Así lo admitan o no, hombres y mujeres, jóvenes y viejos ven porno. La demanda crece cada vez más y los 25 millones de sitios en internet así lo avalan. Solo Pornhub, la Web líder, tuvo 33.500 millones de visitas en 2018, 5000 millones más que el año anterior. Y los usuarios aumentan día tras día.

En el centro de tan fogosa actividad están las actrices. Sin sus formas voluptuosas, gemidos y estremecimientos no hay porno. Pero ¿qué tan bien ganan? Según Derek Hay, exestrella de cine para adultos y fundador de la agencia LA Direct Models, una profesional puede cobrar 1000 dólares por una escena con un artista masculino, y 800 dólares si es con otra mujer. “Pero la tarifa puede llegar a 5000 dólares, si se trata de un acto nunca antes hecho”. En un año, concluye Derek, las más cotizadas devengan 400.000 dólares.

En medio de esta danza de billetes ha surgido el debate sobre la cosificación de la mujer. Ellas saben que son instrumentos para satisfacer el deseo, es parte de su rol. Además, tienen miles de seguidores en las redes sociales, reciben premios y gozan de reconocimiento. Pero eso no fue siempre así. La palabra “pornografía” viene del griego pórn, que significa “prostituta”; y gráphein, “grabar”, “escribir”, “ilustrar”, ya que en sus inicios las actrices eran mujeres de la vida alegre y sus compañeros de escena, ladrones y maleantes. Ahora ellas son las reinas del negocio.

La cruda verdad

Mientras que el excitado espectador alimenta sus fantasías con el espectáculo, del otro lado de la pantalla el panorama es bien diferente. Siri, una actriz retirada que entre 2012 y 2015 participó en 186 producciones con productoras como Hard X, Brazzers y Devil’s Film, comenta que un día de filmación empieza a las once de la mañana. Primero firma un contrato poco convencional, que incluye cláusulas sobre el uso de mordazas, juguetes orales, cera caliente y electricidad, entre muchas otras especificaciones. Luego empieza la transformación. La actriz sale al campo de juego y la mujer se queda en la banca. Tras hora y media de maquillaje y peinado, la acción en el set empieza con una hora de escenas en solitario, que sirven de calentamiento. Sobre la una de la tarde, llega el compañero, con quien rueda otras dos horas. Improvisan, exageran, gritan y fingen para excitar a su público. Por eso son actrices. Posteriormente, cada miembro de la pareja hace planos individuales. Pero si el contrato incluye una versión soft, con tomas menos explícitas, será necesaria una hora y media más para fotos y videos. La jornada termina a las ocho de la noche, aunque, como no faltan las repeticiones y los imprevistos, la estadía en el estudio se puede prolongar hasta doce horas.

Por lo general, estas películas tienen argumentos sencillos, cotidianos, estereotípicos y repetitivos: la secretaria que seduce a su jefe, el mensajero de entregas a domicilio a quien le abren la puerta dos inquietas mujeres, o la mucama abordada por su patrón. Tales fórmulas funcionan desde los albores de la industria, en el siglo pasado. La primera cinta porno de la que se tiene registro es A free ride (algo así como Paseo gratis), de 1915, un corto silente en el que un hombre recoge en su auto a un par de jovencitas. De pronto se detiene para orinar y una de ellas decide espiarlo. Al verlo con las manos en la masa, la curiosa mujer pasa a la acción, seguida por la otra y todo termina en una “fiesta” con masturbación, sexo oral y el consabido trío. También se han recreado las historias de personajes como Cleopatra y Cio Cio San, la protagonista de la ópera Madama Butterfly, de Puccini. Un título de culto en la historia del género es Garganta profunda, de 1972, protagonizada por Linda Lovelace, quien encarna a una mujer que descubre que tiene el clítoris justo en esa parte del cuello.

Las actrices que han hecho más plata

30 MILLONES. JENNA JAMESON. Ha protagonizado 220 películas y dirigido otras cuatro. Tiene su propia Web de sexo y un cabaret.

17 MILLONES. TERA PATRICK. Antes de actuar en 147 filmes, comenzó en sesiones fotográficas para revistas como Playboy, Penthouse o Hustler.

9 MILLONES. JESSE JANE. Se define bisexual y estuvo casada con el también actor de cine rojo Rick Patrick. Tiene 138 cintas en su haber.

7 MILLONES. BREE OLSON. Conquistó al público con su protuberante busto 34D. Debutó en 2006, desde cuando ha aparecido en 542 producciones.

3,7 MILLONES. JENNA HAZE. Ganó un premio por una escabrosa escena en Evil Anal 2. Ha participado en 674 películas como actriz y en otras 14 como directora.

No todo es placer

El oficio tiene sus exigencias y riesgos. La vagina, principal activo de las actrices, es el órgano que más sufre en una grabación. Siri recuerda que solo hacía una escena con penetración una vez por semana, para tener tiempo de recuperarse y volver al ruedo, pues queda muy maltratada tras horas de ajetreo continuo. A esto se le suman los calambres que provoca estar varias horas en la misma posición, con el agravante de que, por lo general, las escenas requieren serias habilidades de contorsionista. El mayor peligro al que se enfrentan estas artistas es contraer infecciones y enfermedades de transmisión sexual, por lo que deben hacerse pruebas cada dos semanas.

Si bien la tecnología ha ensanchado el mercado, el remezón ha traído daños colaterales. A partir de 2007, los estudios fueron reemplazados por casas, apartamentos, condominios y espacios alquilados, que resultan más económicos, lo cual complicó las condiciones de rodaje. En ocasiones, especialmente en verano, el calor es un gran enemigo, ya que a la hora de la filmación hay que apagar aires acondicionados y ventiladores. ¿Por qué? Nada debe opacar los gritos, gemidos y frases como “yes, baby”, fundamentales para encender a los espectadores. De otro lado, los cuerpos sudorosos de los actores, sumados a los del equipo de producción, así como el de “otros” fluidos naturales, ponen denso el ambiente.

Se termina una jornada más. A veces, los actores reciben su paga inmediatamente; otras, el cheque llega dos semanas después. La actriz vuelve a la banca y da paso a la mujer, que ahora puede retomar su rol de novia, esposa o madre. No es fácil combinar tan diversas facetas, a juzgar por el testimonio de Summer Brielle, una voluptuosa rubia talla 38G, quien relata que la gente cree que ellas son promiscuas y se la pasan buscando hombres. Es falso: “Queremos ir a casa a tener una conexión real”, afirma. La australiana Madison Missina, por otro lado, comenta que se le dificulta tener relaciones sentimentales ya que la ven como un trofeo. Es por eso que muchas terminan casándose con personas de la industria, o con alguien ajeno a ella, pero con una confianza y autoestima de hierro.

Si ser esposa es difícil, el papel de madre lo es más. Natalie Oliveros, conocida como Savanna Samson, ha tratado de hablar de su profesión con su pequeño Luchino, quien evade la conversación. Ella se siente orgullosa de su trabajo, aunque ha tratado de retirar de las redes, sin éxito, las imágenes que la muestran en su trabajo, porque lo que sube a internet nunca vuelve a bajar.

En la otra cara de la moneda, un internauta que se identificó como Rrosulek en Reddit (una Web en que los usuarios pueden incluir textos e interactuar), comentó que nunca tuvo problemas con que su madre fuera actriz porno y era consciente de ello. El problema vino cuando sus compañeros del colegio se enteraron y entonces se vio involucrado en peleas hasta los 18 años.

El porno se adapta a los nuevos tiempos y ha diversificado sus negocios en la red. Modelos que se exhiben a través de webcam, sexo en vivo, aplicaciones, esquemas de producción de bajo costo y contenidos para todos los gustos, le auguran larga vida. Cada vez aparece algo nuevo.