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En Arabia Saudita vive un príncipe que ha intentado construir una imagen de sí mismo como el cruzado en contra de los excesos y las malas prácticas de la familia real. Se trata del príncipe Mohamed bin Salman, el hijo del rey Salman bin Abdulaziz con su tercera esposa. Bin Salman es el asistente segundo del primer ministro y, desde 2015, el ministro de Defensa de Arabia Saudita. Ese mismo año, el rey retiró a su otro hijo, el príncipe ?Mohammed bin Nayef, quien supuestamente iba a ser su heredero, y lo puso en arresto domiciliario para reemplazarlo por Bin Salman como cabeza de la familia real y heredero del trono en el futuro.? Con tan solo 32 años, el príncipe es, entonces, una voz dominante en las políticas militares, extranjeras, económicas y sociales de Arabia Saudita. Eso ha provocado descontento en la extensa familia real, incómoda con el hecho de que una sola figura, tan joven y de un solo linaje, concentre tanto poder.?

A finales de 2017, Mohamed bin Salman fue nombrado por su padre director de un comité anticorrupción. Tan solo unas horas después de su creación ya estaba ordenando arrestos al multimillonario príncipe Al Waleed bin Talal, otros diez príncipes, cuatro ministros y decenas de exministros, además de muchos hombres de negocios y funcionarios ricos del reino. Bin Salman los detuvo extrajudicialmente en el hotel Ritz-Carlton y los ha presionado para que firmen millones de dólares en activos si quieren evitar su enjuiciamiento y recobrar su libertad.?Vale la pena anotar que uno de ellos, el príncipe Al Waleed bin Talal, quien controlaba la firma de inversiones Kingdom ?Holding, era uno de los hombres más ricos del mundo. Tiene participaciones importantes en Apple, Citigroup, 21st Century Fox, ?Twitter, entre muchas otras compañías conocidas, y el control de las redes de televisión por satélite en todo el mundo árabe.?Como muchos son hermanos o primos, no deja de sorprender que el heredero al trono los haya encerrado con amenazas de cárcel. Y a pesar de que es tan rico como ellos, es percibido en su país como un estadista moderno, reformista y austero que ha intentado hacer política de una manera diferente. Tras el desplome del precio del petróleo (la principal fuente de riqueza del país) en la última década, el gobierno ha tratado de cerrar los déficits presupuestarios con la disciplina financiera.

Por otra parte, muchos lo consideran la oveja negra de la familia real por tener una postura abierta en varios temas, sobre todo de índole social. En 2015, Bin ?Salman prometió que, después de su muerte, su fortuna —que supuestamente es de 32.000 millones de dólares— iría a la caridad. También apoyó a las mujeres al volante antes de que el reino anunciara que les otorgaría el derecho a manejar.?A pesar de esa imagen de sí que el príncipe ha querido construir y proyectar, el diario The New York Times ha dedicado varios artículos a destapar una faceta de su personalidad que no se conocía: el nivel inverosímil de su propio despilfarro, que va en contravía de todo lo que pregona en público.?Según la investigación del diario estadounidense, Bin Salman no solo es el verdadero comprador del cuadro más costoso de la historia, Salvator ?Mundi, atribuido a Leonardo da Vinci, que Christie’s subastó por 450 millones de dólares hace poco más de un mes. Al parecer, también acaba de adquirir la mansión más cara del planeta, cerca de Versalles, Francia, y un yate de 500 ?millones de dólares con dos piscinas.Pero eso no es lo más grave: según la investigación, el príncipe ha hecho esas compras mediante testaferros y empresas fachada para que no se le relacione con el gasto excesivo del gobierno de una nación en la que la línea que divide el dinero estatal de la fortuna real (cuya proveniencia es bastante oscura) es cada vez más difusa, y donde la crisis se hace cada vez más evidente.??

El cuadro?

El miércoles 6 de diciembre, The New York Times informó que la compra de ?Salvator Mundi se había realizado a nombre del príncipe Bader bin Abdullah bin Mohammed bin Farhan al Saud, amigo personal del príncipe Mohamed bin Salman. La casa de subastas se negó a confirmar el nombre del verdadero comprador y, sin embargo, son varias las razones que permiten afirmar que Bader realizó esa compra a nombre del príncipe.?En primer lugar, según el diario, el príncipe Bader no es lo suficientemente rico como para realizar una compra tan costosa, ni tiene una historia pública como coleccionista de arte.?En segundo lugar, Bader es un viejo amigo de Mohamed bin Salman, y al menos una vez actuó en su nombre, en la compra de un complejo turístico para media docena de príncipes de la familia inmediata de Mohamed.?

Las razones para no haber hecho la compra directamente? Como dice el artículo de The New York Times: “Hacer una compra de arte récord en su propio nombre podría ser incómodo para el príncipe heredero porque está dirigiendo una campaña enérgica contra la corrupción y el enriquecimiento personal de la élite del reino, incluidos algunos de sus primos reales”. Y continúa: “El Salvator Mundi de ?Leonardo también puede ofender las sensibilidades y violar las reglas del reino musulmán ultraconservador. La pintura de la época del Renacimiento es una representación reverencial de Jesucristo y los musulmanes creen que Jesús no es el salvador sino un profeta. Los clérigos saudíes también enseñan que el islam prohíbe cualquier obra de arte en la que aparezca un ser humano y que la representación de cualquiera de los profetas está especialmente prohibida”.? Aún así se rumora que el cuadro terminará —ya sea como un préstamo, un alquiler o un regalo— en el nuevo Louvre de Oriente Medio, pues da la casualidad de que el príncipe heredero de Abu Dabi, Mohammed bin Zayed, es cercano a Mohamed bin Salman.

El castillo y el yate

La cuestión de estas otras compras del heredero al trono es mucho más complicada que la anterior. El Château Louis XIV, construido en 2009 sobre los escombros de un castillo del siglo XVII, se vendió hace dos años en más de 300 millones de dólares. La revista Fortune lo llamó “la casa más cara del mundo”, sin embargo se desconocía la identidad del comprador.? Un nuevo artículo de The New York ?Times —escrito por los periodistas Nicholas Kulish y Michael Forsythe, publicado el 16 de diciembre pasado— afirma que los documentos rastreados y las numerosas entrevistas conducen al príncipe. La historia del Château Louis XIV es, dice el artículo, toda una “novela financiera, con un abogado en el Gran Ducado de Luxemburgo y un reparador para los muy ricos de la nación mediterránea de Malta (…) La propiedad del castillo en Louveciennes, Francia, está cuidadosamente rodeada por empresas ficticias en Francia y Luxemburgo. Esas compañías son propiedad de Eight Investment Company, una empresa saudita administrada por el director de la fundación personal del príncipe Mohamed. Los asesores de los miembros de la familia real dicen que el castillo, en última instancia, pertenece al príncipe heredero”.?

Según el diario, Eight Investment es la misma compañía que financió la compra del príncipe de un yate de 440 pies que le pertenecía a un magnate ruso. Esta sociedad también compró recientemente una finca de ?620 acres en Condé-sur-Vesgre, a una hora de París: “Las dos nuevas propiedades francesas, Château Louis XIV y Le Rouvray, pertenecen a dos compañías francesas. Estas son propiedad de una compañía de Luxemburgo, ?Prestigestate SARL, que a su vez es propiedad de Eight Investment (…). Eight Investment, según documentos de la firma de abogados ?Bermudan Appleby, ‘es propiedad de ?miembros de la familia real saudita’. Entre los conocedores de esos intríngulis se sabe que quien está detrás de todo esto es Bin Salman”.

Al respecto, los paradise papers “revelaron —dice el artículo de The New York Times— cómo pelotones de abogados, banqueros y contables en Alemania, Bermudas y la Isla de Man trabajaron para transferir rápidamente la propiedad a ?Eight Investment. El precio del yate, según los borradores del contrato, fue de 420 millones de euros, o 494 millones en dólares de hoy, incluso más que el castillo. Los correos electrónicos entre los abogados indicaron que el yate sería propiedad de una compañía de las Islas Caimán llamada Pegasus VIII, que se creó en 2014. En ese momento también se reveló que el príncipe Mohamed había comprado otro yate de 60 millones, rebautizado Pegasus VIII”.?

Aunque, como recuerdan los periodistas, se supone que en Arabia Saudita se les hace seguimiento a los gastos y a las posesiones del gobierno, las recientes investigaciones de los paradise papers y los papeles de Panamá han mostrado detalles nuevos y ocultos de la riqueza del príncipe. Estas revelaciones han escandalizado no solo por los montos del dinero invertido, sino porque el protagonista de esa racha de excesos y despilfarros sea el hombre que tiene bajo arresto a la mitad de su familia por actos de ostentación económica injustificada.