene reglas claras pero nunca hay fórmulas. Algunos descubren que no era lo que buscaban y también hay anécdotas de quienes encontraron el amor y decidieron poner fin a sus relaciones previas. “No se puede controlar lo que ocurrirá tras una cita porque es la vida real. No sabemos lo que sucede después de que dos personas se conocen”, afirma Truchot.

El servicio es gratuito para las mujeres. Los hombres pueden inscribirse sin costo pero deben obtener un crédito que les permitirá acercarse a otras mujeres. Desde la página se descarga una aplicación que se administra a través del móvil con un sinnúmero de herramientas y elementos innovadores. Así mismo, la página tiene un chat habilitado con el fin de resolver inquietudes y ofrecer información.

Mientras una parte lucha por sacarle el velo y que se asuma como una realidad, es diciente que la infidelidad siga siendo la primera causa de divorcio en Estados Unidos. Así que tiene mucho de fetiche, también. Acostumbrados como estamos a que las redes sociales sean la vitrina para mostrarlo todo –los lugares que visitamos, lo que comemos, la ropa que usamos–, el sexo sigue teniendo esa connotación de secretismo.

Según estadísticas norteamericanas, ellas engañan un 40 por ciento más que hace veinte años. Se habla incluso de que han cerrado la brecha con respecto a los varones en este tema. En las mujeres gana el deseo de sentirse amadas, de recuperar su autoestima, es cierto. Pero también quieren sexo, sueñan con recuperar la vitalidad perdida en relaciones monótonas y aburridas, tienen ganas de ir a moteles, de repente verse mintiendo sobre dónde están, o los planes que tendrán el fin de semana. Aquí lo que ha brillado es el machismo, que ha dividido a las mujeres en buenas y malas, en decentes y putas, en sumisas y liberadas. El mundo está cambiando porque con la libertad económica y profesional llegó la necesidad de materializar las fantasías que tienen en la cabeza. En el cuerpo y la mente de una mujer madura crece el deseo y gracias a intermediarios como Gleeden, se presentan oportunidades que muchas no están dispuestas a ignorar. Se convierte en una señal de autorreconocimiento: “Ahora soy yo quien puede elegir”, dice una asidua de las citas online.

Ellas pueden crear un contacto con un nombre que pasa desapercibido en WhatsApp; salir a correr en la mañana con el outfit pero en vez de eso dirigirse a la casa del amante; escaparse con el compañero de trabajo al mediodía, cuando se dice que los hoteles de paso tienen mayor ocupación; permitirse un affair con un hombre más joven, ser el objeto del deseo de alguien que la piensa con lujuria.

El últimas, el deseo manda y Gleeden lo sabe. Por eso pone la vanguardia de su aplicación al servicio de aventureros que quieran estar en las mejores manos. Con una promesa que en estos tiempos del #MeToo no deja de resultar atractiva: “El secreto de nuestro éxito es el poder que tiene la mujer”, puntualiza su fundador.