Jessica Mann le cortaba el pelo al productor de cine en su habitación del hotel The Peninsula, en la Quinta Avenida de Nueva York, cuando él se tornó violento. Ya se conocían. Tres años antes, en 2013, habían tenido una relación íntima durante la cual él usó la fuerza, elemento que hoy constituye una de las principales acusaciones en su contra, en la corte de Manhattan que lo juzga.

Los pormenores sexuales de esta agresión, ocurrida el 18 de marzo de aquel año, han acaparado la atención de la prensa en Estados Unidos y el mundo. Ese día, en un cuarto del hotel DoubleTree de Nueva York, Mann le confesó al magnate de la meca del cine que tenía novio. Su reacción fue bestial. Weinstein le exigió desvestirse de inmediato y, ante su negativa, le gritó que debía estar con él una vez más. La estilista y actriz frustrada cuenta que le quitó los pantalones a la fuerza y la lanzó sobre la cama antes de ir brevemente al baño y regresar con una erección. Entonces, le practicó sexo oral en contra de su voluntad y la penetró violentamente. Al final, eyaculó en su cara y Jessica asegura que el semen sabía a la droga que él se habría inyectado para lograr la erección: “Me dejó un sabor asqueroso en la boca”. Esa no fue la primera vez que abusó de ella.

JESSICA MANN es una de las dos mujeres que logró llevar a Weinstein a juicio. Asegura que él la violó ferozmente en un hotel de Nueva York.

Este ataque y el que cometió contra Mimi Haleyi, asistente de producción del programa Project Runway, a quien también le practicó sexo oral a la fuerza en 2006, son los dos casos a que se limita el proceso que podría enviar a Weinstein por el resto de sus días a la cárcel, a pesar de que más de ochenta mujeres, entre las que figuran estrellas como Angelina Jolie, Cate Blanchett y Gwyneth Paltrow, aseguran que él las acosó sexualmente. La fiscalía presentará los testimonios de otras presuntas víctimas, pero solo para ilustrar que el modus operandi del depredador era siempre el mismo: aprovecharse de actrices jóvenes e inexpertas, y exigirles favores de cama a cambio de un trabajo en Hollywood y una vida de lujos.

Pero este no era el tipo de estrellato con el que soñaba Jessica Mann. Nació y se crio en una pequeña finca ganadera en el estado de Washington, de donde huyó a los 16 años agobiada por una infancia marcada por la violencia y el maltrato. A los 25, se mudó a Los Ángeles con el fin de convertirse en actriz y asistió a varias audiciones para roles importantes, pero apenas logró protagonizar algunos comerciales. Hoy se gana la vida cortándoles el pelo a las celebridades.

Para su pesar, sus quince minutos de fama ahora corren por cuenta de los vejámenes que padeció en el DoubleTree en Nueva York, al respecto de lo cual Meghan Hast, la fiscal del juicio, reveló otro dato curioso: Jessica buscó en la basura del baño la jeringa con que Weinstein se había inyectado el pene y memorizó el nombre del medicamento para averiguar después para qué servía.

Se llama Caverject y es recetado para tratar la disfunción eréctil. Funciona de manera casi inmediata, las jeringas contienen el fármaco y es de fácil aplicación. En el caso de Weinstein, su asistente personal, Sandeep Rehal, se hacía cargo de comprarlas. Ella forma parte del grupo de más de treinta mujeres que lo demandaron por discriminación sexual, lo que podría costarle al expresidente de The Weinstein Company y fundador de Miramax Films, firmas que revolucionaron a Hollywood, más de 25 millones de dólares. Según Rehal, entre sus responsabilidades laborales estaba guardar la medicina en su escritorio y asegurase de que él llevara una dosis en su bolsillo cuando salía a encontrarse con alguna mujer, lo que sucedía hasta tres veces por semana.

Tan asombroso como el testimonio de Mann ha resultado el de Mimi Haleyi, quien sostiene que el 10 de julio de 2006 el productor de éxitos como Pulp Fiction, Shakespeare enamorado y El discurso del rey la invitó a su apartamento en Soho, en Manhattan. Allí le practicó sexo oral, a pesar de su advertencia de que tenía la regla y que llevaba puesto un tampón. A lo largo de su declaración, Haleyi recordó que mientras él abusaba de su cuerpo, con su boca y su lengua, ella pensaba: “Esto es una violación”.

Weinstein, de 67 años, ha dicho que todos esos encuentros fueron de mutuo acuerdo y su defensa ha buscado comprobarlo durante el litigio. Por su parte, la fiscalía espera dejar en evidencia que él usó su poder económico para satisfacer sus fantasías que, como así mismo se supo en el juzgado, incluían tríos sexuales. Dawn Dunning, una actriz y mesera, le contó al jurado que en 2005 él le propuso que tuvieran un ménage à trois con una de sus asistentes. La mujer se negó. Enfurecido, le pronosticó que no llegaría lejos en su carrera profesional y le advirtió que otras más talentosas que ella, como Salma Hayek y Charlize Theron, sí lo habían hecho para avanzar en la industria.

SALMA HAYEK contó que Weinstein le hizo la vida imposible en Hollywood cuando se negó a propuestas como bañarse con él, a que le practicara sexo oral o desnudarse con otra mujer.

Las revelaciones pintan el perfil de un violador y acosador sexual en serie, pero también dejan entrever un patrón que su defensa intenta usar: la mayoría de las presuntas víctimas mantuvieron el contacto con él después de los episodios que hoy denuncian. Los abogados de Weinstein presentaron ante el jurado cartas de amor de Mimi Haleyi y pruebas de que Jessica Mann le pidió reunirse con ella para presentarle a su madre.

De otro lado, para contrarrestar la teoría de que las relaciones sexuales fueron consensuadas, la parte acusadora presentó a una psiquiatra forense. Ella explicó que en la mayoría de las situaciones en las que víctima y agresor se conocen, lo usual es que la primera guarde silencio por vergüenza. En cuanto a Haleyi y otras mujeres que se han pronunciado en contra de Weinstein, su argumento es que no lo delataron antes por temor a que eso significara el fin de sus carreras artísticas y de su buena reputación.

Uno de los más recientes episodios del juicio fue verdaderamente grotesco. Como las acusadoras habían afirmado que Weinstein estaba lleno de cicatrices y tenía los genitales deformes, el juez ordenó que le tomaran fotos frontales desnudo para ver si era verdad. Las mujeres del jurado, al verlo gordo, decadente y “empeloto”, no pudieron evitar sonrojarse. Jessica Mann y testigos como la modelo Lauren Marie Young afirmaron que Weinstein no tenía testículos, pero sí una gran cicatriz en el pene y que parecía intersexual, lo que antes se conocía como hermafrodita.

La fiscalía espera que este proceso, emblemático de la era del movimiento #MeToo, desatado precisamente cuando más y más mujeres se atrevieron a desenmascarar a Weinstein, abra también el camino para entender el comportamiento de las víctimas de violación y de sus victimarios. Hoy, el que fuera el rey Midas del séptimo arte, se desplaza con la ayuda de un caminador tras la cirugía de columna que le realizaron en diciembre de 2019. La tarea de la fiscal que busca su condena es hacer valer el testimonio de las mujeres cuyas vidas afectó para siempre y que el jurado no se deje conmover por la apariencia de viejo cansado, demacrado y silencioso con que Weinstein ahora tratar de esconder la perfidia de la que ayer se ufanó.