26 de agosto de 2026

Relaciones

El matrimonio abierto: cuando hasta los reyes necesitan una puerta de salida

Los rumores sobre Felipe VI y Letizia han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta más monárquica de lo que parece: ¿puede un matrimonio aumentar su duración cuando deja de exigir exclusividad?

Por: Redacción Soho
Felipe se casó con Letizia, una plebeya. La corona desarrolló una brutal guerra en su contra.
Felipe se casó con Letizia, una plebeya. La corona desarrolló una brutal guerra en su contra. | Foto: getty images

Por: María Isabel Rodríguez

En el palacio todo tiene protocolo: la ropa, los saludos, los balcones, hasta la manera de sostener una copa. Lo que difícilmente tiene un protocolo es la cama. Y por eso los rumores que persiguen a Felipe VI y Letizia de España han sorprendido tanto, pues en una pareja que representa a una institución centenaria, significa aterrizar una expresión bastante contemporánea: el matrimonio abierto. ¿Qué ocurre cuando una entidad diseñada alrededor del matrimonio, la continuidad dinástica y la imagen pública tiene que convivir con una concepción moderna de pareja, privacidad y sexualidad?

Felipe y Letizia se casaron el 22 de mayo de 2004. Ese día el entonces príncipe de Asturias habló de una unión basada en «amor, responsabilidad, trabajo, respeto y entrega mutua». Dos décadas después, publicaciones y autores que aseguran haber investigado las gabetas de los monarcas han alimentado versiones sobre relaciones paralelas y una supuesta dinámica no monógama. En las monarquías, los rumores también cumplen con el protocolo. Pero aquí conviene separar la cama de la imprenta; la Casa Real jamás confirmaría que los reyes tuvieran un matrimonio abierto, por lo que las versiones más íntimas continúan siendo eso, versiones.

Los rumores no nacieron de un día para otro. Una de las fuentes que volvió a ponerlos sobre la mesa fue el periodista y escritor Jaime Peñafiel, histórico cronista de la Casa Real española, quien publicó en 2023 Letizia y yo. El libro recogía conversaciones con Jaime del Burgo, un empresario navarro, excuñado de la reina, quien aseguró haber mantenido con Letizia una relación sentimental antes de su matrimonio con Felipe y, según su propio relato, haberla retomado años después de la boda.

Del Burgo no se quedó solo en las páginas del libro. En diciembre de 2023 publicó en X una fotografía de Letizia acompañada de un supuesto mensaje íntimo y sostuvo que la relación habría continuado durante los primeros años del matrimonio real. También afirmó que ambos llegaron a contemplar una vida juntos fuera de España, incluyendo Nueva York, e incluso un eventual divorcio de Felipe. Estas son afirmaciones atribuidas a Del Burgo, sobre las cuales sorprende que hasta el momento no le hayan hecho responsable a través de una querella o alguna otra herramienta judicial contra las calumnias. ¿Eso ya nos debería decir algo? Ese silencio desde el palacio también hace ruido.

A partir de ahí, otros periodistas y autores comenzaron a reconstruir la vida sentimental de los reyes a partir de libros, testimonios y versiones previas. Entre los nombres que han aparecido en estas publicaciones está el periodista Javier Bleda, autor de Letizia: una zorra en el gallinero, donde se plantea abiertamente, y de nuevo, la posibilidad de que Felipe y Letizia mantengan un matrimonio abierto.

Letizia es la que manda
y no la han echado del
palacio porque sabe
información delicada de
la familia real, afirman
periodistas españoles
como Javier Bleda.
Letizia es la que manda y no la han echado del palacio porque sabe información delicada de la familia real, afirman periodistas españoles como Javier Bleda. | Foto: Alberto Ortega/Europa Press via Getty Images

La idea, sin embargo, resulta interesante incluso sin necesidad de saber qué ocurre exactamente en Zarzuela después de que se apagan las luces. La no monogamia consensuada no significa simplemente «cada uno hace lo que quiere». La definición psicológica del poliamor, por ejemplo, exige que las relaciones múltiples existan con conocimiento y consentimiento de las personas involucradas. Es decir, el secreto no es la libertad, es precisamente lo contrario.

Y aquí aparece la parte que incomoda a muchos hombres cuando la fantasía de intercambiar a su pareja se topa con esa tara llamada celos. Una relación abierta no elimina la inseguridad ni tampoco las negociaciones. De esa idea se agarran los periodistas que afirman conocer la vida secreta de los reyes españoles para señalar que la monarquía (como la hemos conocido a través del lente de la infidelidad en cientos de relatos que incluso pertenecen a nuestros libros de historia) no es la única que infringe las reglas: para los periodistas, el rey tiene un acuerdo con su esposa en el que ella también puede hacer lo que le plazca, y con quien la complazca.

Las investigaciones disponibles muestran que las relaciones consensualmente no monógamas pueden ser tan satisfactorias como las monógamas, pero dependen, entre otras cosas, de la comunicación, los acuerdos y la capacidad de gestionar los límites. Por ejemplo, un análisis publicado en 2025, que reunió 35 estudios diferentes y 24.489 participantes, no encontró diferencias generales significativas en la satisfacción de pareja o sexual entre relaciones monógamas y no monógamas.

En otras palabras, abrir la relación no es una solución para un matrimonio roto. Es otra manera de construirlo. Y requiere, probablemente, más conversaciones incómodas que una relación convencional. La investigación también encuentra que las experiencias de las parejas no monógamas pueden incluir beneficios y costos dependiendo de cómo se establezcan esos acuerdos y de cómo cada persona viva las relaciones externas.

Quizás por eso el rumor alrededor de los reyes resulta tan atractivo. No solamente porque involucre sexo, poder y una familia que lleva siglos haciendo de la intimidad un asunto de Estado. También porque plantea una contradicción deliciosa: mientras la monarquía intenta proyectar estabilidad, las relaciones modernas están descubriendo que estabilidad y exclusividad no necesariamente son sinónimos. Incluso pueden ser antónimos.

Oscar Wilde ya nos había dicho que si quieres seguir enamorado, lo más sensato es no casarte. Probablemente no imaginó que, más de un siglo después, parte de esa conversación incluiría decidir con quién más puede acostarse cada uno dentro del matrimonio para que el enamoramiento no cese. Sobre Felipe y Letizia, solo ellos saben qué ocurre realmente puertas adentro y sábanas abajo. Y quizá esa sea la única tradición aristocrática que todavía merece conservarse: que algunas cosas, incluso para un rey, sigan siendo privadas.

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