Alfredo Di Stéfano se enseñó a mezclar en un mismo coctel la frontalidad y las malas pulgas. Ese brebaje parecía beberlo a diario. Ya eran tiempos en los que estaba muy lejos de hacer maniobras y piruetas en la cancha. Por cuestiones de rebote, le tocó ser DT del Real Madrid y ahí fue cuando un representante de futbolistas lo abordó, pensando en reforzar su plantilla. Le ofreció un jugador. Di Stéfano le preguntó por sus capacidades. El agente pasó saliva, se rascó la cabeza porque sabía que el argentino estaba activando el coctel. Le respondió en medio de titubeos que no era un gran jugador, pero que tenía algo muy valioso: era joven. (James Rodríguez y otros diez jugadores que no triunfaron en el Real Madrid)

Di Stéfano, gruñendo como solo él lo sabía hacer, espetó una de las frases que pintaron durante mucho tiempo la política de contrataciones en el equipo blanco: “Me decís que el futbolista que pretende ponerse la camiseta de un club cinco veces campeón de Europa no es talentoso y lo defiendes diciendo que es joven. ¡Si además de poco talentoso fuera viejo, es como si me invitaras a salir con una mina que además de fea es antipática!”. La siguiente escena muestra al representante huyendo despavorido y a la “Saeta Rubia” cerrando el puño y levantándolo al aire, dejando escapar un par de puteadas dirigidas al indelicado mercachifle que quería hacerle un gol.

Eso supo ser el Real Madrid: un joven que no salía con feas y tampoco con antipáticas… pero el mercado, las cifras excesivas de estos tiempos y las vueltas que da la vida han hecho que algunas bellas pretendientes terminen transformándose en brujas cuando se visten de blanco. Y claro, también el Real ha compartido veladas frustrantes con feas y antipáticas.

Alfredo Di Stéfano

Foto: Alfredo Di Stéfano

Desde el ignoto Elvir Balji, figura en la liga de Turquía con el Fenerbahçe, que cuando se vistió con la casaca merengue terminó hecho merengón. Y hasta el mismísimo Zinedine Zidane: el comienzo del crack francés en el césped del estadio Santiago Bernabéu dista mucho de aquella noche consagratoria en Glasgow, con su inmortal volea ante el arquero Hans-Jörg Butt, del Bayer Leverkusen, en la final de la Champions League de 2002. (Francisco Maturana: El día que estuve a un paso de dirigir el Real Madrid)

En su arranque fue silbado, le pifiaba a la pelota. Pero por eso Balic es Balic y Zidane alcanzó a treparse al escalón más alto —en la cancha y también en el banco— de una institución que históricamente tiene como consigna ganar, a veces al precio que sea. Puede ser rompiendo el mercado. O trayendo figuras inalcanzables, rockstars tipo Beatles que llevan a miles y miles de fanáticos hacia la vereda blanca.

En ocasiones, puede ser forzando la inclusión de estas estrellas en una formación, como cuando se presiona con fuerza una ficha que no corresponde al diagrama de un rompecabezas. O también dejándolas en la banca, no porque estén en bajo nivel ni mucho menos; todo lo contrario: es pura falta de espacio. Es que la caja de instrucciones del fútbol solamente admite rompecabezas de once piezas. Como le ocurrió a James Rodríguez.

De Didí a los ‘galácticos’

Tenía la mejor pegada de tiro libre en esa época. Fue aquel que se inventó la folha seca, una técnica en la que el balón es golpeado fuerte con la punta del pie y parte del empeine y que genera un extraño efecto en la bola: cuando parece que se eleva hasta los cielos, de pronto, sin entender cómo, baja bruscamente para engañar a los arqueros. Era Didí, gran figura de Brasil en el Mundial de 1958, fichado por el Real Madrid en 1959 para que se uniera a una sinfonía montada por Di Stéfano, Gento y Puskas. Nunca se entendió cómo semejante crack no cuajó en la “Casa Blanca”; se habló de racismo en su contra —fue el primer negro que se puso la camiseta del Real—, se dijo que su temperamento fuerte se debilitó en España debido a la lejanía de su entorno… es considerado el primer gran fiasco en cuanto a contrataciones del club.

Ezequiel Fernández Moores es periodista. Ha escrito para esta revista y tantos medios más. Hizo toda una inspección sobre el mítico boxeador argentino Ringo Bonavena y la plasmó en su libro Dígame Ringo. Desde Buenos Aires, me dice que no puede encontrar una sola teoría que respalde el fiasco que resultó Didí en su tiempo: “Di Stéfano cuenta en su biografía que hasta su esposa le buscó casa a Didí cuando llegó a Real Madrid. (Karim Benzema, el futbolista que se salvó de ser un delincuente)

Algunos atribuyeron el fracaso del gran brasileño a cuestiones de racismo e implicaban al propio Di Stéfano. Para completar —continúa Fernández Moores—, la mujer de Didí trabajaba para una agencia de prensa y ella empezó a correr el rumor de que ciertos compañeros de su marido supuestamente pagaban notas a la prensa para que hablara bien de ellos. En su libro, Alfredo, que era una maquinita que llegaba de un área a otra, contó el problema de Didí en términos muy futboleros: ‘Lo que pasó fue que el negro no corría’ (negro en Argentina suele usarse de modo cariñoso, no racista)”.

Pasó Didí, pero casi nunca fallaba el Real en sus contrataciones. Luego, la brecha de nacionalidades que se rompió con la Ley Bosman —que, entre otras cosas, permitía a los clubes contratar a cuanto jugador extranjero quisiera— ayudó a que la mira telescópica para captar talentos se empañara en ocasiones. Claro, entre Didí y la ley hubo muchos que, aunque triunfaron, se terminaron yendo mal, y no por su rendimiento.

En una entrevista publicada en 1990 por la revista El Gráfico, a Óscar Ruggeri, campeón con Argentina en el Mundial de 1986, le preguntaron por qué se fue sorpresivamente del club más deseado por cualquier jugador profesional para ponerse la camiseta del Vélez Sarsfield de su país. ¿Por qué ese regreso abrupto tras haber logrado el título de liga, tras haber jugado 31 de los 38 partidos que lo llevaron a él y sus compañeros a vencer con holgura en España, tras haber marcado dos goles en su periplo madridista? Ruggeri, tipo frontal como pocos, comentó que su sueldo era 50 veces menor al del peor sueldo de la plantilla y que el entrenador de entonces, John Benjamin Toshack, no lo quiso más.

Tiempo después, en otras entrevistas, el zaguero central, que jugó al lado de Michel, Butragueño, Manuel Sanchís, Martín Vásquez y Pardeza (la denominada “Quinta del Buitre”, que fue como hablar en épocas más cercanas de “la Masía” de Xavi, Puyol, Busquets e Iniesta en el Barcelona), comentaba que aunque tenía cuatro años de contrato más, le dijeron que no había espacio para él. Entonces, todas las mañanas, Ruggeri —quien no pensaba renunciar al dinero ya firmado— iba a los entrenamientos a tomar el sol: llevaba gafas negras e insultaba a Toshack desde el costado del campo, mientras doraba su piel. La dirigencia cedió a la presión y decidió arreglar con él. (El futbolista que perdió su trabajo por hacerse un tatuaje)

A Claude Makélélé, el volante de marca que trabajaba como Pac-Man mientras las figuras se lucían, le pasó algo parecido: no sintió que el trabajo sucio que realizaba para que los demás brillaran se pagara bien. Entonces dio el portazo y se fue a un lugar en el que lo apreciaran más.

Fueron los tiempos del “equipo galáctico”, aquel apelativo que le dio el presidente del club, Florentino Pérez, quien tenía claro que con poder económico y apertura de fronteras el Real Madrid iba a ser el más grande del mundo. Lo fue, claro, pero esa posibilidad de servirse de cualquier jugador como alimento del buffet también ayudó a fichar mucho, y mal.

Beckham, figura mediática y sin espacio en la banda derecha merengue, porque esa hectárea estaba destinada para Luís Figo, debió despeinarse al lado de Guti para tratar de suplir a Makélélé en una posición ajena para él. A pesar de los trabajos que pasó en un lugar de la cancha ajeno al suyo, el inglés debía ser siempre inicialista por asunto de merchandising.

Y vuelve Fernández Moores a dar su opinión: “Sabemos que desde el arribo de Florentino Pérez se privilegió a los ‘galácticos’, es decir, jugadores que, además de jugar bien, tenían que tener un carisma especial, necesario para vender camisetas hasta en la China. ¿O acaso no cuentan que Florentino echó a Vicente del Bosque porque el DT era demasiado serio, era cero vendedor de humo? Ahora mismo dicen que Casemiro es un triunfo de Zidane, porque Florentino no lo quería ni ver. (Los increíbles guayos de diamantes de Cristiano Ronaldo)

Foto: James Rodríguez

Ahí está también el relato de Ancelotti en su libro diciendo que sus problemas comenzaron cuando se negó a poner a Bale de 9, como se lo pidió el representante, ¡delante del propio Florentino! Y ahí está también el despido que sufrió el propio Valdano cuando era director deportivo. ‘El fútbol es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de jugadores’, dijo un ejecutivo de Florentino. Eso sí, con Messi ya por los 30, el futuro de Real Madrid pinta mucho mejor que el de Barcelona.

Los respectivos bancos el otro día lo demostraban. En uno Isco, Asensio y James. En otro... André Gomes, símbolo del fiasco de la política de fichajes de Barcelona. Ni cantera, ni cartera. El Madrid, siempre cartera, tiene más fútbol desde la llegada de Zidane. Pero, sabemos, hay que rendir de entrada y vender camisetas en China”.

Manual para triunfar en el Real Madrid

Es cuestión de sentarse con un par de amigos vagos y hacer la lista de nombres que pasaron por Real Madrid y no dejaron la huella que de ellos se esperaba: Van Der Vaart, Sneijder, Robben, Munitis, Canales, Emerson, Cicinho, Diogo, Samuel, Metzelder, Robinho, Rincón, Hagi, Gravesen, Anelka, Cassano… ¿Es acaso el Real Madrid una olla de presión que no todos aguantan? ¿Es el club del mundo con mayor exigencia por todo lo que está a su alrededor?

Quique Wolff apareció en el Real Madrid tras buenas temporadas en un equipo modesto de las islas Canarias: Las Palmas. El argentino, que jugaba de lateral, se puso la camiseta blanca en 68 ocasiones y ganó dos ligas, además de aportar cuatro goles en su estancia. Desde la experiencia de haber entendido bien esa oportunidad del destino, supo sacarle jugo a un escenario que para cualquiera es difícil: llegar y mantenerse en el Real. (Futbolistas que les han metido goles a los impuestos)

Según Wolff, quien hoy es uno de los periodistas deportivos más reputados de Hispanoamérica por sus comentarios en el canal ESPN, el secreto resultó más sencillo de lo que se piensa: “Todos los equipos grandes de todas las ligas tienen un peso extra, pero si esos equipos contratan a alguien es porque consideran que no va a defraudar. Es verdad que la camiseta del Real Madrid tiene un peso extra por su historia, pero hay que sentirse orgulloso de ponérsela y defenderla como es debido.

Algunos jugadores creen que al llegar al Real Madrid hay que hacer más cosas de las que acostumbran porque hay que demostrar la entrega, y eso suele ser contraproducente, ya que si te contrataron es para que hagas lo que sabes hacer, pero bien. Si me compraron, pensaba yo, es porque les gusta como juego, y de eso me ocupé, tratando de superarme cada día. Pero no traté de hacer algo diferente. Y mal no me fue, ya que fui el único jugador que no faltó a ningún partido de liga en las dos temporadas. Es muy fuerte defender esa camiseta”.

Como lo plantea Wolff, basta con no sobreactuarse —con excepción de Cristiano Ronaldo—. Y luchar en silencio sin rendirse. Exactamente eso le sucedió al delantero chileno Iván Zamorano, quien en la temporada 94/95, a punta de trabajo mudo, pasó de ser considerado el quinto delantero en importancia para el técnico Jorge Valdano a convertirse en inicialista indiscutido. Además, marcó el gol con el que el equipo de la capital española ganó el título de liga de esa temporada ante el Deportivo La Coruña.

¿Y cómo ser inmortal en una institución plagada de figuras? ¿Cómo ser un mito que traspasa los siglos y deja un legado en el Real Madrid? Quique Wolff aporta su teoría: “Ser leyenda es para elegidos, que son pocos y reunen muchas condiciones extra; son aquellos que forman parte de un club exclusivo, y aunque parezca mentira, la lista es larga. Pero siempre recuerdo algo que me dijo Butragueño y en lo que coincido: ‘Este club es grande por dos personas: una fuera de la cancha, don Santiago Bernabéu, y otra dentro de la cancha, Alfredo Di Stéfano’. Ellos dos nunca se entregaron y se ocuparon de hacer lo que más sabían y querían. Las otras leyendas seguro que siguieron ese camino”. (11 Frases del fútbol colombiano para sentarse a reír o llorar)

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