Mario Mendoza colapsó. En enero, en pleno Hay Festival, fue hospitalizado en Cartagena. A los cuatro años dedicado a Akelarre, su más reciente novela, se sumó la muerte de su padre, que le puso de manifiesto su propia mortalidad. “Escribirla fue una experiencia difícil, un proceso fuerte. Tanto que me enfermé, entré a cirugía y terminé hospitalizado”.

“Llegó mi momento de dejar de lado la novela negra e incursionar en la literatura de anticipación”, Mario Mendoza.

Debía parar. Estaba acusando el desgaste de más de tres décadas de escritura disciplinada y, por primera vez, presintió que corría el peligro de repetirse: “¿Después de Akelarre qué? ¿Más de lo mismo? Decidí que no iba a hacer literatura durante mucho tiempo. Entonces, era sano frenar en seco y repensar la ruta. Esos silencios hay que respetarlos, porque son duelos, espacios donde se cocinan nuevas cosas”.

Para reinventarse tenía la opción de irse al otro lado del mundo, llenarse de historias y empezar de nuevo, o darle un giro a su carrera... “Y ahí apareció Keco”.

Las gráficas son dibujadas por el arquitecto Keco Olano y un ilustrador joven invitado por cada tomo.

Realmente Keco Olano (caleño, arquitecto, profesor e ilustrador) entró en escena hace un par de años, cuando Marcel Ventura, en ese entonces editor de ficción del Grupo Planeta en Colombia, le sugirió a Mendoza hacer una versión en cómic de Satanás. El escritor, emocionado con el proyecto, recordó la novela gráfica El taxista llama dos veces, escrita por Antonio García Ángel y Juan Carlos Rodríguez (exalumnos de Mendoza) e ilustrada por Olano.

Arquitecto de profesión, pero artista por vocación, Keco comenzó a hacer cómics a los 12 años, inspirado en la obra del español Carlos Jiménez y revistas como El Víbora y Tótem. A finales

de la década de 1970, siendo apenas un niño, se encontró con Soldados en la zona bananera 1928, creada por el caricaturista Ricardo Potes y, algunos años después, con la revista Click (impulsada por libreros como Felipe Ossa). “Descubrí que en Colombia existían esas maravillas y empecé a hacer cómics”. Ya como estudiante de la Universidad Javeriana en Bogotá publicó algunas de sus historias en la revista caleña Klandestinos, pero no fue hasta que regresó de Barcelona, donde vivió un tiempo, y se reencontró con Antonio García Ángel. “Con Toño alcanzamos a hacer unos siete cómics, publicamos un par y los otros los tenemos por ahí guardados”.

Este ejercicio de búsqueda y experimentación, que duró unos siete años, permitió que Olano afilara sus habilidades. Creó El taxista llama dos veces, un recorrido por la Bogotá nocturna de la mano de un conductor que se ve envuelto en un homicidio.

Meses después, el escritor y el ilustrador, que nunca se habían visto, se conocieron por Satanás. “Mario empezó a buscar un ilustrador y vio que el tipo de representación que yo tenía de Bogotá era muy similar a la que él buscaba: una ciudad trágica, oscura, hostil, con una atmósfera muy gótica, pero, al mismo tiempo, muy viva, otro protagonista más”, recuerda Olano. “Me fascinó su visión arquitectónica; esa era la ciudad de la que yo había hablado en todos mis libros”, confirma Mendoza.

Decidió hacer lo que califica como una revolución creativa, abandonar el realismo que tradicionalmente ha acompañado a la narrativa colombiana y explorar el mundo de la fantasía; dejar de lado la escritura tradicional y dedicarse a la novela

gráfica. “Para alguien que tenía una carrera como la mía, hacer eso se ve como un disparate, una completa locura, pero a mí eso me tiene sin cuidado. Yo no escribo para tener éxito o recibir premios, lo que me interesa es tratar de ser creativo”.

Comenzó a aprender su nuevo oficio, a leer guiones y estudiar la obra de clásicos como el británico Alan Moore (el creador de Watchmen y V de Vendetta) y creó un universo completamente diferente, que dio origen a Mysterion, una serie de tres novelas gráficas sobre Bogotá en un futuro apocalíptico.

El proyecto, planeado a tres años y cuya primera entrega se lanzará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en 2020, ocupaba gran parte del tiempo de ambos; sin embargo, una charla con Felipe Ossa dejó una idea en el aire. “En algún momento deberían pensar en hacer cómics”, dijo el librero.

De nuevo a Mendoza le quedó sonando. “Después –pensaron–, en tres años, cuando acabemos Mysterion”, pero Heidi Muskus, esposa de Keco, arquitecta y encargada de hacer el levantamiento urbano para las ilustraciones, soltó otra bomba: “¿Por qué esperar?”

Olano recorrió el país buscando artistas que ayudaran en un proyecto que había crecido exponencialmente de la noche a la mañana; ahora, además de Mendoza, Olano, Muskus y el ilustrador Gabriel Pedroza, cuatro jóvenes talentosos, Reem Camargo, Juan David Peñaranda, Luisa Rojas y Daniel Hincapié, se han unido al propósito de crear tres novelas gráficas y una serie de diez cómics, de los cuales ya se lanzaron dos: Imágenes premonitorias y Están entre nosotros.

¿Y la literatura? “No me interesa por ahora –responde Mendoza–. No creo que me vean en los escenarios literarios en los próximos años, espero que esta nueva tribu me adopte y me acepte”.