Para las nuevas generaciones, hacer ejercicio es una obsesión y socialmente se volvió un deber. Ahora está en boga correr triatlones, maratones y ultramaratones, tanto que el número de personas que se inscriben en estos eventos se ha incrementado mil por ciento en los últimos diez años, en el mundo. No obstante, la maratón, una carrera de resistencia de 42 kilómetros, sigue siendo la reina e implica una preparación más rigurosa y estudiada que la necesaria para otros deportes.

El trabajo, el estrés y las relaciones interfieren en el entrenamiento, razón por la cual la mayoría no se ejercita lo suficiente. Tal es el primer escollo que debe vencer quien quiera acondicionarse con miras a una competencia, que definir el mejor momento para la práctica es crucial si se quiere ser constante.

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Adquirir la disciplina también es difícil dado que no a todos su reloj biológico les permite levantarse antes de lo acostumbrado, mucho menos para ejercitarse. Hacerlo al medio día tampoco es una opción para muchos, porque se encuentran en la oficina o a la mitad de sus quehaceres. La tarde y la noche, en últimas, suelen ser las más adecuadas para la mayoría. Al respecto, creer que no es bueno hacer ejercicio al final del día es un mito. En realidad, lo importante es tener metas claras, enfocadas a resultados, más cuando se ambiciona participar en una maratón.

Para los novatos, gran parte de los programas duran cinco meses, en los cuales las distancias se pueden ir aumentando poco a poco. Se recomiendan al menos tres carreras cortas en los días hábiles y una más prolongada el sábado o el domingo. La más larga antes del día de la carrera no debe sobrepasar los 32 kilómetros. Los recorridos en los fines de semana serán de tres horas, como mínimo, y es indispensable una comida rica en carbohidratos, sesenta minutos antes de empezar.

¿Qué es mejor: correr un kilómetro o una maratón?

Así mismo, ayuda bastante correr oyendo música con audífonos, pues ello relaja y el cuerpo responde mejor al esfuerzo. En los primeros veinte minutos, lo más posible es que se sienta desagrado por estar en ese trote, pero a medida que el organismo segrega serotonina (un neurotransmisor conocido como la hormona de la felicidad o del bienestar), el estado de ánimo cambia y no pasa mucho tiempo antes de que empiecen a verse los resultados del esfuerzo.

A los cuatro meses, afirman los expertos, la preparación se vuelve parte de los hábitos diarios y, lo más importante, se empiezan a percibir la ganancia de masa muscular y la pérdida de grasa. De otro lado, a la práctica de correr hay que sumarle ejercicios de resistencia con pesas, para mantener los tejidos, y algo de aeróbicos, que favorecen el sistema cardiovascular. Por último, no olvide estirar antes y después de cada carrera, pues eso evita, entre otras lesiones, el desgarre de los músculos.

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