Atrás quedaron las épocas en que la gente veía a una persona tatuada en la calle y se cambiaba de acera. Los tatuajes están de moda. Los llevan los cantantes, deportistas, celebridades, anónimos hombres y mujeres. La tinta de ese rótulo de underground se ha borrado.

Los tatuajes han marcado profundamente al hombre desde la antigüedad, y la piel de Ötzi da fe de ello. Esta momia de más de 5300 años tenía sobre su cuerpo rudimentarias rayas, puntos y cruces. Egipto, India, Japón, China y la Polinesia también fueron territorios marcados por este arte ancestral. Después se fue al lado oscuro de la fuerza. Tal vez una de las referencias más populares es la de los temidos integrantes de la mafia japonesa Yakuza, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. En tiempos modernos, pasaron a la piel de pandilleros y presos: el libro Russian criminal tattoo police files, de Arkady Bronnikov, recopila fotografías de reclusos con tatuajes que van desde íconos religiosos hasta los rostros de Lenin y Stalin.

Pero cambió su línea. Ahora tiene la categoría de arte y es un negocio cada vez más próspero. Según The Wall Street Journal el año pasado en Estados Unidos generó 1600 millones de dólares. En Colombia hay una buena oferta de profesionales que viven del negocio y, además, generan empleo. Junto con los argentinos y los brasileños, son los duros de América Latina. A través de sus cuentas de Instagram, muestran sus trabajos y conciertan citas. Esta red social es su principal plataforma; sin embargo, coinciden en que el mejor mercadeo es el “voz a voz”. Pero en este oficio no todo es color de rosa. La tendinitis es un fantasma que los persigue y padecen de las mismas dolencias que los odontólogos. Pasan horas inclinados y haciendo fuerza para controlar la máquina.

SoHo se adentró en los universos de cuatro talentosos que tienen en común la pasión por dibujar, crear y hacer de cada tatuaje una pieza única. No son mercenarios del arte, tienen ética y, en ocasiones rechazan trabajos como un acto de honestidad.

PARADA 1

LA EMERGENTE

El recorrido inicia en el barrio Santa Bárbara, en el norte de Bogotá. La Emergente es un estudio privado, sin anuncio y nada que permita presagiar lo que sucede dentro. Solo se llega con cita previa. Daniel Acosta León se inició en el oficio hace 17 años. En compañía de su pareja, Diana Mora, crearon este espacio tapizado de cuadros, que más parece una galería de arte moderno. Su Estilo es lo que él llama "nueva escuela", una combinación de caricatura, cómic, ilustración publicitaria e iconofrafía, colombiana, siempre con un toque brillante.

"Desde hace cinco años la atención se ha volcado hacia los colombianos, porque somos rápidos, inyectamos bien el color y cobramos menos".

Daniel Acosta León

Sitio: La Emergente.

Instagram: @DanielAcostaLeon

Target: abogados, economistas, sociólogos entre los 20 y 35 años.

PARADA 2

VIOLENT TATTOO STUDIO

Está en Chapinero desde la época en que la palabra "violento" se puso de moda, porque representaba algo fuera de lo común, brutal, chévere. César Gómez lleva 19 años dibujando la piel de la gente. Estudió Música en la Luis A. Calvo y dividía su vida entre los tatuajes y la batería, pero have una década dejó de tocar por un problema de tendones. Es reconocido por su experticia en los estilos realismo en color y sombras, oriental, neotradicional y biomecánico.

"Mi sello es la exclusividad. Nunca repito tatuajes, pueden tener los mismos elementos, pero los modifico".

Césa Gómez

Sitio: Violent Tattoo Studio

Instagram: @CesarViolent

Target: clientela variada entre los 25 y 30 años.

PARADA 3

LUCKY‘S TATTOO PARLOUR

Subimos por la carrera séptima hasta la quinta. No hay pierde: es una casa rosada estilo francés. Sergio Manrique, conocido como Sergio Cobra, abre la puerta. El exterior contrasta con el interior, decorado con imágenes de dragones y águilas. El hombre, administrador de empresas de la Konrad Lorenz, desde 2006 alterna su trabajo de oficina con el de tatuador. No tiene tatuajes en lugares visibles, por lo que al verlo con chaqueta es difícil adivinar a qué se dedica. Hace casi todo lo que le piden sus clientes, pero es reconocido por los estilos tradicional americano, japonés y europeo.

"No llevo tatuajes en las manos, pies y cara. En el espacio empresarial no me verían con la misma seriedad".

Sergio Manrique 

Sitio: Lucky‘s Tattoo Parlour

Instagram: @SergioCobra

Target: ejecutivos, músicos, fotógrafos, joyeros y casi todos los chefs de Chapinero.

PARADA 4

KAROLINA BEBOP

El recorrido finaliza en Marly, en el apartamento de esta artista rebautizada: su apellido viene de la canción Be-bop-a-Lulla, de Gene Vincent, inmortalizada por las voces de Elvis Presley, John Lennon y Paul McCartney. Si bien vivió en el norte de Bogotá, frecuentaba la escena punk de Chapinero y del centro. Estudió Artes Visuales en la Javeriana y recuerda que no fue fácil abrirse campo entre los tatuadores, un medio tradicionalmente masculino: "Ya es un tema chuleado", dice la bogotana que imprime en su trabajo la influencia del tradicional japonés y el americano.

 

"Me gusta tatuar tigres, águilas, halcones o leones; quizás porque los he estudiado y me concentro en la expresión".

Karolina Bebop

Instagram: @KarolinaBebop

Target: profesores, médicos, personas de ONG, entre los 25 y 40 años.