No suelo ganar nada. Mucho menos si es por sorteo. Por eso me sorprendió cuando hace varios meses, a las cuatro de la mañana, recibí un correo de la Fifa felicitándome por ser uno de los afortunados acreedores de boletas para ver a la Selección Colombia en Rusia 2018. Lo leí varias veces, con los ojos adormecidos, hasta creérmelo. Revisé si me habían descontado la plata de la tarjeta de crédito que, no sé cómo, tuvo justo el cupo que necesitaba. Ya era imposible volver a dormir, así que me paré de la cama con una sola cosa en mente: ¡Me voy al Mundial!

Hay que entender que esto es como ganarse la lotería, y más para un colombiano,  porque nuestro país es el quinto del mundo que más boletas solicitó. Y aquí estoy, afinando detalles para un largo recorrido por un país lejano, que tiene un idioma imposible de entender y unos precios difíciles de creer. Vamos por partes: lo primero que quiero dejar claro es que mi viaje es ‘guerrero’, mochilero, apretado, como usted lo quiera llamar. Por eso debía planear cada detalle.

Cuando se definió el grupo de Colombia y se conocieron las sedes, de inmediato armé un calendario y tracé el recorrido en un mapa. La llegada y la salida del país de Putin será por Moscú. Primera parada: Saransk, una ciudad más pequeña que Popayán, de la que pueden leer en la página 46, con poco por conocer, una limitada capacidad hotelera y una suerte de comodín, ni los propios rusos entienden por qué será anfitriona del torneo. Segunda sede: Kazán (conozcála en la página 44), la octava ciudad más poblada de Rusia, a orillas del río Volga y la capital deportiva del país. Pinta bien. Última parada en fase de grupos: Samara (página 48), también grande, una ciudad industrial con museos interesantes. ¿Cómo seguirá mi viaje? Depende de la suerte de la selección, de si pasa a los octavos de final y de su rival, solo hasta entonces sabré cuál será mi nuevo destino.

Hecha la ruta, luego realicé una rigurosa investigación para determinar cómo llegar a las ciudades, dónde quedarme, a qué hora llegar, por quién preguntar. Así confirmé que Rusia es exageradamente grande y que los rusos detestan el inglés; que los viajes pueden ser una odisea porque en mi expedición de bajo presupuesto el avión está descartado y todos recomiendan no alquilar un carro. Mi transporte va por rieles, pero no se imaginen trenes de alta velocidad, será como viajar en el tren de la sabana. No me inquieta, la lentitud tiene su encanto. Serán trayectos de ocho a doce horas que haré durante la noche, así duermo en los vagones y evito los hoteles.

Tan solo hasta mi cuarta noche en Rusia dormiré en una cama. Para todo lo demás están los pañitos húmedos, el cepillo de dientes y un buen desodorante. Entonces, listos los tiquetes de tren que, gracias al traductor de Google, fueron muy fáciles de comprar. Ah, el gobierno ruso habilitó unos trenes gratis para los que vayan a los partidos, obvio, cuando los fui a reservar ya se habían agotado.

Dormiré en hostales que suelen tener lo necesario: ducha y un lugar para descansar. No necesito mucho más. La mayoría estaban reservados, pero hice lo que pude. En Saransk, por ejemplo, los pocos espacios para hospedarse se agotaron hace meses; esa noche dormiré en mi vagón. Lo ideal (mamá) sería comer bien, pero quizás no sea tan sencillo y mi presupuesto no es tan elevado. Por cierto, usted se estará preguntando: ¿cuánto billete cuesta su viaje? En esta edición especial dicen que el presupuesto mínimo es de 38 millones de pesos. El mío, por ahora, es menos de la mitad de esa suma. 

Escrito, el viaje suena más fácil de lo que es. Habrá momentos duros, sin duda. Pero no importa qué pase, Mundial es Mundial. Todo este estrés, toda esta confusión, todo este trajín, valdrán la pena cuando, lleno de orgullo, y rodeado de miles de desconocidos, cante el himno nacional en los estadios, con mi olor a pañitos húmedos. La maleta está lista, hablamos en un mes. 

 

IMPRESCINDIBLES

Diccionario español-ruso

El idioma local es imposible. Con el celular puede ser suficiente pero, por si las moscas, mejor llevar un pequeño diccionario. 

Kit de aseo 

Desodorante, cepillo de dientes, un buen perfume, bloqueador, curitas, antialérgicos, acetaminofén, pañitos...

Pila portátil 

Salvará la patria cuando su celular esté agonizando.

Portadocumentos

Para llevar la plata, las boletas, el pasaporte, las tarjetas. Toca ir seguro.

Toalla de microfibra 

¡Clave! Es pequeña, se seca rápido y no ocupa espacio en la maleta.

Tenis cómodos 

Habrá que caminar mucho, así que serán unos amigos inseparables. No hay que olvidar cambiarse las medias de vez en cuando.

Almohada de viaje 

Para dormir como sea y donde sea.

Termo 

La hidratación es muy importante. Se puede llenar de agua (o vodka).

Libros

Con tanto viaje, nada mejor que entretener las horas con buena lectura.

Camiseta de Colombia

Lo primero que se debe empacar. Alguien despistado es capaz de dejarla.

¡Alfredo ya está en Rusia! Siga su viaje aquí.

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