14 de octubre de 2026

Estilo de Vida

¡Calvos del mundo, a celebrar su día!

En octubre se celebra el Día Mundial de los Calvos, una fecha sin reconocimiento oficial ni un origen institucional del todo claro, pero con una misión contundente: romper estereotipos, normalizar la calvicie y reivindicar que una cabeza reluciente también puede ser sinónimo de estilo.

Por: Redacción Soho
Calvicie.
También conocida como alopecia. Foto: Getty Images. | Foto: Getty Images

¿Es más fácil levantarse a una mujer cuando uno se parece a Vin Diesel o cuando todavía puede hacerse la raya al lado? Porque el atractivo de Toretto no solo estaba en sus músculos ni en su capacidad de meterle nitro a los carros. Sin un pelo en la cabeza, el hombre sabía cómo subirle las revoluciones a más de una. Pero en nosotros, los mortales, esos tres pelos que nos crecen sí hacen la diferencia.

El hombre con pelo negocia, frente al espejo, con unos mechones rebeldes y reza para que el viento no le desbarate el personaje que, con esfuerzo, ha construido con cera durante la última hora. Por eso hay que reconocerles algo a los calvos. Mientras algunos seguimos batallando para que el pelo entienda por dónde va la raya, ellos ya se están tomando el segundo café. El secador no necesita espacio en el baño, el acondicionador se puede quedar en la tienda y una ráfaga de viento difícilmente les arruina una cita. Desde ese punto de vista, perder el pelo hasta parece un buen negocio, en especial cuando uno hace los cálculos de lo que gasta en mantenerlo.

Ahora, cuando la frente empieza a ganar terreno, el ahorro pierde la gracia. Brian tenía 27 años y aún conservaba en gran medida las hebras de sus años mozos, pero las entradas habían empezado a avanzar y él ya sabía con destreza cómo acomodarlas para disimularlas. Todo quedaba en su sitio antes de salir de casa; el problema llegaba en la calle. “Pasaba un vientico fuerte y yo tenía que ir a acomodarme otra vez el cabello”. Imagínense dedicarle tiempo al peinado para que una brisa arbitraria decida por uno cómo va a quedar en la foto o cómo va a dar la primera impresión en la cita.

Calvo
Calvo | Foto: Getty Images

Sus amigos, por supuesto, ya tenían el chiste desenfundado. Le decían que tenía más entradas que un estadio. Brian se reía. “Uno trata de reírse de sus males para no llorar”, reconoce. Sus traumas, sus chistes. Aunque el asunto sí le preocupaba. Hasta llegó a usar productos para oscurecer el cuero cabelludo y hacer menos evidente el abismo emergente entre su pelo y la piel. Mientras otras personas le insistían en que no era para tanto, él seguía buscando la manera de tapar el despojo capilar que lo amedrentaba en el espejo.

A Alejandro le pasó desde los 22 años, con la fortuna genética de tener unos crespos que le daban maniobra a la causa. Se peinaba hacia adelante y así lograba esconder las entradas sin que los demás pudieran hacer comentarios. Sus rizos cumplían con el trabajo, siempre y cuando no se le ocurriera echarlos hacia atrás. El problema era que él sabía perfectamente qué había debajo; temía que aquella frente en expansión le sumara años antes de tiempo y se preguntaba cómo se vería si la deforestación capilar seguía avanzando. A los 22 uno quiere que no le pidan la cédula para tomarse unos tragos y sentirse mayor, pero no que calculen la edad por las hebras que aún faltan por caer.

Ninguno necesitó quedarse completamente calvo para sentirse incómodo. En el caso de Brian, para colmo, había una dificultad más. El pelo tiene todo que ver en su trabajo como actor. Frente a una cámara, el dominio sobre su propio peinado desaparece, pues alguien más puede decidir que el cabello hacia atrás es justo lo que necesita el personaje. “Sentía que en cámara se me veían unas entradas gigantes”, recuerda. Es fácil decirle a otro que nadie se fija en eso; más difícil es convencerlo cuando lleva buena parte del día pendiente de dónde cayó el mechón y si la cámara lo registró.

A más de uno, sin embargo, la cabeza rapada le queda muy bien. Jason Statham, por ejemplo, lleva años dando material, y rostro, para esa discusión, aunque uno puede admirarle el estilo sin tener la menor intención de pedirlo en la peluquería. Hay hombres que se pasan la cero, les gusta lo que ven en el espejo y encuentran en ese cambio una comodidad que antes no tenían. Para ellos, quitarse el pelo también puede significar dejar de calcular cómo esconder lo que falta, sin tener que esperar a que todo el mundo opine sobre su nueva fase (y frente).

La ventaja se nota a su vez en cosas tan sencillas como meterse en una piscina sin salir a buscar dónde arreglarse el pelaje. Para quien disfruta llevar la cabeza pelada, mojarse o quitarse un casco deja de venir acompañado de una revisión instantánea de peluquería. También puede bajar el gasto en latonería y pintura, aunque eso depende de cómo se cuide cada uno, porque, ojo, mantener un rapado al ras tampoco es pan comido. El cuero cabelludo sigue necesitando limpieza y protección frente al sol; la calvicie no es licencia para eliminar las rutinas ni guardar del todo la billetera.

Brian reconoce las ventajas de la escasez capilar, pero tiene un reparo que le pesa más que cualquier factura: “También les da mucho más frío que a nosotros. Entonces prefiero gastar plata en champú y en cortes”. Él está dispuesto a pagar esa cuenta. Además, tener pelo le permite cambiar de peinado y verse como le plazca, algo que para otra persona podría ser poco importante y para él tiene todo el sentido. No piensa entregar su pelo a cambio de ahorrarse unos minutos en el baño.

Vin Diesel y Paul Walker se convirtieron en grandes amigos luego de compartir set en la primera película de la saga Rápidos y Furiosos. (Photo by Universal/Getty Images)
Vin Diesel y Paul Walker se convirtieron en grandes amigos luego de compartir set en la primera película de la saga Rápidos y Furiosos. (Photo by Universal/Getty Images) | Foto: 2012 Getty Images

Pero decidirse a recuperar esa melena ochentera que las mujeres puedan agarrar también exige sacar tiempo y plata, y entender que el resultado no aparece apenas sale del consultorio. Las ganas de volver a peinarse como antes tienen que pasar primero por una valoración médica.

El doctor Martín Castillo, médico tricólogo y especialista en restauración capilar, recomienda empezar por el diagnóstico. Antes de pensar en tratamientos, trasplantes y a quién invitar a salir tras el resultado, hay que identificar el tipo de alopecia que tiene y entender cómo avanza. Si el paciente considera un trasplante, el especialista también revisa la zona donante, la cantidad de cabello disponible y la línea frontal que podría diseñar porque a los 25 años uno puede querer la frente de Henry Cavill, pero el médico tiene que descubrir cómo se verá ese mismo diseño dentro de diez o veinte años.

El trasplante lleva folículos de una zona del cuero cabelludo a otra, pero el resultado depende de mucho más que llenar los espacios vacíos. Importan la dirección, la distribución y la cantidad de cabello disponible. Castillo advierte que el procedimiento debe responder a un plan que contemple la evolución de la alopecia, porque el pelo original puede seguir cayendo y quizá necesite tratamiento médico. Tampoco hay resultados de la noche a la mañana. El nuevo pelo necesita meses para crecer, así que quien espere salir del consultorio con la melena de Brad Pitt tendrá que negociar con la paciencia y quizá con su terapeuta.

Alejandro decidió recuperar su línea frontal y no se disculpa por ello. Es vanidoso, le gusta cuidarse y sabe que su imagen también forma parte de su trabajo. “Me gustó verme. Me sentía mucho mejor conmigo”. Al hablar de su cambio, asegura que le da más importancia a cómo se siente: “Cambió mi seguridad. Y se nota en mi cara”.

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