Finalizar media maratón o una completa es, en términos de actividad física, uno de los objetivos más recurrentes de quienes empiezan a hacer ejercicio. Sin embargo, y pese a los beneficios lógicos que trae cumplir ese logro —satisfacción personal, un buen entrenamiento o una alimentación balanceada—, también hay grandes riesgos para la salud que a menudo no son tenidos en cuenta por los atletas aficionados. Muchos estudios cuestionan la preparación a la que es sometido el organismo cuando se va a correr una maratón y la comparan con rutinas regulares que suelen tener mayor intensidad pero duran menos tiempo.

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Uno de los estudios más extensos sobre la materia fue realizado por la Universidad Martin Luther en Halle, Alemania, y fue publicado hace unos meses por el Journal of Sports Science and Medicine. La investigación comparó, por cerca de seis meses, las actividades físicas de dos grupos: uno que se preparaba para una maratón y en ese lapso corrió dos de ellas, y otro que se entrenaba tres veces a la semana corriendo máximo una hora o un kilómetro diario. También comparaba la forma de correr: la tradicional (sin parar) entre quienes corrieron las maratones y la de intervalos en los demás. Los resultados arrojaron que ambos grupos tuvieron prácticamente los mismos beneficios en términos de estado físico, frecuencia cardiaca y grasa corporal quemada.

Pero sí hubo una pequeña diferencia: los que corrieron un kilómetro a intervalos consiguieron una mejor absorción de oxígeno, una medida importante de resistencia al correr. Además, se encontró que ejercitarse de esa manera traía beneficios para el organismo como un mejor control del azúcar en la sangre. Por último, el estudio también determinó que el ejercicio prolongado de manera intensa —como el requerido en plena maratón— puede tener efectos secundarios no saludables que van desde una función inmune reducida o calambres constantes hasta problemas digestivos persistentes.

3 consejos extra para mantenerse saludable

Ejercicio mental

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Es cierto que entrenar la mente es tan importante como ejercitar el cuerpo. Por eso, muchos recomiendan entretenerla con rompecabezas, crucigramas o sudokus. Sin embargo, un estudio reciente de la escuela médica de la Universidad de Harvard comprobó que el ejercicio aeróbico —cualquier actividad que incremente su pulso cardiaco y lo mueva por un periodo sostenido de tiempo— tiene un impacto significativo y beneficioso en el cerebro. Así que si se trata de aumentar la memoria, mejorar el estado de ánimo y hasta proteger la mente contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad, no existe mejor medicina que salir a correr o ir al gimnasio.

El mito de los vasos de agua

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Por décadas ha existido la creencia de que, para estar en forma y complementar el ejercicio y la nutrición, es necesario consumir unos ocho vasos de agua al día, algo así como 2,5 litros. Sin embargo, no hay ciencia que lo respalde, ya que aunque quizá no se dé cuenta usted consume agua todo el día: en las frutas, los vegetales, el café, el jugo, la cerveza... No existen beneficios comprobados por simplemente consumir más agua. Lo más importante es que, más allá de mantenerse hidratado todo el tiempo, tome agua cuando tenga sed y no porque tenga que alcanzar una cuota diaria.

¡A remar!

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Las máquinas de remo producen un entrenamiento más completo y eficiente que una trotadora. Al menos eso sostiene Cameron Nichol, doctor y remador profesional que participó en los Olímpicos de Londres 2012, quien condujo un experimento en el que comparó ambos ejercicios durante un periodo de 20 minutos. Y aunque el sujeto que estaba en la trotadora quemó más calorías (350) que el remador (300), en otros elementos como activación muscular y fortalecimiento la diferencia fue abismal: mientras el primero activó el 40 por ciento de la musculatura, el segundo activó el 85, especialmente partes del cuerpo como brazos, pecho y espalda.

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