15 de julio de 2026

Relaciones

Apps para levantar: mejor me quedo soltera

Probé tres apps de citas esperando encontrar a mi Garrett Graham y el resultado fue…

Por: Redacción Soho
Apps para levantar: mejor me quedo soltera
Probé tres apps de citas esperando encontrar a mi Garrett Graham y el resultado fue… Por Ánkar Lucía Brito | Foto: Getty Images

Por Ánkar Lucía Brito

¡La calle está dura! Esa es la frase más recurrente en mi círculo social de hombres y mujeres entre los 30 y los 40 años. Y sí, yo soy de las que más reafirma esta sentencia, porque si bien he tenido un par de relaciones cortas, mi estado civil es soltera desde 2019. Por eso, en dos oportunidades de estos siete años he descargado aplicaciones para buscar pareja.

La primera vez fue en el 2020, en plena pandemia. Estaba aburrida del confinamiento, la soledad y todo lo demás. El resultado: no conocí físicamente a nadie. Seguí en Instagram a dos personas que se veían interesantes en las aplicaciones y al día de hoy ni me acuerdo de quiénes son. La segunda fue hace un mes.

Si bien tengo pretendientes, como diría mi abuela, una noche de domingo, mientras veía la serie Off Campus, enloquecí. Me entró, de golpe, ese deseo peligroso de tener pareja. Ahí pensé que descargar apps de citas podría ser el camino para encontrar a mi Garrett Graham, el protagonista de la historia. Pero no me crean tanto; suena romántico, casi inspirador, porque la realidad fue menos película y más trabajo. Mi director, Ronald Mayorga, me pidió hacer un scouting de apps para salir y, en medio de la tarea, me pregunté, ¿y si esta también era la forma de conocer a un posible novio? Y claro, me empeliculé.

Apps para levantar: mejor me quedo soltera
Apps para levantar: mejor me quedo soltera | Foto: Getty Images

Lo primero que hice fue buscar en Google cuáles eran las aplicaciones actuales para conocer gente. Me salió Inner Circle. La descargué, subí mis fotos más cool para verme feliz, obvio, publiqué mi perfil y, en menos de una hora, ya tenía más de 25 chats. Un tal Mateo me escribió: «Tienes cara de que me mandas a terapia». Por supuesto, ese «amigo» fue bloqueado de inmediato. Otro, extranjero, creativo, llamado Jesús, me dejó el siguiente mensaje: «you make my heart beat to the rhythm of your name: 5 latidos A, 5 colores N, 5 lunas K, 5 pétalos A, 5 caricias R. Una mujer, una sonrisa: tú». Y Felipe, uno más arriesgado, me dijo: «¿Vamos a tomar alguito o nos casamos de una?».

La verdad, salí corriendo de la app. Me sentí abrumada por los mensajes, por la cantidad de interacciones y la forma en la que los hombres quisieron establecer una conversación, entonces oculté mi perfil.

La segunda app que descargué fue Raya. Una amiga me dijo que las relaciones que se establecían ahí eran diferentes, con gente de otros perfiles laborales y sociales, así que le hice caso. Pagué 149 mil pesos por la suscripción, sí, eso pagué. Encontré pocas personas, algunos conocidos. Su premisa de ser exclusiva, tipo club, la cumple: es como un mix entre tener perfil privado en Instagram y en LinkedIn. Sin embargo, me sentí más atraída por los cargos de sus miembros que por otras cosas. Hasta ahora no he tenido la primera conversación; nadie salió con el típico mensaje: «Hola, perdida».

Redacción SoHo
Ankar Brito probó tres apps de citas esperando encontrar a su Garrett Graham y el resultado no fue el esperado | Foto: Getty Images

La siguiente para descargar fue Bumpy. Esta me salió en la publicidad de Instagram; mi algoritmo se dio cuenta del supuesto «celo» en el que andaba y me la puso en el feed. La promesa aquí es de película romántica: un amor internacional, vuelos y millas por recorrer. Dije: «Bueno, aquí practicaré inglés». Sin embargo, también me tocaba pagar, mucho menos que Raya, pero todo era por la tarea.

El primero en conectar fue un militar estadounidense —35 años— que en su perfil dice que busca una relación estable para casarse. La verdad, toca pagar por revelar cada like que te dan y me dio la sensación de que hay muchos perfiles de dudosa procedencia, hechos con IA, por eso no continué en mi proceso de relaciones por derribo.

Como diría Lady Whistledown: «¡Querido lector!, espero haberte dejado al menos tres nuevas herramientas para que compruebes por ti mismo si funcionan». Que a mí no me haya atraído ninguna no significa que no sean buenas; tal vez el problema soy yo. Tal vez «yo no nací para amar, nadie nació para mí», como diría Juan Gabriel. Mentira, claro que vine a dar amor, pero quizás no a encontrarlo en una app de citas. Mientras tanto, seguiré conociendo gente a la antigua y esperaré, algún día, escribir un artículo sobre el día en que encontré el amor en un aeropuerto o en un avión.

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