En la imagen. Es tu hermana. Tu madre. Tu esposa. Tu novia. Tu prima. Tu amiga. Tu vecina. Tu tía. Tu sobrina. Tu colega. Tu hija. La chica de al lado. En el supermercado. En la acera. En la ferretería. Todas, todas las mujeres visten un cuerpo desnudo. Y tienen sexo. Quieren tenerlo. Tienen momentos y razones de deseo.

El tema, querido hombre, es que resulta posible que hayas aprendido, desde pequeño, a que puedes desear a esa chica que está tan buena, que se muestra; pero... que no se ve bien que ella disfrute de todo eso. Sexy, sí, pero... ¿sexual ella? Un sí, pero no imposible de reconciliar.

Es común. Si lo piensas bien, podrás verlo. Con ciertas mujeres a quienes proteges y quieres —tu hermana, por ejemplo, tu hija— tal vez te resistas a imaginarte que ellas también tienen placer o que desean tenerlo. Sabes cómo la mirarán otros hombres porque así miras tú, a veces, a las mujeres. Sabes lo que puede suceder porque tal vez esas han sido tus acciones con las mujeres y el sexo.

Es curioso, verás, a esas mismas mujeres les enseñan que ser bonita es importante, que les conviene ser sexy, que es un halago ser deseada; pero, ¿buscar su placer?, ¿con varios hombres?, ¿gozar? Mostrarle ese aspecto al mundo, eso no resulta ya tan “conveniente”. Hay una fuerte contradicción en cómo aprendes, hombre, a mirar a una mujer, y cómo aprende ella a verse y relacionarse contigo también.

En las fotografías que ves, la mujer es Nina Rodríguez. Despuntan sus 30 años. Se formó en diseño industrial. Se dedica a la música. A lo que siempre sintió como pasión real. Hace unos meses lanzó su último disco, Heroína. Es compositora, escribe sus melodías en el piano. Su voz de cantante es honda y femenina. Es rigurosa y constante para practicar. Y es dueña de esa belleza que en estas fotografías te deleita. Con ese cuerpo. Y mira, para ella —que fue también modelo y que pasó por el Reinado de Belleza— no fue tan fácil llegar a estas páginas ni exhibir este lado, de poder y sensualidad, que tiene toda mujer.

A lo largo de su vida, criada entre varones y en linaje costeño, Nina no siempre sintió que la belleza fuera un poder. Verás, querido hombre, es posible también que pienses que no hay nada más halagador para una mujer que ser deseada y ser bella para los varones. No necesariamente. Piénsalo.

De las mujeres bonitas se espera, por ejemplo, que sean un adorno para un hombre de éxito. Que no piensen u opinen demasiado. Y sí, querido hombre, algunas consumen esa historia y fabrican una vida de esa manera. Pero hay otras que se cuestionan y que buscan entender para qué sirve esa belleza. Por qué a veces duele. Por qué no garantiza el amor. Por qué hace que a veces una mujer se sienta débil y no fuerte.

En el caso de Nina, esa belleza, por ejemplo, es la que hoy también le crea cercas en la industria musical. Es que “estar buena”, haber sido modelo, tener una belleza notoria, agiliza entre los líderes del contexto una serie de sospechas. ¿Puede haber talento detrás? ¿Sí hay que tomársela en serio? En el medio local, la adversidad hacia su música tiene raíces en esa belleza. Aun cuando ella haya creado una vida que desafía las convenciones y expectativas de lo que, en teoría, “debe” hacer una mujer como ella.

Pero entonces, preguntarán algunos, si se trata de una mujer que lucha contra los lugares comunes para las mujeres, ¿por qué figura en estas páginas, exponiendo su sensualidad desde una posición de poder?

Porque es exactamente lo que “no debe hacer”. En medio de todo, aunque sí ha habido muchas e importantes liberaciones para las mujeres, sabes, querido hombre, que tal vez tus amigos quieran una mujer sexy, pero se sientan contrariados si se muestra como par de un hombre en ese aspecto. Y no, ser par no significa que ella se comporte como un hombre también. Significa ser sexual de la manera en que las mujeres pueden serlo. ¿Cómo es eso? Pregunten a sus mujeres.

Una escritora barranquillera decía que hay hombres que no pueden amar a la mujer que desean y que no pueden desear a la mujer que aman. Separan. La candidata ideal para el casamiento y la madre de los hijos a veces no puede ser la misma con quien descarga el furor de su deseo. La mujer para el amor debe ser algo virginal; la que despierta su masculinidad hay que separarla para eso. Es verdad, querido hombre, que muchos no aprenden a ver a una mujer como algo más complejo que una serie de blancos y negros.

Al sentir esas redes y sentir cierta contrariedad ante las consecuencias que puede tener su belleza, Nina empezó a mirar alrededor para identificarse con alguna artista musical. Comprendió, sin embargo, que en la historia de la música, Madonna fue la que eligió usar el cuerpo y la sensualidad para llevar mensajes. Escandalosos porque mostraban una mujer audaz y rebelde, contradiciendo muchas reglas del catolicismo, usando el sexo como idioma también.

Muchos criticaron duramente a Madonna en su momento. Hombres, mujeres, los medios, las feministas, la Iglesia. En los noventa, la artista se puso a sí misma en escenas eróticas que mostraban lo variado y misterioso que es el sexo, pero que también la ponían en posiciones que, para muchos, debilitaban a las mujeres.

Madonna, sin embargo, explicó agudamente que era ella misma quien “se encadenaba a su propio deseo”. “Ningún hombre me pidió estar allí o actuar de cierta manera, yo escogí esta posición de placer”. Sobre esas ideas versaba su pensamiento. Pero había algo más. Algo que muchos todavía no logran ver y que Nina está intentando hacer con su música y los mensajes que permite mandar el cuerpo: educar. De allí que el álbum lleve por nombre Heroína, la fuerza que quiere transmitir Nina.

Invitar a los hombres a escuchar el punto de vista de una mujer. Ir también con aceptación a esa parte de sensualidad que muchos juzgan en las mujeres. Reconciliarse ella con esa parte que hoy puede ocupar desde un lugar distinto porque, a diferencia de otros momentos, logra sentirse más cómoda en su propia piel. Y que, aunque muchas mujeres no lo crean, no fue una sensación que la acompañó siempre. Ser bella no significa que una mujer se sienta de esa manera.

Si Madonna se interesó tanto y en su momento por el tema del sexo fue también porque presenció cómo la falta de educación y protección podía desencadenar enfermedades que llevaron a sus amigos a la muerte. También quería despertar la curiosidad de los más jóvenes precisamente para empezar a ver el sexo desde el conocimiento y no desde la moral.

Hacerlo permite hacer cambios importantes. Esto, querido hombre, aunque no lo creas, permite incluso que las economías sean más prósperas. Que haya más progreso. Que menos chicas jóvenes salgan embarazadas de chicos también jóvenes que no se protegen correctamente. Hombres y mujeres podrían relacionarse de maneras que permitan a ambos sentirse plenos. Las relaciones de pareja tomarían nuevos rumbos.

Estas fotos son sobre eso. Y también para invitarte, querido hombre, a que veas cómo luce una mujer, mostrando su sensualidad, poderosa pero no libre de nervios, cuando la visión está hecha por mujeres (la fotógrafa, la directora creativa, la productora, la que esto escribe). Porque, al final, se trata de que al mirar a las mujeres que te rodean, veas a alguien que, como tú, experimenta el mundo con apetitos, placeres y deseos.

Ya no se sostienen esas ideas de que las mujeres no pueden o deben ser y hacer cosas que tú si puedes hacer. Piensa en las que te rodean. Es tu hermana. Tu madre. Tu esposa. Tu novia. Tu prima. Tu amiga. Tu vecina. Tu tía. Tu colega. Tu hija. A ti y a ellas han podido enseñarles que la sensualidad en una mujer no era correcta. Eso era cuando el mundo lo contaban solo los hombres, esto es un poco de cómo lo vemos nosotras.