Empiezo

Tengo la infinita suerte de ser el esposo de Anggie Bryan gracias a que nuestra amiga, madrina y cantante, Nina Rodríguez, nos presentó casi por error. Un día en Miami, hace cuatro años, ella nos juntó y desde entonces nunca hemos soltado nuestras manos. Y tampoco queremos soltarlas.

Anggie es una mujer que me hace reír a carcajadas en público y sonreír en la plenitud de mi privacidad. Una diosa de todos los colores que me inspira a confesarme. Por eso me confieso con ustedes.

Estar enamorado de ella es un privilegio que me permite entender el amor y reconocer la pasión, mi pasión. Es una obsesión únicamente positiva. Una energía que me mantiene recargado de felicidad. Un premio del que a veces no me siento merecedor. Una receta de plenitud y libertad, condimentada con pasión.

Cuando SoHo me pidió que escribiera sobre mi vida con ella, con mi esposa, con Anggie, intenté decirlo todo, pero fracasé en casi cada intento.

No logré poner en letras la imagen de la línea que se le hace en los ojos cuando sonríe, ni el color de esa mirada que me lanza con amor y picardía, ni la sensación de sus piernas enredadas con las mías, ni el tacto de su piel respondiendo ante mis manos.

Traté de describir cómo se me eriza la piel al pensar en abrazarla bajo la lluvia y la humedad de los pensamientos morbosos que ella saca de mí, pero me venció el pudor. Probé alguna imagen que le hiciera justicia a lo que siento cuando la veo bailar al ritmo de sus pasiones, pero mis palabras no lograron seguirle el paso.

Busqué transmitir la manera en que me asombra constantemente con su inteligencia y me reta con su provocadora forma de pensar. También que me pierdo en su risa explosiva y que me encanta que me haga reír de manera casi orgásmica, pero no logré decirlo bien. Intenté expresar que me siento privilegiado y bendecido —aunque no soy religioso— por tener una familia con ella y con Rojo, nuestro perro, pero me sonó cursi.

Y en uno de los párrafos finales traté de narrar que cada vez la quiero más y que cada vez me gusta quererla más. Pero no pude porque escribir sobre mi esposa me es casi imposible. No solo porque pienso que es perfecta, sino porque estoy seguro de que lo es para mí.

Sigo

Por eso prefiero escribir sobre Anggie, la isleña, la modelo. Ella nació rodeada por el mar de los siete colores y el verde de las montañas de San Andrés. “El sonido del océano, la cultura, la naturaleza, los sabores y la personalidad de la isla impregnaron cada paso de mi vida. En el barrio jugábamos bailando, cantábamos en la iglesia, festejábamos en familia alrededor de un rondón. El ritmo y el baile siempre fueron factores de felicidad para mí”, afirma.

Fonseca, con quien protagonizó el video de la canción Simples corazones, dice que “Anggie es natural cuando se ríe, cuando habla y sobre todo cuando baila. Es natural porque se siente cómoda en su piel. Viene del mar, de la arena, de lo esencial. Qué mejor manera de hacerle un homenaje a lo más natural que es la piel, ¡y qué color de piel!”.

Mientras vivió en la isla, el color de su piel no fue para ella más relevante que los del paisaje. Pero cuando viajó a empezar sus estudios universitarios en Medellín, algunos reemplazaron su nombre por su color: “Negra, ven para acá”.

“Siempre me he sentido orgullosa de mi raza y de mi identidad isleña. Incluso en casos de discriminación, como los que vivimos todos los negros, debemos aceptarnos como somos. Quiero mostrarles a las mujeres de mi raza que tienen que estar orgullosas de sus raíces, de su cultura, de su cuerpo, de su pelo rizado o afro, sin importar quién les diga que deben alisárselo para verse ‘más estilizadas’. Comparto con ellas mi experiencia personal y profesional para que tomen de allí lo que vean útil. Utilizo la ventana que me da el modelaje para ayudar a empoderar a las mujeres en general, y en particular a las de mi color”, me dice sin disimular la emoción.

Esa posibilidad de influir positivamente ha sido un motor para su carrera como modelo, que inició en Medellín mientras estudiaba Administración de Negocios en EAFIT. Allen, su hermano mayor, le insistió que probara con el modelaje y una cadena de hechos afortunados le ha abierto camino.

En 2012 fue una de las ganadoras de la primera versión del programa Colombia’s Next Top Model, lo que le dio la oportunidad de ser una Chica Águila el año siguiente. Después, firmó con la agencia de modelos Grupo 4 y en un desfile de Colombiamoda ?en 2013? una cazatalentos de la agencia Wilhelmina Models la firmó para trabajar en Estados Unidos.

Anggie es consciente de su buena fortuna, pero sabe que no basta con eso. “Algunas cosas pasan por suerte, pero las realmente importantes ocurren gracias a la disciplina, la preparación y el empeño que se les ponga a las metas. Desde que me vinculé a mi agencia, en 2014, he tenido el privilegio de modelar en importantes pasarelas, para las más reconocidas marcas, con los artistas y diseñadores más creativos, siempre enfocada en seguir trabajando por el empoderamiento de la mujer”, afirma.

La directora de Wilhelmina Models en Miami no ahorra palabras generosas cuando habla del trabajo de Anggie en los mercados de Estados Unidos, Europa, Colombia y México. “Me siento orgullosa de contar con Anggie en la delantera del empoderamiento de las mujeres que está sucediendo en este momento, especialmente para las mujeres de color. Nos sentimos honrados de representar a una mujer tan fuerte, inteligente y audaz. Anggie simboliza todos los valores que Wilhelmina defiende”, dice Nancy Ortiz.

En palabras de Luis Balaguer, CEO y fundador de las agencias de talento Latin World Entertainment (LWE) y Raze, “ella tiene ese je ne sais quoi (yo no sé qué) de las grandes estrellas. Cuando entra a cualquier lugar, todo el mundo tiene que voltear a verla, analizarla y elogiarla. El mundo no sabe lo que le espera cuando Anggie termine de cimentar la carrera que está logrando. Se lo está tomando muy en serio y se está preparando como mujer hermosa y cabeza pensante. Creo que Anggie es la perfecta embajadora, no solamente para la mujer afro, sino para el talento latino en general”.

Termino

Con disciplina, más enfocada en el mensaje que lleva su voz que en la aceptación que puede llegar a tener su imagen, Anggie sigue trabajando día a día para eso. Gracias a ello, la gente se enamora de su humildad, de la inmensa humanidad que tiene y de la manera en que ilumina los espacios con su sonrisa y su energía.

Por eso personas como Julio Sánchez Cristo dicen que Anggie tiene un imán. “La conocí en una fiesta en México y, como el resto de los presentes, no podía evitar mirarla. Mientras retumbaban las preguntas de rigor: quién es, de dónde será, tendrá novio, qué hace... ella bailaba y sonreía. Y mientras el resto de la fiesta se movía a velocidad normal, mi registro de ella era en cámara lenta. Luego, cuando la escuché, entendí que Anggie está aquí para ser una guía de liderazgo que se impone, no por su color, sino por ser diferente. Su perfil de empoderamiento la llevará lejos como profesional de lo que quiera ser, modelo, actriz, presentadora o simplemente una mujer que sabe lo que quiere y que lo puede compartir. Anggie tiene un ángel, no se de qué color... a lo mejor es color Anggie”.

Frente a esto, Luis Balaguer, que también es socio y mánager de Sofía Vergara, dice que “Anggie es una joya más que nos regala Colombia. Ese imán que tiene ella solo me ha tocado experimentarlo dos veces en mi carrera. Y, por cierto, yo estaba en la fiesta en México que Julio mencionó y confirmo todo lo que él dijo”.

Por eso vuelvo a confesar lo afortunado que me siento de ser su esposo, amante, amigo y cómplice. Ya que una y otra vez puedo caer perdido en su sonrisa y en la profundidad de sus ojos, o eclipsarme constantemente con su infinita belleza. También adormecerme con su buena energía y retarme con sus inteligentes preguntas.

Aunque uno no decide de quién se enamora, ni cuándo, creo que, si hubiera podido escoger, le hubiera pedido a Nina Rodríguez que nos presentara antes para poder enamorarme de Anggie muchos años atrás.

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