Las generaciones nativas del internet y la digitalización jamás entenderán de lleno como se veía —y se vivía—  la pornografía hace más de veinte años, y mucho menos cuánto tabú y censura social rodeaba el hecho de salir a buscar material sugestivo capaz de inspirar el acto afectivo de la autocomplacencia. Las opciones rayaban en el escarnio público: ir a un rotativo de cine triple X, hoy en vía de extinción, donde almas solitarias urgidas por el morbo y la carne —en todas sus formas y variaciones—  satisfacían sus instintos primarios en la zozobra compartida del espacio colectivo, o alquilar una película en un videoclub de barrio, motivado quizás por la estética ochentera de la carátula y lo perturbador del título, o en últimas, recurrir a películas eróticas softporn al cruzar la media noche, aprovechando la internacionalización de la televisión que trajo consigo las antenas parabólicas.

"Ollo Soplador". Carlos Ariel

Sin embargo, de todas estas experiencias, nada más íntimo por su calidad de objeto —de dejarse tocar y repasar— como las revistas impresas, viejas compañeras de mesa de noche, depositarias de algo más que susurros y jadeos nocturnos: literatura para ser leída con una sola mano.

"XXX Power". Power Paola

Cuando uno ve por primera vez la revista Tropical Porn regresa a algún lugar en los años ochenta, una droguería o un kiosko donde se exhibían, —en la vitrina del rincón para ser miradas de reojo— revistas porno a medio censurar. Así tal cual, una acción de ocultar y revelar en las portadas los cuerpos lujuriosos y actos inapropiados, pero al fin y al cabo, capaces de despertar todo tipo de morbosa curiosidad y dejar en santa paz la doble moral.

"Bananowm". Mónica Zamudio

Tropical Porn (2014) es un proyecto editorial autogestionado que cuestiona tanto el arte como el porno, y por ende al consumidor de imágenes que interactúa con dichos imaginarios. Desde el contexto de la tropicalidad —¿colombianidad? ¿tercermundismo?— que nos rodea, Maria Isabel Rueda, Beatríz López y Francisco Toquica (Caín Press), artistas y editores de esta experiencia voyerista, invitan a cuarenta artistas colombianos y mexicanos a recrear desde su instinto, mirada y experiencia un tema —y práctica— tan diversa como la pornografía.


Maite Ibarreche

En sus sesenta y cinco páginas impresas usted encuentra lenguaje sucio, en prosa y verso sobre polvos y arrecheras, perversión visual callejera y popular, lo hetero y homosexual,  la genitalidad explícita, y ante todo, la emoción del juego, de entregarse del todo al morbo, al tabú y la sorpresa, quizás otra posible relación entre el lenguaje del arte y la pornografía.

"Porno Cocas". Francisco Toquica

Desde ese lugar se piensa que se muestra y que se esconde a la imaginación, como el proyecto de Maite Ibarreche y Carlos Vergara; que es lo explícito y lo lícito en la obra de Francisco Toquica; que da morbo, que nos convierte en voyeristas, por ejemplo, en la repetición de ventanas de Carlos Ariel; que da risa, que es grotesco y corriente, en los dibujos de Power Paola y las fotos de Monica Samudio. Sea por donde sea, el Tropical Porn se deja ojear, observar y tocar en profundidad.

"Invisible Porn". Carlos Vergara

Mas información: https://cainpress.com/ 

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