Si hace 50 años alguien hubiera podido viajar en el tiempo y pisara un aeropuerto de nuestra época, seguramente notaría muchos cambios. Pero al momento de entrar a un avión, el ambiente se le haría tranquilamente familiar. Y es que pese a los inmensos avances que ha tenido la aviación en el último siglo —mejores materiales, motores, seguridad, tecnología— los aviones comerciales son, en esencia, estructuralmente los mismos que volaban en la década del sesenta. El Boeing 737, por ejemplo, uno de los modelos más vendidos en toda la historia, voló por primera vez en 1967 y sigue en el aire. Con el paso del tiempo, el público se quedó esperando las promesas que aseguraban vuelos supersónicos o aviones sin alas. Pero en una industria que no deja de crecer —hoy más que nunca hay aviones surcando los cielos con reportes de hasta 180.000 vuelos diarios por todo el planeta— y una incansable lucha entre las aerolíneas por ser las mejores, el reto de cambiar la estructura interna y externa de los aviones ya está dando frutos. Estos son algunos de los cambios que, queramos o no, veremos próximamente.


Exteriores rediseñados


En el futuro se fabricarían aviones semejantes a naves de combate que volarían en la estratósfera para reducir distancias. Acá el prototipo de la compañía alemana Spaceliner.

En términos de mecánica y motorización, el objetivo es claro: ingresar al mundo eléctrico. Y aunque esa es una posibilidad todavía lejana, los fabricantes ya están pensando cómo rediseñar y optimizar la aerodinámica para lograr mejores rendimientos. Por ejemplo, las alas podrían cambiar de forma y tamaño e incluso doblarse, como lo propone Boeing —uno de los principales fabricantes del planeta— con su prototipo 777-9X, el avión más grande jamás producido por la empresa, que entró este año en producción. Este concepto de alas que se doblan cumplirá varias funciones, como ahorrar combustible, proporcionar mayor soporte al despegue y en el aire, y darle una mayor seguridad a la cabina.

En un mundo de aviones eléctricos, las turbinas desaparecerán y los aviones se volverán muchísimo más silenciosos. Además, el fuselaje o el cuerpo del avión también cambiará radicalmente en los próximos años, no solo porque los vuelos eléctricos permitirán nuevos diseños, sino porque los fabricantes quieren modelos estructuralmente futuristas. Actualmente, Boeing está trabajando con la NASA para la creación de un prototipo de menor peso, capaz de despegar en pistas cortas, volar a alturas menores y llevar máximo 180 pasajeros para mejorar la relación costo-eficiencia. El diseño, que no contempla ventanas y tiene un tamaño mucho menor, más que comercial parece de guerra.


Cabinas de lujo


Las cabinas, como este prototipo que presenta Embraer, sufrirán una transformación radical para darles a todos los pasajeros la sensación de viajar en clase ejecutiva.

Pero si afuera se avecinan cambios, adentro las cabinas serán radicalmente diferentes. La premisa, sin embargo, es básicamente la misma: entretener al pasajero y hacer que su experiencia de viaje sea lo más placentera posible. Airbus, otro peso pesado de la industria y el mayor fabricante europeo, cerró hace poco una alianza con Zodiac Aerospace, un proveedor de equipos de aviación, para convertir el espacio libre que suele haber en los compartimientos de carga en salas de juntas, espacios de relajación con camas, gimnasios y hasta restaurantes. El uso del lugar dependería de cada aerolínea, ya que sería totalmente adaptable y compatible con las medidas de seguridad que exigen las autoridades. El concepto busca que los pasajeros disfruten áreas comunes o puedan incluso reservar estos sitios si quieren privacidad.

La empresa adelanta, adicionalmente, el prototipo de una cabina futurista que, en lugar de tener las clases típicas —primera, ejecutiva y turista— estará dividida por zonas, cada una con un propósito diferente. Zona social, con restaurantes, salas interactivas y hasta un simulador de golf; y zona de relajación, con sillas masajeadoras y un ambiente propicio para dormir. Todo el interior estaría plagado de pantallas táctiles con la información pertinente al vuelo en tiempo real y un techo panorámico para una vista completa del cielo (algo que, por lo demás, podría crear pánico en los ocupantes). Embraer, el tercer fabricante más grande del mundo y conocido por construir aviones más pequeños, también planea una cabina panorámica en uno de sus aviones. Se trata de la Kyoto Cabin, que tendrá sillas y sofás de lujo, servicio de conserje con platos de chefs con estrellas Michelin y hasta una sala de cine.

La oferta y competencia es amplia porque también hay decenas de empresas dedicadas al diseño interior de aeronaves que, en las grandes ferias de la industria, se animan a presentar sus propias versiones del futuro aeronáutico. La nombrada Zodiac Aerospace, por ejemplo, presentó hace unos meses un avanzado concepto de pasillos luminosos que no solo tienen paneles con información, sino que son más amplios para que los pasajeros transiten sin problema mientras otros guardan su equipaje. Además, presentó un novedoso concepto de baterías de baños con orinales para reducir las filas que suelen formarse para usar los servicios.

Pero no todos están pensando en lujo y comodidad. La empresa italiana Aviointeriors se propone meter más personas en los vuelos para aumentar la eficiencia y maximizar las ganancias. Para ello se inventó unos soportes para la espalda que sirven de apoyo mientras los pasajeros viajan de pie. Una locura a primera vista, pero algunas aerolíneas ya han contemplado la opción de que sus pasajeros viajen como en un bus.

Vuelos supersónicos

Con la extinción del famoso Concorde, el sueño de recortar tiempos entre destinos (volar de América a Europa en cuatro horas, por ejemplo) pareció quedar sepultado. Pero algunas compañías privadas están retomando ese objetivo. La estadounidense Boom Supersonic, que actualmente está diseñando un avión capaz de volar el doble de la velocidad del sonido y tres veces más rápido que cualquier avión comercial actual, está a la cabeza en términos de velocidad. En caso de que su prototipo vea la luz, habría vuelos de Londres a Nueva York en tres horas y media, o de Los Ángeles a Sídney en seis. ¿Cómo planean lograrlo? Para reducir el peso de las naves, estas serían fabricadas principalmente con fibra de carbono, tan solo tendrían 40 sillas y motores tan poderosos que le permitirían volar a 60.000 pies de altura desde allí los pasajeros verían la curvatura del planeta.

Otra compañía, la alemana Spaceliner, quiere usar los mismos motores de los cohetes espaciales para producir una propulsión que permita altitudes de hasta 60 kilómetros. Volar en la estratósfera acortaría las distancias y permitiría que vuelos que hoy duran 16 horas se hicieran en apenas dos. Pero lograr vuelos supersónicos sigue siendo una posibilidad lejana que requiere inversiones muy altas para cualquier empresa.

Lo que es seguro es que si hoy pudiéramos volar al futuro, digamos 50 años, los aviones que veríamos serían muy diferentes a los que estamos acostumbrados a ver.

¿Volar de pie?


Cortesía: Aviointeriors

Otra increíble y absurda propuesta que tienen algunos fabricantes de interiores es producir soportes para que los pasajeros viajen de pie. Aerolíneas de bajo costo, como Viva Colombia o Ryanair, han hablado de este tipo de propuestas.

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