Mero Macho: un macho que sigue haciendo de las suyas | Foto: Redacción SoHo

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Mero Macho: el Macho que sigue haciendo de las suyas en Colombia

Por: Redacción Soho

Tenía los vasos conjuntivales rojos, muy rojos. Esos vasitos que se pueden romper por una subida de presión o por un golpe fuerte en los ojos. Pero no: la realidad era que Manuel los tenía así por otra razón, y sus tres amigos lo supieron de inmediato. Lo único que hicieron fue reírse de él y dejarlo en evidencia ante su novia: Manuel se había tomado un par de dosis de Mero Macho y ellos, consumidores asiduos del brebaje, tenían absolutamente claro lo que eso generaba en el cuerpo.

El chiste terminó en pelea, en conversación y en justificación, pero a esas alturas Manuel ya estaba expuesto. Su mayor preocupación no era lo que consumía. Su problema real era que su virilidad había quedado en entredicho. Ahora, públicamente, pertenecía a ese vergonzante segmento de hombres caídos en combate, a los que ya no puede llamárseles de nuevo para ninguna operación especial ni para misiones secretas de escape un sábado en la noche.

Solo unas horas antes de aquella noche en la que quedó en evidencia, Manuel había hecho toda la operación de pedido y compra, que requiere una logística especial: un par de llamadas para confirmar que el producto sí había llegado al local del centro de Bogotá —porque normalmente está agotado o debe pedirse con anticipación—, transferir los 50.000 pesos por Nequi y enviar un mensajero a recoger el pedido que, sin tener que pedirlo, normalmente viene envuelto en una bolsa de plástico negra, porque la discreción es uno de los valores de la tienda.

La recogida exigía otra logística adicional: llevarlo en una maleta o cambiarlo de frasco para que pasara como un energizante, porque ¿a quién diablos se le ocurriría andar por ahí con una botella que diga, en letras enormes y amarillas: Mero Macho?

Pues a Manuel se le ocurrió y seguramente esa misma noche a miles de hombres más en otras ciudades del país.

Mero Macho es un producto promocionado desde hace más de diez años en Colombia como energizante, estimulante y potenciador sexual masculino, pero prohibido de todas las formas posibles por las autoridades (no debe confundirse con una marca similar, absolutamente legal, que vende productos para el cuidado capilar masculino). El Invima alertó en julio de 2016 sobre Mero Macho, el potencializador sexual, y pidió a todas las entidades nacionales y regionales tomar medidas:

“El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, informa a la comunidad en general que se ha detectado, mediante denuncia realizada por persona natural, la comercialización del producto denominado “MERO MACHO”, cuya composición legítima es desconocida y no posee registro sanitario Invima, por lo que su comercialización en Colombia es ilegal y se considera un producto fraudulento”.

La medida también le hablaba a la gente: “Si está consumiendo el producto MERO MACHO, suspenda de inmediato su uso e informe a su médico, así no haya presentado eventos adversos. Denuncie los lugares donde se distribuya o comercialice el producto MERO MACHO a través de la página web del Invima”.

Eso fue hace diez años. Pero Mero Macho sigue ahí, haciendo de las suyas. Como ese macho rudo y fuerte que no se arruga ante nada, tal como lo que promete.

La ruta secreta del Mero Macho

Aunque es un furor en el país, Mero Macho no tiene pasaporte colombiano. Nació en Ecuador. La trazabilidad encontrada apunta a Laboratorios Fitoterapia Cía. Ltda., de Quito, Ecuador, como fabricante de algunas de las presentaciones históricas del producto.

Un registro sanitario de ese país identificado para Mero Macho —el 915-MNN-03-13— correspondía a una suspensión oral con presentaciones de hasta 550 y 1.000 ml. Ese registro tenía vigencia hasta marzo de 2018. Sin embargo, la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) de Ecuador dictó la suspensión provisional y definitiva del registro sanitario porque encontró en esas botellas blancas sustancias como tadalafilo y sildenafil, componentes químicos utilizados en medicamentos bajo receta médica, como el Viagra o el Cialis.

La fórmula mágica que se pasaba de mano en mano entre muchos hombres resultó ser un cóctel explosivo y no el extracto de una planta mágica de la selva del Amazonas que entra por la frontera con Ecuador.

La razón para tomarse este asunto en serio es que estos dos insumos son principios activos farmacológicos utilizados para tratar la disfunción eréctil. En este caso, nadie sabe de dónde salen, en qué dosis los mezclan, en qué condiciones los empacan ni con qué otras sustancias los convierten en la solución de todos los problemas.

“Compré una botella original ecuatoriana y un paquete de cinco pepas Mero Macho en febrero 24 de 2024. Una de las [xxxxx] que atiende me dijo: ´Con esto usted tendrá una gran potencia sexual´. Casi me mata con dos copitas, que son la tapa del producto. Con licor debe ser la muerte segura”, dice una de las denuncias que ha recibido la Superintendencia de Industria y Comercio en Colombia.

Los reportes hablan de hipotensión, taquicardia, dolor en el pecho, infarto, alteraciones visuales, pérdida de audición y erecciones prolongadas y dolorosas.

En 2023, la DIAN documentó el decomiso en Bucaramanga de 12.500 unidades de Mero Macho en pastillas, lo que quiere decir que la demanda sigue siendo enorme. Y se nota: una pequeña visita por algunas de las principales ciudades de Colombia da cuenta del «Macho» milagroso en vitrinas y tiendas de suplementos naturistas y sexuales.

¿Quién sostiene a Mero Macho?

El producto hace parte de ese mercado ilegal que cubre cientos de productos que ofrecen respuestas milagrosas para la alopecia o la reducción de grasa corporal. Pero aquí aparece una verdad de la que poco se habla: Mero Macho vende una fantasía masculina. La fantasía de que una botella puede resolver en media hora aquello de lo que un hombre lleva meses sin querer hablar con un médico, por pena, por simple vergüenza, porque de eso nunca nos enseñaron a hablar.

Porque preguntar por disfunción eréctil es vergonzoso y es más fácil comprar un “frasco mágico”, aunque no sepamos qué contiene. Y ahí está el problema. Incluso, ahí está el pilar del mercado ilegal. Un hombre puede sentirse incómodo entrando a un consultorio para decir: “Doctor, vengo a pedir ayuda porque no se me para”. Pero probablemente no tendrá ningún problema en hacer una llamada, o dos, o tres, para decir que esta noche necesita convertirse en Mero Macho.

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