En la casa de Monosóniko todo es música. Los únicos minutos de silencio de los que su hogar es testigo son aquellos en los que levanta la aguja del vinilo, busca otro entre los 900 que tiene organizados en cajas y vuelve a inundar el lugar con salsa, champeta o lo que se cruce en su búsqueda. Ha trabajado con Bomba Estéreo, Kevin Flórez, Charly Black y llevado su sonido desde las calles de Barranquilla hasta el Toulouse Dub Club.

Para hablar de Monosóniko hay que hablar del picó. Este sistema de sonido tan propio del Caribe, muchas veces hecho en casa uniendo cables y bocinas, pintado de colores llamativos y bautizado por su dueño, suele ambientar los barrios y sobre todo las noches en la costa con la mezcla de ritmos como sucus, salsa, música jíbara, bullerengue, cumbia, guaracha y vallenato. (Lea también: Champeta para dummies, por Charles King)

Walter Pacheco nació el 20 de enero de 1982 en el suroccidente de Barranquilla, en el barrio La Chinita. Viene de una familia de comerciantes que vendía —más que todo— gafas en todas las festividades patronales desde La Guajira hasta Córdoba. A mediados de 1982 su padre se ganó una Honda 125 roja con blanco y, siguiendo el consejo de su compadre Alvarado, la vendió e invirtió en un picó. Desde ese momento y hasta el día de hoy, la música ha sido ese destino ineludible que persigue a Monosóniko.

A Bogotá llegó en 2006 junto con su amigo ‘el Mojarra’ para ver a Manu Chao presentarse en Rock al Parque. Después de atestiguar lo abierta que era la escena musical de la capital decidió quedarse. Una de las caras amigables que encontró fue la de Walter Hernández, de Systema Solar, quien lo recibió con los brazos abiertos y lo presentó como un picotero barranquillero. Lo que nadie sabía es que para Walter Pacheco el picó era solo la punta del iceberg, pues el reggae, el hip-hop, el perreo, las placas y todos los ritmos que había disfrutado en su juventud se habían mezclado para darle vida a Monosóniko Champetúo.

Cuando comenzó a presentarse en bares se dio cuenta de la distancia abismal que existía entre el público bogotano y géneros como la champeta, pero eso nunca lo detuvo. Ha tenido varios proyectos, entre los que se encuentra Boom Full Meke, agrupación de perreo picotero que fundó junto con el músico Bclip.

Nunca ha dejado de experimentar con la música, sigue mezclando ritmos que vayan desde los 75 beats por minuto hasta los 130 o 140. Lo que le importa es amplificar lo que esté sintiendo, mas no lo que el público pueda pedir. Monosóniko comparte lo que suena en su interior y de esa manera quien se conecta con el latir de su corazón logra comprender de qué va todo este cuento del perreo picotero y los ritmos heredados de aquel rincón a la orilla del río en donde nació este personaje. (Lea también: Champeta para el alma y bailar hasta el amanecer)