Anita Pallenberg, la mujer detrás del mito de los Rolling Stones, vivió 43 años más de los que tenía presupuestados. Poco después de cumplir 70, confesó, “con total honestidad”, que ella no creyó que viviría más allá de los 40 años. (Lo mejor (y lo que nadie le contó) de los Stones por Latinoamérica)

Hoy, al revisar su excitante y desenfrenada vida, marcada por los excesos y la tragedia, es imposible no darle la razón al pensamiento pesimista de su juventud. Tal vez ella, como varios de sus amantes, amigos y contemporáneos, debería haber muerto en circunstancias oscuras y escandalosas antes de cumplir los 30, pero no fue así.

La amante de dos —tal vez tres— miembros de los Rolling Stones y quien introdujo las drogas pesadas a la banda murió tranquilamente hace menos de un mes, a los 73 años, en una casa de familia en Chiswick, en el occidente de Londres. Tenía hepatitis C, la factura de cobro de su juventud, pero le preocupaba más su cadera, que tuvo que ser operada en dos ocasiones y que le dejó un cojeo durante sus últimos años. Sobre la hepatitis decía: “Está bien: cuando dejas de tomar, el hígado se regenera, normal”.

 Al  final de su vida, Anita era coja por dos trasplantes de cadera, teni´a hepatitis C y los Rolling Stones la habi´an abandonado.

Anita, la modelo germano-italiana que estuvo encarcelada en Jamaica por posesión de drogas y que no dejó de consumir heroína mientras estaba embarazada del segundo hijo de Keith Richards, pasó los últimos años de su vida montando bicicleta, haciendo jardinería y asistiendo en sudadera a clases de dibujo botánico.

De belleza y estilo inigualables, Anita evoca las imágenes clásicas de la época dorada del rock & roll de los años sesenta y setenta: la de una habitación de hotel completamente destruida; la de una mesa de vidrio con drogas sintéticas, marihuana y botellas de trago; la de una nube de humo que envuelve a músicos pálidos y delgados deseados por millones de mujeres alrededor del mundo, y, por supuesto, la de una mujer —ella— teniendo sexo en la parte trasera de un Bentley en movimiento manejado por un conductor que, dicen, nunca quitó los ojos de la carretera. (El creador de los Rolling Stones que vive en Colombia)

Así fue como comenzó su romance con Keith Richards, guitarrista de los Stones, en el verano de 1967, aunque su tiquete de entrada al grupo fue a través del guitarrista y fundador de la banda, Brian Jones —por lo icónico, la gente tiende a pensar que fue Mick Jagger quien la creó, pero no fue así—, en 1965, año significativo para ellos. Ese verano lanzaron el sencillo Satisfaction, que rápidamente se convirtió en el hit que disparó a todo el mundo la ya existente fama de los artistas en Gran Bretaña.

Junto a Brian Jones, su primer novio y quien la introdujo a la banda en 1965.

Anita conoció a los Stones en septiembre de ese año en Múnich, ciudad en la que estaba trabajando como modelo, cuando le ofreció a Jones un porro y un poco de hachís minutos después de un concierto de la banda. En ese momento, el grupo, recién convertido en fenómeno mundial, se empezó a relacionar con la que sería su musa.

Y sí que fue una fuente de inspiración para ellos. Más allá de los romances, Anita grabó los coros de la canción Sympathy for the Devil. Pero, sin lugar a dudas, su mayor influencia sobre la banda estuvo en el look que los caracterizó. Los pantalones bajos, las pieles, las plumas, los inmensos sombreros flexibles y las joyas fueron el toque final que terminó de transformar a los Rolling Stones en íconos de glamour y no en chicos de chaqueta y corbata. A este respecto, Richards dijo una vez que la apariencia de la banda “le perteneció a ella”.

Cuando Brian Jones comenzó a salir con la joven modelo, él tenia 23 años y cinco hijos, todos ellos de mujeres diferentes. Ambos impredecibles y de comportamientos erráticos, la pareja era una bomba de tiempo esperando a estallar. (Me gustan los Stones, pero iré a Estéreo Picnic 2016)

Pronto, ella lo introdujo en sus gustos sexuales experimentales, así como en los vicios asociados con las prácticas del Marqués de Sade. La paranoia inducida por el consumo de una serie de narcóticos y LSD, todas drogas que él comenzó a usar gracias a ella, hizo que la relación se volviera abusiva y violenta.

Tras brutales discusiones, no era raro ver vendajes y moretones tanto en Brian como en Anita, y en una ocasión en la que ambos arrojaron cuchillos y pedazos de vidrio, la Policía los arrestó. Keith Richards, quien ya sentía una fuerte atracción por la modelo y actriz, no dijo nada, hasta que en Marruecos la bomba, tras dos años, finalmente estalló, como se veía venir.

Pallenberg y Keith Richards empezaron su relacio´n en la de´cada del setenta y tuvieron tres hijos.

El viaje al norte de África en 1967, recuerda Anita, fue algo así como “un acto de rebeldía contra la Policía”. La banda estaba huyendo de la publicidad que se generó poco después de que agentes entraran a la casa de Richards y los arrestaran a él, a Mick Jagger y a Brian Jones por posesión de drogas.

“Keith no soportaba la forma en la que Brian me trataba, y estando en Marruecos, Brian pidió servicio a la habitación. Había un montón de bandejas llenas de sándwiches y Brian las lanzó hacia mí. Entonces Keith me dijo: ‘A la mierda con esto: vámonos. No te voy a dejar con este tipo’. Nadie sabía que iba a reaccionar así. Todos consumíamos LSD, pero solo él reaccionó de manera diferente al resto de nosotros”, recordaba Anita en una entrevista de 2012.

Brian Jones habría de morir dos años más tarde de terminada la relación, en trágicas circunstancias que no se esclarecieron del todo. Tenía 29 años cuando apareció ahogado en su piscina, la madrugada del 3 de julio de 1969.

Jones fue el primero de varios músicos excepcionalmente famosos que, habiendo vivido al extremo, murieron antes de cumplir los 30 años. Luego vinieron Jimi Hendrix y Janis Joplin, quienes fallecieron en 1970, ambos a los 27 años. Y un año después, Jim Morrison, quien perdió la vida en París, a los 28 años. Todos murieron por sobredosis. (Covers que marcaron la historia del rock)

Keith Richards, el flamante caballero poco convencional al rescate, la amó intensamente durante los años setenta, en medio de las drogas, la música, el trago, las guitarras alucinantes y los estadios con millones de fanáticos. Para la pareja, la década estuvo marcada por dos constantes: el uso casi permanente de heroína y la persecución por la Policía en busca de drogas.

Anita lo llevó a la locura de los celos durante el rodaje de la película Performance (1970), cuando grabó una escena de sexo con Mick Jagger y las malas lenguas dijeron que había sido poca la actuación involucrada: que todo había sido real. En venganza, Richards se acostó con Marianne Faithfull, novia de Jagger y amiga íntima de Anita. Aunque la duda de si Marianne le fue infiel al cantante con su guitarrista todavía existe, pues ella siempre negó el romance.

Una escena de la peli´cula Performance (1970), en la que se dice que Jagger y Pallenberg tuvieron sexo real.

Richards y Anita se fueron después a Jamaica, donde ella estuvo en la cárcel. En la isla caribeña, en una fase verdaderamente delirante de su vida, se obsesionó con los ritos de vudú, al punto que dormía con un diente de ajo colgado al cuello para espantar a los vampiros.

Poco después regresaron a Londres, donde la Policía constantemente acechaba la casa de Richards en el barrio de Chelsea, otra vez en busca de drogas. Adicionalmente, él no fue de gran ayuda con la crianza de su hijo mayor, Marlon —nombrado así porque el actor Marlon Brando llamó a felicitarla al hospital y pensaron que el nombre servía—, lo que incrementó el estado depresivo de la madre.

En los 12 años que estuvieron juntos, ella tuvo tres hijos con él, aunque el menor, Tara, murió en 1976 poco después de nacer a causa del Síndrome de Muerte Súbita. Ese golpe terminó de incidir sobre los temperamentos de la pareja y ambos se convirtieron en seres absolutamente autodestructivos, si es que antes no lo eran ya.

El pico de la situación con las autoridades llegó finalmente en 1977, cuando Richards fue arrestado por posesión de drogas en Toronto, Canadá, aunque era a Anita a quien realmente estaban esperando retener.

En 1979, Richards se alejó definitivamente de ella cuando Scott Cantrell, del que decían que era su novio, se pegó un tiro en la cabeza en Nueva York. Tenía 17 años. Al parecer, él y Anita se encontraban jugando a la ruleta rusa. Al finalizar la década, Richards logró liberarse de sus hábitos y ella, por el contrario, siguió atrapada por la heroína hasta mediados de los ochenta. En alguna ocasión, Richards dijo que ella se había descarrilado por completo, pues “era imparable y autodestructiva”. (El verano de amor del 67)

Ya en sus años más tranquilos —aunque retomó la bebida y los calmantes en 2004, cuando se sometió a la segunda cirugía de cadera—, Anita consideró hacer una biografía de su vida y hasta firmó contrato con una editorial, pero eventualmente desistió de la idea. “Los editores solo quieren escuchar acerca de los Rolling Stones y más tierra sucia sobre Mick Jagger, y simplemente no me interesa. Todos quieren lo mismo, todos quieren la parte lujuriosa”, le dijo en 2008 a un reportero del periódico británico The Guardian.

Y claro que hubo un antes y un después de los Rolling Stones gracias a Anita. Antes de que su vida se cruzara con la banda, Pallenberg ya se había aventurado a vivir en Nueva York, donde se había relacionado con una serie de artistas y poetas, como Robert Rauschenberg y Frank O’Hara. Gravitó sobre el universo de Andy Warhol y su fábrica, epicentro de excéntricos personajes. Anita era, en todo el sentido de la palabra, una mujer cosmopolita que hablaba varios idiomas. Richards recordaba que “ella sabía todo y lo podía decir en cinco idiomas… ¡era aterrador!”.

De padre italiano y mamá alemana, esos dos idiomas llegaron a su vida con naturalidad. Los otros fueron adquiridos a lo largo de su travesía por el mundo. Nacida en Italia en 1944, sus padres la mandaron a un internado en Alemania para que perfeccionara el idioma, pero luego de que la expulsaran a los 16 años por fumar, beber y hacer autostop, regresó a su natal Roma, donde comenzó una carrera de modelaje. Desde entonces, no dejó de imponer tendencias.

Aún hoy, supermodelos de la talla de Kate Moss dicen que adoptaron su estilo. En 1998, a los 44 años, Pallenberg caminó por las pasarelas de Vivienne Westwood y Pam Hogg, caracterizadas por sus rompedoras ondas punk y new wave. Además, Stella McCartney y Bella Freud, dos de las diseñadoras más celebradas de Londres, la han usado como punto de referencia para sus creaciones.

Anita y Ronnie Wood, el actual guitarrista de los Rolling Stones.

En el entretanto de su vida, tras los escenarios en los que se presentaba la banda, Pallenberg adornó la pantalla grande en películas como Barbarella, Candy y Le Berceau de Cristal. En los noventa, retomaría su carrera en el cine y en 1994, lograría terminar sus estudios en Moda y Textiles.

Con una locura contagiosa y difícil de resistir, Anita Pallenberg rechazó las insinuaciones sexuales de Marlon Brando, a quien encontró intimidante. Y no quiso contar su historia porque todo el mundo estaba escribiendo sus autobiografías; alguna vez, dijo con ironía: “Si la joven Posh Spice (Victoria Beckham) puede escribir sus memorias, ¡entonces definitivamente yo no quiero escribir las mías!”.

Más allá del bien y del mal, y con el ingenio y la actitud que siempre le sobraron, un día la cantante Courtney Love le preguntó: “¿No considerarías hacerte cirugía plástica?”. A lo que la musa de los Rolling Stones le respondió: “Querida, fui la mujer más hermosa en 17 países. Me gusta ser fea”. (El culo de Yoko Ono o la madurez del hombre)

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