Luego de años de exhaustiva investigación y reconstrucción de los hechos, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) evidenció que entre 1976 y 2017 las Farc y el ELN secuestraron a 1214 miembros de las Fuerzas Armadas, entre militares y policías. Saber esto llevó a la institución a formular, hace poco más de un año, ‘Recuerdos de la selva, ¿es posible olvidar las marcas del olvido?’, un proyecto periodístico que a través de textos, audios, videos e ilustraciones reúne las historias de 16 de ellos, quienes decidieron contar algunas de sus vivencias antes, durante y después de ser liberados.

Henry López, Julio César Buitrago, Lucas Trujillo, Raimundo Malagón y William Pérez son algunas voces de esta iniciativa. Pero contar esas historias no era una tarea fácil; para poder revivir esos duros momentos nueve policías y siete militares participaron en talleres de memoria, espacios en los que, juntos, se preguntaron por la fuerza del recuerdo y la capacidad del olvido.

El especial multimedia que resultó de esa experiencia está dividido en ocho partes que hablan, entre otras cosas, de la cotidianidad en los campamentos, del miedo constante a la muerte o de las caminatas imposibles que debían emprender. Los policías que más tiempo duraron secuestrados es uno de los capítulos más conmovedores y está dedicado a los testimonios de César Augusto Lasso, sargento mayor de la Policía Nacional, y José Libardo Forero, suboficial de la misma institución, quienes sufrieron durante trece años el horror de estar encerrados en medio de la selva, en un campamento de las Farc.

En el video cuentan cómo se conocieron y se hicieron amigos en las peores circunstancias. Sus recuerdos se entrelazan para narrar ese momento que, aunque hoy parece lejano, los marcó de por vida. Instantes terribles como los traumas familiares o episodios de depresión se mezclan con otros más luminosos, como la aparición en escena de un saíno (Josefo) que se convirtió en la mejor compañía, o la escritura de diarios y cartas en papeles lamentables que los salvó de la locura.

“Posiblemente todas las historias de este especial pueden ser resumidas en una frase: la herida del secuestro es imperceptible, pero eso no significa que haya sanado”, se lee en la página web del CNMH. A pesar de eso, los testimonios de Lasso y Forero van más allá del dolor y hacen un llamado al perdón y a la reconciliación. A continuación los transcribimos según aparecen en el video.

El especial, que contó con el apoyo de la embajada de Suiza, se encuentra en la web bajo el nombre del proyecto.

César Augusto Lasso

Lasso fue secuestrado por las Farc el primero de noviembre de 1998, en la toma de Mitú. Fue liberado el 2 de abril de 2012.

“Nosotros, encadenados, nos sumergíamos en el agua y veíamos cómo los pescados pasaban ahí, al lado nuestro, y puedo decir que nos olvidábamos del mundo que vivíamos realmente. Nosotros éramos los actores de una película; sin querer estar en ella, pero estábamos ahí. Y fue lo que acordamos, digamos, sin querer queriendo: teníamos que vivir esa realidad. Ver cómo las hormigas hacían su camino, cómo un sapito huía de una culebra”.

“Lo único que no he podido superar de mis trece años en la selva es haberme perdido la niñez de mis hijos. Ese es mi verdadero trauma”.

“Mi hijo decía: ‘Yo quiero un helicóptero para traer a mi papá, ¿por qué no viene?’”.

“Cuando comenzó el proceso de paz con Pastrana en la zona de distensión y liberaron a los soldados, policías y bachilleres, dejaron a los mandos. Y luego empezaron a secuestrar políticos. Ahí nos reunieron, nos juntaron con los que venían de Puerto Rico. Fue en ese momento cuando conocí a Forero. Si él quería ir a orinar, tocaba ir con él. Si yo no quería ir, no importaba: tocaba ir. Esa es una especie de prueba de tolerancia para la gente. Salimos juntos en 2012, el 2 de abril... Con él es con quien más me relaciono, ha seguido la amistad. ¿Qué amigos tengo? Creo que tengo un solo amigo o dos, y él es uno de ellos”.

“(Los guerrilleros) tomaban fotos y nos filmaban, nos decían que eran pruebas de supervivencia que serían entregadas a los medios de comunicación. Esperaba verme bien, no quería transmitir una imagen que infundiera lástima o pesar. Quería que mi familia se sintiera orgullosa de mí”.

“Antes tenía rabia y hasta cierto temor de la guerrilla, porque era como un monstruo desconocido; el monstruo que nos comía, que nos venía a devorar... Por eso sentía cierto deseo de borrarlos, de que no existieran. Ya uno en el secuestro conoce a muchos seres humanos de esa guerrilla y cómo fueron forzados a ingresar... Es mejor la paz, pero la paz con justicia”.

“Bueno, (ahora) hago parte de una fundación en la que la gran mayoría somos víctimas (también tenemos exguerrilleros y excombatientes). El objetivo es el perdón y la reconciliación para una nueva forma de vida. La verdad, la organización lo que hace es mostrar, representar con las víctimas o las personas que están en la población, lo que a cada uno le ha pasado. Todas estas historias nos ayudan a comprendernos”.

“Yo lo único que recuerdo es que hablábamos cuando podíamos hablar con los guerrilleros, porque tenían prohibido hablar con uno. Hablábamos, por ejemplo, de paz y de los procesos de paz. Y muchos querían la paz, porque querían vivir diferente, que no los fueran a matar. “Uno sale y lo matan. Ustedes, los policías, son los primeros que lo van a matar a uno”, decían.

“Soy un convencido de que la paz es necesaria, este cambio es necesario. De que necesitamos darnos una oportunidad. Esa es la frase: ¡Darnos una oportunidad!”.

José Libardo Forero

El sargento Forero fue secuestrado el 11 de julio de 1999, en el ataque de las Farc a Puerto Rico, Meta. Fue liberado junto a Lasso.

“Yo me entretenía en ese tiempo haciendo cosas como lapiceros. Escribíamos hasta en los papeles de los sobres; cualquier cosa la utilizábamos para escribir”.

(Señala una foto) “Mi esposa y mis dos hijos. Lógicamente que uno llora por la tristeza de no verlos. Yo lo que veía era el tiempo que pasaba sin tener contacto con ellos. Eso fue lo que más tristeza me dio, me ponía a llorar y, ¡Dios mío!, uno vivía el día. Eso fue lo que la guerrilla nos dijo al principio: ‘Aquí no se preocupen sino por el día de mañana, no más. No se preocupen por más’”.

“Entonces había dos personas con las que quizá uno quería encadenarse, y eran el sargento mayor Lasso y uno del Ejército, Luis Arturo Arce”.

“(Tener) una mascota (Josefo) era hasta bueno, porque le ayudaba a uno como a salir; o sea, como a superar esa vaina, a olvidarse del cautiverio. Por eso es que eran buenas las mascotas”.

“Él (Josefo) estaba muy pequeñito. Cuando me lo dieron, el saíno tenía dos días de nacido y lo alcancé a tener cuatro meses conmigo. La paradoja ahí es que ahora él está encerrado y yo estoy libre, y allá yo estaba encerrado y él era libre”.

Hay veces, cuando estoy deprimido, que me vengo para acá (al zoológico), porque a nosotros nos dan muchos estados de depresión y desilusión de la vida por tantas cosas injustas que hemos visto por ahí”.

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