Con la recreación de La última cena, de Da Vinci, la revista le siguió las aguas a la propuesta estética del fotógrafo Mauricio Vélez de revivir a Jesucristo y sus apóstoles con personajes colombianos. Pero la idea fue también transmitir un mensaje de inclusión, tolerancia y humor, “de que podemos sentarnos en la misma mesa”, en momentos de un amenazante oscurantismo, al invitar a representantes de las más diversas procedencias: blancos, negros, viejos, jóvenes, homosexuales, heterosexuales, deportistas, políticos de izquierda y de derecha, futbolistas e intelectuales, entre otros. Alejandra Azcárate encarnó a Jesucristo, tanto en la réplica del cuadro, como en una serie de imágenes alusivas a la pasión, con coronas de espinas y flagelaciones sobre su silueta desnuda.

Las impactantes imágenes fueron acompañadas por un texto en que Fernando Vallejo, célebre por su anticlericalismo, satirizaba a los Evangelios... y aquello ¡fue Troya! El escándalo estalló cuando un grupo conformado por el futuro procurador Alejandro Ordóñez, Laicos por Colombia y otras organizaciones, demandó a la revista por la representación. Finalmente, la justicia no les dio la razón y triunfó la libertad de expresión en el país. Nuestro defensor fue Humberto de la Calle, y no cobró un solo peso.