El primer final en alto del Tour de Francia, cuando es corto y empinado, sirve para medir las fuerzas de los ciclistas y corregir los índices de las apuestas. Es un final como el del ‘Amigo Secreto’, cuando se revelan las caras y se descubre qué ocultan los empaques coloridos y brillantes que parecen uniformes de ciclistas. ¿Quién invirtió más? ¿Quién se preparó mejor? ¿Quién se robó el show? ¿Quién tiene lo suficiente para ganar? (Comiendo como los ciclistas del Tour de Francia)

La etapa 5, durante la noche del martes, pintaba como el posible final del Tour: el momento en el que Froome –acostumbrado a dar golpes tempraneros, a realizar el trabajo con tiempo y previsión, como buen británico– se llevaría el triunfo y los segundos de diferencia necesarios para sentenciar la carrera. Y aunque –en cierto sentido– fue así, porque Nairo y Contador rozan el minuto de distancia con él, porque Porte y Bardet no demostraron tener las piernas suficientes para rebasarlo en la montaña, un joven italiano levantó su bandera para sembrar el suspenso y cantar el inicio de la gran vuelta francesa. Fabio Aru lanzó un ataque potente, de tres kilómetros, por un ascenso tan parado como los Altos de Yerbabuena.

Froome, aunque no perdió la compostura y siguió haciendo lo planeado, es decir, reventar a los demás competidores con el solo ritmo de sus coequiperos, cometió dos errores que contradicen su categoría y experiencia: no salió detrás de Aru y cargó en sus gregarios la responsabilidad de perseguirlo. Le preocupaba más medir las fuerzas de Porte y Bardet que perseguir al que venció a Tom Domoulin en 2015 en el podio de la Vuelta a España. El capitán del Sky solo quería alejar a Alberto Contador y ratificar que, este año, según sus palabras, Nairo no es un rival para él. (10 Cosas que usted no sabía del Tour de Francia)

Y Aru, el campeón de ruta de Italia, título que le da derecho a vestir un uniforme con esa bandera en lugar del celeste de su equipo, el Astana, reventó la llegada y descontó 20 segundos, más diez de bonificación por ganar la etapa. No es líder, pero se acerca. Venció a Froome en un ascenso corto y explosivo, de esos que se suben con la adrenalina y la frescura de los primeros días. Días durante los cuales los escaladores de fondo –Contador, Bardet y Nairo– pretenden “no perder tiempo”, según repitieron ayer, como si estuvieran ensayando para un coro dominical, porque lo que mejor se les da es la tercera semana, momento en el que aprovechan el desgaste del pelotón para realizar ataques de última hora, que rinden homenaje a la cultura hispana.

En resumen, la carrera está abierta, aunque más abierta para Froome, Aru y Porte, que para Nairo y Contador. Los pesimistas dirán que el Tour de Francia 2017 es cosa de dos –un británico y un italiano–, que tal vez animará un poco Richie Porte. Los optimistas seguirán confiando en el despertar de los escaladores durante la tercera semana.

Y mientras tanto, Bogotá llorará la falta de ritmo de Chaves que perdió casi dos minutos en la llegada de hoy. Es normal. Es el tiempo que toma la recuperación de su última lesión. Lo que no es normal es depositar tantas esperanzas en los ciclistas, cuando se desconoce la condición con la que enfrentan cada carrera. (11 apodos curiosos del ciclismo mundial)

Mañana, en cambio, volverá el festival de las carreteras planas, las etapas largas y los embalajes finales. Serán días de resistencia, de “no perder tiempo”, de evitar las caídas y de analizar las palabras de cada ciclista, como si se trataran de escrituras sagradas.