Desayunar con changua, un caldo de leche, huevos, cebolla, sal y cilantro, es comenzar por el clímax. Un ser humano común, con sensibilidad estomacal, no podría hacerlo. Pero ser colombiano es haber perdido la batalla. Bendecirse a sí mismo y decirse “¡qué carajo!” antes de sentarse a la mesa a tragarse algún potaje de vida o muerte. Ser colombiano es catar las comidas más peligrosas para alguien que no existe. La changua es cundiboyacense como Miguel Ángel Bermúdez. Se come con calado. Y se usa como adjetivo peyorativo. Ejemplo: “Ese Tomás es una changua” o “ese Jerónimo es una changüita”.

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